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lunes, 20 de junio de 2016

Así lo veo, Ken: Dudamel, todo es sobre la identidad.



“Si lo que queremos es ganar en el minuto cuarenta e ir 4-0 hay que ir a la Castellana (Real Madrid). Esos sí son capaces de hacerlo. ¿Qué podía ser más plácido el resultado? Pues sí, pero aquí hay que sufrir como perros. A estas alturas hay que sacar conclusiones.”
- Paco Jémez

¿Puede el ser humano ofrecer un criterio balanceado y objetivo sobre, bueno, cualquier cosa? Seguramente no. Estamos llenos de demasiadas emociones, vivencias y opiniones para permitimos emitir juicio exento de parcialidades; incluso yo, ejerciendo mi rol de blogger futbolero, estoy inevitablemente destinado a caer en esa situación –todos lo estamos, para esos efectos. Los venezolanos somos muchas cosas –flojos, mañosos, relajados, nos reímos de todo, sabemos llevar castigo, entre muchas otras cosas- pero, por encima de todo, somos reaccionarios, alocados y no nos guardamos nada en tiempos de desgracia. Pero hoy, como nación criolla y Vinotinto que somos, debemos dejar algo bien en claro y que no sea influenciado por nuestros arrebatos de emotividad: Rafael Dudamel ha hecho un gran trabajo con la selección venezolana en la Copa América Centenario.


La selección de Venezuela llegaba a Estados Unidos golpeada en todos los sentidos de la palabra: anímicamente, públicamente y futbolísticamente. La era Sanvicente había generado más pérdidas que ganancias y eso supuso un retroceso importante en el progreso de la Vinotinto puesto que se fue de la Copa América del 2015 dando una imagen un tanto pobre en la fase de grupos y quedando, hasta el día de hoy, en la última posición de la tabla en la eliminatoria para el Mundial de Rusia 2018, dando una imagen realmente pobre. Además del poco nivel que se exhibió en la cancha, la era del “Chita”, como es conocido popularmente, dejó un sinfín de polémicas y diatribas fuera del campo de juego que reflejaban un vestuario que no estaba a gusto con las actitudes déspotas y totalitarias de su entrenador y cansados de una Federación Venezolana de Fútbol altamente corrupta –no hay más que ver que el otrora presidente de la FVF está preso por casos de lavado de dinero y demás “linduras”- que no ha invertido en absoluto para fortalecer un fútbol venezolano que indudablemente se halla en un estado de estancamiento.

Rafael Dudamel, uno de los primeros próceres, si así desean llamarlo, de nuestro fútbol nacional en sus tiempos de portero, aceptó el cargo como seleccionador de la Vinotinto a sabiendas de que estaba a punto de trabajar con una federación que lo dejaba a su suerte, un camerino roto y un equipo que yacía en lo más profundo de un abismo deportivo –el trabajo que nadie quería tomar, vamos. Y un par de meses después –estamos hablando de un entrenador que no tiene ni medio año en el cargo-, Dudamel ha logrado unificar a los jugadores, implementar su ideología de juego de manera exitosa y conseguir resultados en una Copa América Centenario donde a priori se les había dado por muerto. No era para nada fácil, y aunque la derrota contra Argentina deja un sabor amargo por cómo se desenvolvió, hay que estar satisfecho por lo cosechado en un contexto tan funesto como éste y comprender que este equipo de trabajo ha logrado algo en este torneo que los venezolanos no teníamos desde hace años: recuperar la fe y la identidad en la selección.


Una de las mayores críticas que recibió la Vinotinto durante el tan vilipendiado periodo de Sanvicente era el bajo nivel de juego que se demostraba en los partidos: el equipo se veía constantemente superado en todos los aspectos del juego y muchas veces dejaba entrever esa falta de fluidez y de sinergia con su entrenador. Aunque los amistosos de la selección en este nuevo ciclo dejaban a la vista más performances en ésa línea, una vez que se llegó al terreno norteamericano el plantel pareció enseriarse y realizaron una serie de partidos con el mejor fútbol que se ha visto en años en Venezuela. Aplicando presión alta, simpleza defensiva –no esperen salir jugando desde los defensas centrales a lo Barcelona con esta Venezuela- y mucho toque en la transición a tres cuartos de cancha han sido algunas de las idiosincrasias de la Vinotinto de Dudamel y ha cosechado éxitos en un grupo de la Copa América donde los daban por muertos contra equipos como Jamaica –tal vez un rival inferior, pero que era subcampeón de CONCACAF-, Uruguay –un equipo que siempre es de armas tomar- y un equipo de México que contaba con un buen plantel –clasificar empatado en puntos con el líder y sin perder es un gran logro y que no debe ser ninguneado. Y todo esto dejando una muy buena imagen en los partidos y probando las capacidades de Rafa para motivar a los jugadores y sacar lo mejor de ellos en cada partido. Ojo, Venezuela estuvo a un gol “maradoniano” de Corona de clasificar de primero de grupo, con valla invicta y con nueve puntos de nueve.


Párrafo aparte para los jugadores porque ellos también merecen mucho crédito por el retorno de forma en la palestra internacional. A pesar de estar en la época de mayor producción de talento futbolístico en Venezuela, los jugadores no rendían como se esperaba y las incontables quejas de los mismos con la prensa, el ambiente general en el que vivían y los directivos (algunas justificadas y otras no tanto) han hecho que ellos sean los principales objetos de la iracundia del público criollo. Y si bien Dudamel merece reconocimiento por haberlos motivado de nuevo y hacerlos rendir, mayor mérito tienen ellos por darle la vuelta a un escenario adverso y responder como un jugador de nivel debe hacerlo: en la cancha y que sus pies hablen por ellos. Futbolistas como Salomón Rondón, Josef Martínez o Alejandro “El Lobo” Guerra habían sido altamente criticados por su pésima actualidad en la selección en los últimos meses y en la Copa América Centenario probaron ser de los mejores del equipo mostrando buen juego, sacrificio y ganas de triunfar. Remarcable lo de Guerra porque nunca había alcanzado la regularidad deseada en la Vinotinto desde su joven debut y hoy en día, con 31 años, ha podido trasladar al nivel internacional lo que hace semanalmente con su club, el Atlético Nacional de Colombia. Nuevos adeptos a la causa como Arquímedes Figuera, Wilker Ángel o el invitado en nuestro Blog, Adalberto Peñaranda, han encontrado un espacio en el once inicial y han desplegado una serie de actuaciones que son desde alentadoras hasta esperanzadoras; por el otro lado, jugadores que volvían como Dani Hernández, Rolf Feltscher o Yonathan Del Valle supieron aprovechar esta segunda oportunidad que se les daba y ahora se presentan como alternativas renovadas en un proceso de eliminatoria que, aunque se presenta muy cuesta arriba, ya se no ve tan oscuro después de este torneo. De Tomás Rincón no voy a hablar; es un fenómeno, siempre ha dado la cara por la selección y su rendimiento ha sido constante desde que debutó con la Vinotinto: superlativo.

El seleccionado de Venezuela ha recuperado su brillo, su buen juego y, más importante aún, la irreverencia y las ganas de irrespetar al rival sin importar quién sea; sólo hay que ver el 1er tiempo contra Argentina y atestiguar cómo estando perdiendo por dos goles el equipo seguía buscando y empujaron a un equipo rebosante de talento individual a su propio arco. Y bueno, se concedió un penal a favor de Venezuela y Luis Manuel Seijas demostró la siempre presente habilidad de los venezolanos de colgarse la soga al cuello por su propia cuenta… pero no ahondaré en eso que tenemos cosas más importantes de que hablar y no quiero molestarme.


Es importante destacar que tampoco debemos pretender que Venezuela es ahora la Naranja Mecánica y que va a ganar el Mundial. La solidez defensiva aún debe ser trabajada; la fortaleza mental del equipo, aunque mejorada en esta competición, se fue al demonio en el segundo tiempo contra Argentina; y algunos jugadores como Oswaldo Vizcarrondo y el propio Luis Manuel Seijas –no por el penal, sino porque desde hace años que no gravita futbolísticamente en el equipo- ya han pasado su fecha de caducidad con la Vinotinto y todo lo señalado se demostró en los cuartos de final de la Copa América donde todos estos defectos salieron a flote en forma de errores y goles para la albiceleste –son aspectos que limitan la progresión del equipo criollo y que deben ser minimizados hasta el punto de ser inofensivos. ¿Cómo hacemos esto? Planteándole una idea clara de juego a los jugadores y trabajándola –cosa en la que Dudamel me ha dejado buenas sensaciones-, cosechando resultados positivos que fomenten la mejor actitud posible y cambiando esa mentalidad fatalista que tenemos los venezolanos al decir que nuestra selección nacional “no sirve” o “son unos malos” cuando se pierde, como dicen muchos disque aficionados que parecieran disfrutar con las derrotas del equipo y restan más de lo que suman.


Las eliminatorias a Rusia 2018 son el siguiente desafío de este cuerpo técnico y grupo de jugadores; la situación no es para nada buena con solo un punto y estando de últimos, pero la realidad del asunto es que se debe trabajar en aras de conseguir la mayor cantidad de puntos posibles para al menos quedar en un puesto digno –aunque destaco que la obtención del 5to lugar, el de repechaje, no sería una utopía si se sigue en esta línea de juego y con este rendimiento- y también para desarrollar y cultivar a la siguiente generación Vinotinto que tiene un reto aún mayor: Qatar 2022. La Copa América Centenario puede ser el punto de inflexión de la selección venezolana en futuras actuaciones puesto que se demostró que se puede competir a un mayor nivel, que estos jugadores están a la altura del reto (aunque hay que seguir solucionando los problemas de juego) y que se puede jugar bien; ahora se debe trabajar para terminar de arreglar la imagen maltrecha de la etapa “Chita” y comenzar a introducir a los Ponce, Soteldo, Añor, Villanueva, Contreras y muchos otros que tomarán el testigo de muchos de estos futbolistas para las eliminatorias posteriores –el trabajo será doble, pero Dudamel, con su pasado en las selecciones juveniles y el crédito obtenido en este último mes, está demostrando que tiene los galones y el temple para afrontar escenarios adversos. Así como lo demostró en su etapa de jugador siendo un pionero criollo en el extranjero, Rafa volvió a atestiguar en esta ocasión que estamos en buenas manos.


Muchas gracias, Dudamel. Muchas gracias, Vinotinto. Gracias por recordarnos que no todo está perdido y que hay esperanza de seguir batallando mientras se intente y no se pierda eso que nos mantiene unidos: la identidad.


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miércoles, 18 de noviembre de 2015

Pasados Posibles: Nery Castillo, el hombre olvidado de México.



Uno de los motivos por el cual los intelectos superiores de La Soledad del Nueve, un ente de mente colectiva que trasciende la mera mortalidad humana, decidimos crear la categoría de Pasados Posibles es que pensábamos que habían muchas historias interesantes que podían ser contadas acerca de jugadores que prometieron tanto y al final del día se convirtieron en un manojo de sueños rotos y potenciales incumplidos. Hasta el momento hemos hablado de futbolistas que no lograron lo que se esperó de ellos por muchos motivos: falta de fortaleza mental, arrogancia, un mal entorno o por una mezcla de razones fuera de la cancha y falta de dedicación. Y así como ésos casos, hay muchos más que esperamos contarles en el futuro. Pero el que nos agracia hoy es una mezcolanza de todos los anteriores y se le suman componentes como la tragedia, los encontronazos, las malas elecciones y la realidad de que tal vez su declive fue por motivos de las ilusiones que se fraguaron a su alrededor. Muchos ya se han olvidado del una vez crack mexicano Nery Castillo; la gran mayoría de los de su país lo han hecho con gusto y los que no, aprovechan cada oportunidad para regodearse de su infortunio. Pero antes de que se desvirtuara la carrera de Castillo, estábamos hablando de tal vez el mayor talento que tuvo el país desde Hugo Sánchez –tal vez es hipérbole de mi parte- y un jugador que parecía predestinado a una carrera brillante. O como lo llamó un amigo mío una vez: el mejor jugador de la historia de México por diez partidos.


La figura de Nery Castillo siempre estuvo rodeada de complicaciones en lo que a su entorno se refiere desde sus comienzos. El atacante había nacido en México, pero sus padres eran uruguayos y se crio en dicho país e incluso inició su periplo futbolístico en las inferiores del Danubio, que es un equipo muy dado a la formación de talentos jóvenes en Uruguay. Ya en el 2000, con solo 16 años de edad, partió a Europa para jugar con el Olympiacos de Grecia –el equipo más grande de ese país- donde despuntaría y se haría notar. Cuenta la leyenda que hizo pruebas con el Manchester United, pero que nunca pudo conseguir el permiso de trabajo para ejercer la profesión en Inglaterra –cosa muy irónica considerando hechos posteriores y lo que pudo haber significado la enseñanza de Sir Alex Ferguson. Luego de un par de temporadas en las que no jugó mucho por su corta edad, se asentó como uno de los mejores jugadores del equipo y un favorito de la intensa afición griega que incluso pidió que se le diera el número ‘7’ como una prueba de que era el jugador por antonomasia del plantel. Hizo una muy buena cantidad de goles –más de treinta en poco más de cien partidos- sin ser un delantero centro y ya algunos equipos grandes merodeaban el mercado helénico para hacerse con los servicios de ese atacante que era rápido, habilidoso y que destrozaba defensas por deporte. Como en muchos relatos, estaba en ese punto donde ya había llamado la atención y todos los que lo conocían estaban pendientes de cuál sería su próximo paso.


Entre toda esa vorágine de ídolo del Olympiacos, de jugador ascendente y que pintaba para ligas más desafiantes, surgió el tema de las selecciones nacionales. Verán, hasta el año 2006, Castillo no había jugado para ningún seleccionado; y considerando que había nacido en México, criado en Uruguay y crecido deportivamente por seis años en Grecia –lo suficiente para tener la nacionalidad-, el prospecto a crack tenía para elegir tres selecciones. Al final tomó la que pudo haber sido una de las decisiones más importantes (y tal vez una de las más desafortunadas, pero esto es mera especulación) de su carrera a la hora de elegir a México, que era una selección que comenzaba un nuevo ciclo con Hugo Sánchez al mando y éste quería contar con el aporte del “extranjero” Castillo –término que usan en dicho país para aquellos mexicanos que juegan en otras ligas. Los mexicanos, en el ámbito futbolístico, son conocidos por tener una prensa bastante implacable con aquellos que no les gusta y un tema que siempre han criticado es el uso de jugadores foráneos nacionalizados en el seleccionado nacional, renglón en el que incluyeron sin escrúpulos a Nery. Lo veían como un uruguayo y solo como un instrumento para conseguir resultados en el balompié, pero la cosa no acabaría ahí. Ni siquiera cerca.


Si hubo un momento, un pequeño espejismo, si lo prefieren, de lo que fue Nery Castillo, o más bien lo que pudo haber sido, solo hay que ver sus partidos con el Tri –el apodo a la selección mexicana- en la Copa América 2007. En ese torneo, Nery Castillo fue de los mejores y para el recuerdo queda aquel gol donde hizo lo que le vino en gana contra un Brasil que a posteriori sería campeón de la competición que se llevaba a cabo en Venezuela; lo que al principio de su experiencia como internacional mexicano habían sido críticas prejuiciosas ahora eran halagos y cumplidos a un jugador que hasta ese momento estaba en una forma envidiable. A partir de ahí, todo lo demás debió haber sido una progresión natural a la cima: el traspaso a un equipo grande, los títulos, los premios individuales, las propagandas, las mujeres… pero el protagonista en cuestión estaba maldito con un temperamento bastante negativo y eso terminó por jugarle una mala pasada.

Luego de la Copa América, dejaría su amada Grecia para irse al Shakhtar Donetsk de Ucrania por unos veinte millones de Euros en el 2007. Muchos acusaron este traspaso de ser un movimiento de Castillo para ganar más dinero, cosa que no suena para nada descabellado, pero el equipo dirigido por Mircea Lucescu tiene fama de saber mejorar jugadores y de ser un escaparate para ascender a clubes de mayor predominancia –el problema de esta unión yació en el carácter de Nery y el estar inmerso en una situación bastante delicada. Su padre, figura que siempre fue clave para él, estaba muy enfermo de un cáncer mortal estando en Uruguay y Nery se había marchado a la lejanía de Ucrania, cosa que lo mantuvo desconcentrado. Posteriormente su madre padecería lo mismo. Aunado a eso, se metió en problemas con Lucescu –un entrenador conocido por haber formado grandes jugadores- al quitarle la pelota a un compañero para que él pateara un penal y lo fallara en el proceso. El técnico de origen rumano dijo que nunca había visto a un profesional hacer algo así y fue exiliado del plantel, hasta que se fue cedido al Manchester City en el 2008 por un año. No jugó mucho, padeció lesiones y aunque volvió al Shakhtar y ganó la Copa UEFA, nunca recobró la confianza de su entrenador y se marchó otra vez cedido; esta vez al Dnipro de la liga ucraniana. Entre todos esos problemas en la cancha, su entorno se desmoronaba en todos los ángulos posibles.


En 2009, en plena complicación de la selección para clasificar al Mundial de Sudáfrica, encaró con una bronca bastante pronunciada a algunos miembros de la prensa con comentarios ofensivos donde señalaba que ellos no sabían nada de fútbol… pero no terminó ahí la cuestión. En plena rueda de prensa sentado junto al capitán Pavel Pardo, Nery Castillo increpó verbalmente a un periodista diciendo que él no sabía nada y que la diferencia entre ambos es que él estaba en Europa y el periodista, no. Éste fue el punto de inflexión del atacante con su país: la prensa mexicana se abalanzó contra su persona y se volvió un enemigo, un rechazado de la comunidad futbolística de su país, por el hecho de explayar su arrogancia a sus anchas. Tal vez lo que hizo no estuvo mal –estaba bien merecido algún comentario a un gremio periodístico tan radical como el mexicano, sin ánimos de ofender a mis lectores de ese país-, pero las formas definitivamente fueron las peores. Y aparte de todo eso, perdió a sus padres por el cáncer en un espacio de once meses, dejándolo totalmente desorientado y envuelto en un tornado de vicisitudes que no hicieron más que acrecentar el estrepitoso descenso de un ser humano que ya no sabía qué hacer con su existencia.

Le ha tardado años superar el deceso de sus padres y lo que vino luego de su paso por el Shakhtar fue una infinidad de cambios de equipos en los que nunca supo cuajar. Ni en Dnipro, ni en el Chicago Fire, ni en el Aris de Grecia, ni en México –donde lo fastidiaron diciendo que ya no estaba en Europa- con Pachuca o León, ni en España con el Rayo Vallecano –en ninguno de esos equipos se adaptó. Al contrario, se vio inmerso en más problemas de vestuario como en aquellos que tuvo con los directivos de Pachuca o con el entrenador Matosas en León, además de sus diferencias con el del Rayo Vallecano. Desde su marcha del Olympiacos en el 2007, ha jugado menos partidos en todos esos equipos juntos que los que jugó con los griegos. Actualmente tiene 31 años, está sin equipo y vive en Uruguay con un poco más de un año sin actividad como futbolista profesional, sin nadie interesado en hacerse con su ficha. Totalmente perdido y abandonado.


Y es difícil no ver su caso con cierta tristeza. Sí, al final del día fue un individuo arrogante, déspota, hablador y que fue víctima de sus arrebatos de ira. Pero también fue un hombre que perdió a sus padres en muy poco tiempo por la misma enfermedad y que halló muchas dificultades para poder continuar con su vida profesional como antes. También está su enemistad declarada con la prensa de México cuando tal vez solo fue el chivo expiatorio de éstos para poder cebarse con ganas y mancillar su nombre, que de todas formas ya lo estaba y podían disfrutar de sus desgracias. La historia de Nery Castillo es un caso arquetipo de Pasados Posibles con todas sus resoluciones y giros; es una carrera que podría servir como una advertencia para cualquier juvenil que se deja llevar por el éxito tempranero y se deja mangonear por su arrogancia. Ahora es el hombre sepultado por los medios de su país. Un jugador que pudo haber sido el mejor jugador de su país desde el que le dio su debut y su momento de gloria contra Brasil en el 2007; pero que hoy en día no es más que el hombre olvidado de México.

domingo, 5 de julio de 2015

Así lo veo, Ken: Chile y el triunfo de una generación inesperada.




Hace ocho años, se realizaba en mi país, Venezuela, la Copa América 2.007. Chile, que ya había cuajado una actuación bastante indiferente y gris en el torneo, se retiraba del país dejando una imagen pobrísima con un polémico incidente donde varios jugadores de esa selección destrozaban varias habitaciones de hotel, además de muchas conductas indisciplinadas que dejaba muy mal parado al país y la imagen profesional de sus deportistas. Además de eso, imperaba una sensación de zozobra en el ámbito netamente futbolístico: Chile se veía afuera de los dos últimos mundiales, su estilo de juego dejaba mucho que desear y una eliminación humillante contra Brasil –a la postre campeones del torneo- por 6 a 1 agravaban una situación que desestabilizaba al fútbol chileno. Lo que no muchos parecieron percatarse –al menos en el enorme espectro internacional de la media; que siempre parecen hablar cuando tienen el periódico del lunes y ni un segundo antes- era que el Mundial Sub-20 de Canadá se estaba llevando a cabo de manera paralela a esa Copa América y una generación de futbolistas chilenos jóvenes salvajes, ambiciosos y con mucho talento llegaron hasta las semifinales del torneo –perdiendo, irónicamente por eventos posteriores, contra Argentina, futura campeona del torneo. Con el arribo de Marcelo “el loco” Bielsa a la dirección técnica de la selección mayor luego de esa Copa América, Chile comenzó a evolucionar hacia una sinergia estilística que les permitió convertirse en una de las mejores selecciones del continente, clasificar a los dos últimos mundiales con muy buenas actuaciones y presentar al mundo a jugadorazos como Alexis Sánchez, Arturo Vidal, Claudio Bravo, Matías Fernández, Gary Medel o Jorge Valdivia. Y ayer, los chilenos pudieron coronar ese largo y trabajado proyecto con la consecución de su primera Copa América derrotando a una selección argentina rebosante de estrellas en un torneo que se llevaba a cabo en tierras chilenas. No exenta de controversias, la consecución de Chile en este 2.015 simboliza la sublimación y beatificación de la mejor generación de jugadores de la historia del país y que ha sido tan brillante como inesperada… aunque se estaba fraguando en la oscuridad, en el underground, a medida que pasaban los años.



Chile derrotó ayer a Argentina y los críticos se van a abalanzar a desmenuzar el partido como si fueran Marty McFly y el doc Brown de la trilogía de películas Volver al Futuro analizando la influencia del viaje en el tiempo; pero es que la síntesis del partido no yace en elementos que, aunque nada superfluos, no son los más pertinentes en esta final. Sí, elementos como la posesión, oportunidades falladas o el exceso de talento que tiene Argentina pueden ser considerados; pero la cruda realidad para la albiceleste es que los chilenos fueron mejores y eso debe a que cuentan con el entendimiento y comprensión que sólo puede ser conseguido mediante años y años de absorber un ideario futbolístico y trabajar como un equipo. Ayer fue el enfrentamiento entre dos conceptualizaciones dispares de cómo debe erigirse una selección de fútbol y por más que un sector del público se empecine en señalar a las polémicas que han causado los chilenos por un susodicho torneo arreglado –eso sí, no soy nadie para decir lo contrario-, triunfó el concepto que siempre pedimos en Suramérica y que ahora parecemos desdeñar con tanto descaro: un proyecto estructural. En un compendio de países donde lo único que parecemos tener en común es la inseguridad, la criminalidad, la mala economía, el hedonismo y el resultadismo –indiferentemente del ámbito de la vida del que estemos parloteando-, la idea de cementar las bases para un plan a mediano y largo plazo parece algo cuasi utópico en este lado del charco cuando el deseo constante de conseguir a corto plazo parece ser nuestra única sensación.



Sí, dije al principio que esta generación de jugadores chilenos era algo inesperado y seguro que más de uno me dirá “¿Entonces cómo puede ser algo planificado si lo acabas de llamar inesperado?”. Bueno, primero que nada, inesperado y planificado no son conceptos irreconciliables o incapaces de colaborar; pero es importante dejar en claro lo siguiente: estos jugadores surgieron y la Federación Chilena de Fútbol fue lo suficientemente sagaz para aprovecharlos mediante la contratación de un ideológico empedernido (en el buen sentido) como Bielsa para hacerlos florecer y es que lo que lograron jugadores como Vidal o Alexis en el fútbol no puede ser concebido sin la guía de “el loco” o de Borghi en su Colo-Colo por el 2.006. Y ahora que menciono a Claudio Borghi, es importante señalar la influencia de su equipo de Colo-Colo en la selección chilena en diferentes niveles puesto que jugadores como los dos acotados, Valdivia, Matías, Suazo (quien no jugó esta Copa) y un par más se convirtieron en la base del seleccionado y eso logró una química en el juego que data desde hace casi una década. Años después, en el año 2.011 –un año después de la primera experiencia de este grupo de jugadores en un Mundial-, la Universidad de Chile ganaba la Copa Sudamericana a la Liga Deportiva Universitaria de Quito bajo la tutela de Sampaoli –ahora entrenador de Chile- y con figuras que ascendieron al equipo nacional como Marcelo Díaz, Charles Aranguiz (para mí, el mejor jugador de esta Copa América) y el goleador de la Copa América 2.015 junto a Paolo Guerrero, Eduardo Vargas. Como pueden ver, aquí se puede atisbar un patrón bastante claro: cada vez que surgía un movimiento importante de jugadores chilenos, éstos se integraban a una BASE de jugadores que ya estaban aclimatados a una idea y los nuevos reforzaban la implementación de la misma. Es un proceso detallista, cauteloso y que requiere de mucha paciencia, pero hecho de buena manera, se pueden conseguir los resultados que ahora se están viendo. Aquí hay que felicitar a un equipo que ha brillado por el buen funcionamiento de todas sus partes y no por el triunfo solitario de un individuo. Así tenemos las paradas salvadoras de Bravo, la garra de Medel, el recorrido de Isla, el esfuerzo sin parangón de Vidal y Aranguiz, además de la magia de Valdivia que se entralaza maravillosamente con los vertiginosos Alexis y Vargas. Esto es el resultado de un equipo que ha trabajado arduamente para llegar a este momento y que supo responder cuando más se les exigió frente a la subcampeona del mundo y con una de las mejores plantillas del fútbol en la actualidad.

Tristemente, y como una costumbre que se vuelve cada vez más notoria en el fútbol, hay sombras que parecen ennegrecer la victoria de los chilenos y esta vez son escenarios como el desgraciado accidente automovilístico de Vidal o el incidente del dedo de Gonzalo Jara en lo profundo de la oscuridad del uruguayo Edison Cavani y la falta de castigo instantáneo a los jugadores mencionados, lo que comenzó a acusar a los anfitriones de la Copa América como tramposos y a decir que el torneo estaba comprado. Yo no voy a ser partidista en el tema de que el torneo está comprado o no; pero sí reconozco que esos dos actos son altamente lamentables y que manchan la imagen de una selección brillante en lo futbolístico. Eso me lleva al meollo del asunto: ¿Es Chile un justo campeón de la Copa América 2.015? Ciertamente practicaron el mejor fútbol, demostraron que siempre iban hacia adelante a buscar el partido y que su poderío o buen funcionamiento no se basaba en un solo individuo puesto que Vargas, Medel, Aranguiz, Pizarro, Valdivia, Vidal o Isla tuvieron sus momentos para brillar y hacer ganar a su selección –un equipo campeón necesita del aporte individual de cada jugador para un éxito colectivo. Aquí influye sobremanera la constancia y durabilidad del elenco de Sampaoli desde la incepción que hizo Bielsa puesto que equipos como mi Venezuela, Perú, Paraguay, Bolivia o Argentina están absorbiendo las enseñanzas de sus nuevos entrenadores; por el otro lado, selecciones como Brasil, Uruguay, México o Colombia se hallan atascados en una suerte de mediocridad futbolística al no saber renovarse y al no saber aprovechar sus recursos de una manera más colectiva y grupal, cosa que deriva en la dependencia absoluta de figuras como Neymar, Cavani o James Rodríguez. Ésa es la triste realidad de nuestro fútbol: a falta de preparación o de manejo grupal y táctico trascendental, muchas de nuestras selecciones se encomiendan al salvador de turno para que hagan algo y si no aparece, ni les cuento. Por eso tenemos casos como el de Perú que, aunque fueron de los mejores del torneo y ya muestran a algunos jugadores que pueden ir tomando el testigo de la vieja guardia, todavía dependen de Claudio Pizarro, Juan Manuel Vargas, Jefferson Farfán y Paolo Guerrero. Aplaudo el título de Chile porque más allá de todo, fueron un EQUIPO comprometido a darlo todo desde el pitazo inicial del torneo.

Ayer, frente a los ojos de millones de espectadores por todo el mundo, los chilenos batallaron con bravura e inteligencia contra una plétora de talento argentino con algunos de los mejores jugadores del mundo como Higuaín, Agüero, Pastore, Mascherano, Di María y muchos más, además del mejor del mundo, Lionel Messi. Conscientes de sus recursos y de su estilo de juego ofensivo y de constante movimiento –el esfuerzo físico de estos chilenos para moverse durante todo el partido es clamoroso-, supieron desactivar el fútbol de Pastore y neutralizar a Messi hasta el punto que parecía que había ingresado en el minuto 120 de la prórroga para que pateara el penal. Tales circunstancias, como el hecho de que los seguidores de Argentina han linchado a Higuaín por su fallo a finales del tiempo reglamentario, no son casualidad: los muchachos de Sampaoli juegan de memoria en este punto de la película y si comparamos eso contra el equipo de Martino, quien pareciera obligado a ajustar a todos los cracks para que estén felices y no para ganar, es entendible el resultado. El triunfo de Chile es el punto cumbre de un ascenso que se estuvo realizando desde las sombras con un cúmulo de jugadores que, más allá de Vidal y Alexis, nunca tuvo el mérito o reconocimiento que se merecían. Plebeyos humillados en el 2.007, Chile resurgió de sus propias cenizas y hoy, en pleno 2.015, se sientan en el trono de América como el rey absoluto. Esto no es un logro de un mes de competición; es un logro de años y años de trabajo de un grupo de jugadores que han pasado por victorias y derrotas juntos hasta por fin conseguir la gloria. Y eso es digno de campeones.