Vistas a la página totales

Mostrando las entradas con la etiqueta Cracks en las Sombras. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cracks en las Sombras. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Cracks en las Sombras: Michael Carrick y la sinfonía del silencio.

“Aprendamos a mostrar nuestra amistad por un hombre cuando está vivo y no después de su muerte.”
-          F. Scott Fitzgerald.

Soy una persona que trata de explicar todo con la precisión que considero necesaria y eficaz. No me gusta dar respuestas vacías o incompletas; soy ese tipo de persona que trata de que todo esté bien fundamentado. Pero cuando se trata de fútbol, hay una pregunta que impera por encima de la mayoría, portentosa e imponente entre una pequeña comitiva que le hace compañía: ¿Qué hace Michael Carrick?


Diez años. Diez temporadas han transcurrido desde que un mediocentro inglés de cara limpia, mirada ida que no delata sus pensamientos y de juego que hasta se puede caracterizar como sencillo dejó el blanco y negro del Tottenham para engalanarse la camisa (e histórica) camisa roja del Manchester United. ¿En verdad ha pasado tanto tiempo? El tiempo parece detenerse con Michael Carrick; el tiempo parece hasta tornarse secundario e impasible. Cada partido del nacido en Wallsend parece ser una repetición de lo que ha hecho en su carrera con la misma (buena) displicencia, ojos calculadores y capacidad para mirar ese pase que (casi) nadie puede ver. No es una inyección de adrenalina, pero es necesario. Ésta es una historia basada en un aspecto que domina cualquier otro: la dura y pura consistencia. Simple y llanamente. Y en estos párrafos vagos trataré de desmenuzar lo que ha hecho tan grande, exitoso y, por qué, infravalorado a este caballero de armadura roja.


Vamos a dejarlo en claro desde el principio: Carrick no es un futbolista vistoso. El graduado de la academia del West Ham no cuenta con la agresividad y corazón de un Vidic o un Keane; no tiene la clase imperial de un Scholes; no tiene el desborde asesino de un Giggs o un Cristiano; no tiene los goles de un Rooney o Van Nistelrooy; y no tiene la capacidad para lo increíble de un Cantona o incluso de un Zlatan. Pero, aun así, con el pasar de los años, su presencia se ha agrandado en Old Trafford y hoy en día es una parte esencial, vital, del engranaje del United. Poco a poco, se ha convertido en un favorito de la afición del gigante inglés y todos sus compañeros se han deshecho en halagos para un individuo que, tras diez años como titular en Manchester fucking United tanto en las buenas como en las malas, todavía es desconocido para muchos observadores casuales del fútbol. Si algo ha insinuado con su juego y su comportamiento, es que el ruido de los espectadores y las luces de las cámaras no son lo suyo; Carrick construye desde el mediocampo posicionado en una red de sombras y silencio. Su genialidad consiste en la misma que un músico de orquesta: la capacidad de tocar piezas de altísima complejidad sin fallar en una nota y sin despeinarse hasta el punto en el que te engañan de que lo que hacen es simple. Eso es Michael: un disimulador de simpleza.


Dando sus primeros pasos en la academia del West Ham, el mediocentro ya daba de qué hablar en el equipo juvenil que ganó la FA Youth Cup en el ’99 junto a dos compañeros generacionales y talentosos como Joe Cole y un tal Frank Lampard. Tras unos préstamos en el Swindon Town y en el Birmingham –si alguien consigue fotos suyas en este equipo para agregar, se los agradecería- donde no jugaría más de ocho partidos en total, se asentaría en el nuevo milenio con los Hammers y disputaría casi ciento cincuenta partidos con los londinenses, sufriendo un descenso en la temporada 2002/03. Un duro golpe, pero otro aspecto clave en este personaje ha sido la habilidad de recibir derrotas deportivas y seguir adelante con una normalidad que algunos podrían calificar de indiferente, pero que en realidad denota un carácter notorio. Se quedó en el West Ham en el Championship, por entonces First Division, y contribuiría a su retorno entrando en el equipo del año del torneo en la campaña 2003/04.


Sus buenas actuaciones se verían recompensadas por un traspaso de 3.5 millones de libras al Tottenham Hotspurs, un club que distaba mucho en esos tiempos del gran equipo que es hoy en día y en el que Carrick pudo hacerse un nicho lo suficientemente cómodo para jugar un total de 75 partidos y entrar en la convocatoria inglesa de Sven Goran Eriksson para la Copa del Mundo en Alemania 2006. No jugó mucho y ésa sería la tónica durante su carrera internacional; la gran mayoría de sus entrenadores en la selección no le dieron las suficientes oportunidades, prefiriendo insistir con el doble pivote Steven Gerrard-Frank Lampard, padeciendo un destino similar al de su compañero de mediocampo en el United por casi una década, Paul Scholes. Curiosamente, un combo sí funcionó y otro no. ¿Pueden adivinar cuál es cuál?


De todas maneras, Sir Alex Ferguson había prestado atención a la trayectoria de Michael y se puso mano a las obras para contratarlo, dispensando dieciocho millones de libra en 2006, una cifra nada desdeñable para esos tiempos. Cuando llegó al Manchester United, el conceso general era que venía para sustituir al gran Roy Keane, quien se había marchado al Celtic de Glasgow seis meses antes. Pero la realidad es que Ferguson no pudo haberse conseguido un reemplazo más dispar que el inglés. Mientras que el otrora capitán irlandés era aguerrido, puro corazón, agresivo hasta llegar al punto de cruzar la línea legal en más de una ocasión y un líder que guiaba dejándose la piel en la cancha, Carrick era mesurado, frío, calculador y que ya tenía pensado dos o tres jugadas antes de recibir el balón. Dos tipos de liderazgos que son muy diferentes, pero igual de efectivos. Sir Alex reemplazó una canción de fuego con una de hielo, parafraseando a George R.R. Martin (sí, estoy viciado a Game of Thrones y A Song of Ice and Fire, demándenme).


Su carrera en el gigante de Manchester no ha tenido mucho altibajos o sucesos; ha sido, en líneas generales, de una consistencia y efectividad que muy pocas figuras del club (y de Inglaterra, me atrevería a decir) pueden rivalizar. Siendo sincero con el lector, mi apreciación de Michael aumentó considerablemente en sus últimos años cuando se erigió como uno de los líderes del equipo y le tocó tomar la batuta del mediocampo luego del retiro de mi jugador favorito, Paul Scholes, quien siempre lo ha elogiado y catalogado como “el mejor mediocentro con el que jugué” (grandes palabras que vienen de alguien que jugó con Nicky Butt, Roy Keane, Frank Lampard, Paul Ince y Steven Gerrard). Es más, me atrevería a decir que éstos son los años dorados de Carrick y donde su juego ha alcanzado su balance perfecto entre efectividad y madurez. Durante todos estos años, tres de los entrenadores más exitosos de la historia del deporte (Ferguson, Mourinho y Van Gaal) le han rendido pleitesía y reconocido su importancia para el buen funcionamiento; Van Gaal lo calificó como un “jugador-entrenador” y Mourinho dijo que le hubiera encantado dirigirlo a los 25 años para disfrutarlo en su plenitud. Incluso en esta temporada, con 35 años y habiendo coqueteado con su salida del club en el verano, el inglés ha sido imperativo para la racha positiva del United y el equipo no ha perdido en todos los partidos que ha iniciado. Esto último puede cambiar, claro, pero es un dato inexpugnable acerca de la validez de Michael en la cancha. Tal vez es por su capacidad de organizar y distribuir el juego de manera casi mecánica; tal vez sea que le da a Ander Herrera y Paul Pogba la libertad para jugar a sus anchas –como lo hizo para Scholes, Fletcher, Park y muchos otros en el pasado-; o tal vez sea su experiencia, ahora como un viejo zorro, que le da una ventaja en la cancha. Pero yo pienso que la mayor virtud de Carrick es mental; es su capacidad de mantenerse relajado y concentrado en los momentos de alta presión, donde la sangre está ardiendo en el apogeo de la batalla, donde realmente entendemos por qué ha sido tan importante para los mejores momentos del club en los últimos años.

El mundo entero podría estar ardiendo y él estaría caminando entre las llamas, meditando qué haría ahora. Se los garantizo.

Michael Carrick no va a inspirar poesías a los amantes del fútbol mundial. Nadie va a hablar acerca de su trayectoria, logros y calidad de la misma forma que otros grandes del deporte porque no hace golazos de larga distancia como Scholes, no evade a los rivales como Maradona y no tiene la potencia e histrionismo de un Patrick Vieira, por dar algunos ejemplos. Nadie va a rendirle culto a su figura, que es una de las menos egocéntricas y una de las más desinteresadas en el fútbol inglés. Carrick probablemente sea un jugador aburrido; un compilatorio de jugadas del exWest Ham debe estar entre las cosas más aburridas de Youtube. Demonios, hasta su actividad en redes sociales es aburridamente correcta y nunca se le escapa una frase polémica o fuera de lugar. Pero, ¿saben qué? Eso a él no le importa. Lo de Michael Carrick es hacer funcionar al equipo. A él no le importa que hablen de él o que entre en el equipo del año de la Premier, la Champions o cualquier otro torneo. Le vale una mierda que un niño rata en una red social coloque una foto suya diciendo “L MEYOR MEDIOCMPSTA DL MUNDO!!!”. Él no juega para su gloria personal. Lo suyo es hacer que el equipo funcione y, por ende, que el equipo esté más cerca del triunfo; en eso ha basado su carrera y eso le ha traído muchos éxitos. Lo ha hecho a su manera.



Y les voy a decir algo: va a hacer mucha falta cuando se haya ido.

El partido termina, el United ha ganado y Michael se retira a las sombras, donde puede estar tranquilo y donde puede dirigir la orquesta de Manchester como el mejor conductor que se podía pedir. ¿Por qué? Porque ha estado ahí y sabe lo que se debe hacer. No se necesitan florituras ni vanagloriarse; sólo hacer lo necesario. El silencio es la mejor sinfonía de Michael Carrick.

Not all great things in life are free; sometimes you have to pay a bit. If you like the Blog and you want to keep reading new articles, please click in the ads so that this project can grow onto bigger and better things. Thanks in advance.


No todas las cosas en la vida son gratis; muchas veces debemos pagar un poco. Si les gusta el Blog y quieren seguir leyendo artículos nuevos, por favor hagan click en los anuncios para que este proyecto crezca hacia cosas más grandes y mejores. Muchas gracias por adelantado.

jueves, 27 de octubre de 2016

Cracks en las Sombras: Marek Hamsik, el superhéroe del San Paolo.



“Soy un pariente de los muertos, juramentado a alzarse de nuevo.”
-          Manowar, Hail and Kill.

¿Cómo definimos a un superhéroe? La pregunta se puede presentar retórica, pero muchas veces nos permite conseguir conclusiones, cuanto menos, interesante. Algunos dirán que es la capacidad de hacer lo correcto, de salvar el día, vencer al villano amenazante y, por supuesto, tener súper poderes. Pero hay otro elemento que muchas veces es olvidado: el sentido de pertenencia. Ser parte y baluarte de una comunidad a la cual están entregados y por la cual están dispuestos a dar sus vidas. ¿Se imaginan a Batman vigilando otros callejones que no sean los de Ciudad Gótica? ¿Se imaginan a Spiderman saltando de rascacielos a rascacielos de una ciudad que no sea Nueva York? Y más crítico aún, ¿se imaginan a Marek Hamsik jugando en otra cancha que no sea el San Paolo, dándolo todo por el Napoli y su gente? Un hombre devoto a sus aficionados y a su gente, el eslovaco ha creado una carrera que muchas veces es ignorada, pero que no menoscaba la trayectoria de un futbolista de una calidad incuestionable y que siempre se ha regido por sus propios principios, dejando de lado algunas de las idiosincrasias del fútbol moderno. Un hombre de otra época, si lo pensamos.

Sentado en la sala de mi casa, escribiendo este artículo, he pensado acerca de cómo el mediocentro del Napoli nunca ha recibido el crédito merecido por su carrera y por sus talentos. Un mediocentro mixto de oficio, el antiguo jugador del Slovan Bratislava y del Brescia ha sabido hacer mucho desde ese rol, haciendo las veces de enganche, de contención y hasta de regista, el rol a lo Andrea Pirlo, si necesitan un ejemplo, para su club y selección, para los cuales siempre se ha entregado al 100%. Tal vez sea el estilo tan Punk Rock de su peinado o el hecho de que desempeña en un club sin tanto perfil mediático; tal vez sea porque es de un país sin mucha cultura futbolística o quizás porque por más box to box que sea, abarca casi todos los elementos de lo que significa ser un mediocampista, dificultando especificar qué hace a Hamsik un jugador tan especial. Sea cual sea el motivo por el cual el capitán del Napoli no tiene el reconocimiento que debería ostentar en un mundo justo, hay que destacar que este caballero eslovaco radicado en el San Paolo ha tenido una de las carreras más románticas de los últimos años y siempre disponiendo de buen juego y grandes partidos. Como debe ser, hombre.

Firmando su primer contrato como profesional con el Slovan Bratislava de su Eslovaquia natal en 2002, el “Marekiano”, como le dicen los hinchas del Napoli, se presentó a la escena nacional como uno de los prospectos más emocionantes que habían tenido. Una suerte de niño prodigio que tras solamente seis partidos con el primer equipo de Bratislava ficharía en 2004 con el Brescia de Italia, por ese entonces club de la Serie A. Hamsik debutaría casi un año después, pero no tendría mucha suerte porque el club se iría al descenso, teniendo que batallar por unas cuantas campañas en los bajos mundos del Calcio. Esto fue, paradójicamente, beneficioso para nuestro protagonista puesto que pudo asentarse en el once titular del Brescia y hacer actuaciones que atraparían la mirada de varios clubes. Uno de ellos, el Napoli, tras su ascenso a la Serie A en 2007, se haría con los servicios del muchacho del peinado extraño de tan solo 20 años y con el presidente del club, el siempre polémico De Laurentiis, declarando que éste era uno para el futuro. Y qué futuro, ¿eh?

Su primera temporada en la Serie A como un jugador hecho y derecho fue bastante buena, ganando varios premios como jugador joven del año y recibiendo halagos al igual que comparaciones en su estilo con su ídolo de la infancia, Pavel Nedved. Incluso desde su tierna edad ya mostraba su talento con el balón en sus pies, la llegada al arco –fue goleador del equipo en sus dos primeras campañas- y la capacidad de cubrir mucho terreno con su atletismo. Una mezcla brillante entre sacrificio y clase, además de mucho gol. Y los hinchas del Napoli, vociferantes y apasionados como suelen ser en Italia, se encariñaron con su figura rápidamente, erigiéndolo como su gran bastión, incluso cuando llegaron talentos como Edinson Cavani o Ezequiel Lavezzi para fortalecer al club y hacerlo batallar por los primeros puestos de la Serie A.

Así como el Napoli escalaba posiciones, el mediocampista también aportó a que su selección participara en la Copa del Mundo en Sudáfrica, donde llegarían a unos 8vos de final, que es un hito para ese país. Siempre con Hamsik en la cancha y contribuyendo con su liderazgo, goles, asistencias y sacrificios. Y es que es ahí donde quiero hacer énfasis: Marek Hamsik es un futbolista capacitado para hacer de su juego algo tan simple a la vista y de manera muy consistente; desde que arribó a la escena en la Serie A ha rendido en un nivel tan alto que muchas veces es sencillo tomarlo por sentado, pero no es así. En su equipo y selección, por más que muchos compañeros y entrenadores hayan ido y venido, él sigue ahí, rindiendo y haciendo lo suyo para que estén en lo más alto de acuerdo a sus posibilidades.

Actualmente, el eslovaco se halla en su 9na temporada en el San Paolo y los rumores de su marcha no podrían estar más lejanos, en especial considerando su renovación en esta campaña hasta el año 2020. Y es que a pesar de ser un jugador sin tanto fuelle mediático, no ha evitado que muchos clubes importantes se interesen en su figura. De todas maneras, ahí sigue en el Napoli dando guerra y desempeñándose de la mejor manera posible, cosa que no es nada fácil considerando que jugadores como Lavezzi, Cavani, Inler, Higuaín y muchos otros han dejado el club con el pasar de los años pero él sigue fiel a esos colores y ha dejado pasar posibilidades como fichar por el Milan de Allegri en 2011, Arsenal, Chelsea, Bayern Múnich y un par más para seguir en este equipo. Y en un mundo donde incluso los hinchas ya no se molestan tanto por el cambio de camisetas o que sus ídolos se vayan a clubes rivales, es bastante alentador que un futbolista que no nació en Italia y que tampoco es formado en el Napoli declare tanto amor por la camiseta a través de su lealtad y sus actuaciones.

Diego Maradona siempre será la mayor figura de la historia del club napolitano por lo que hizo en la década de los 80s; sus logros fueron de una estatura monumental y supo levantar a un equipo chico para competir y ganar grandes cosas. Ahí está su lugar como el mejor de todos los tiempos del Napoli y, para muchos, del fútbol en general. Pero en la escuadra italiana, luego de Maradona, Hamsik. Eso nadie debe cuestionarlo y es que superhéroes hay muchos; superhéroes con sentido de pertenencia hay pocos. Y si hay algo que quiero destacar en estos balbuceos es el mero hecho de que hay jugadores como Hamsik que, de cierta manera, dignifican una profesión que muchas veces es tachada de mercenaria y que parece haber perdido sus valores morales, que al final del día son más importantes que cualquier título o premio individual, por más que nos digan lo contrario. Hamsik dignifica al futbolista moderno al demostrar que no todo se trata de dinero, fama o tener mujeres; que se trata de darlo todo siempre en la cancha y representar de manera orgullosa a los hinchas que entregarían todas sus posesiones y mucho más por estar un mísero minuto en el campo en su lugar. De eso se trata y eso ha demostrado. Lo demostró a su manera.

Not all great things in life are free; sometimes you have to pay a bit. If you like the Blog and you want to keep reading new articles, please click in the ads so that this project can grow onto bigger and better things. Thanks in advance.

No todas las cosas en la vida son gratis; muchas veces debemos pagar un poco. Si les gusta el Blog y quieren seguir leyendo artículos nuevos, por favor hagan click en los anuncios para que este proyecto crezca hacia cosas más grandes y mejores. Muchas gracias por adelantado.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Cracks en las Sombras: Matt Le Tissier, el mago del puerto de Southampton



NOTA: antes de comenzar este post, quiero anunciar que he descubierto dos páginas de México que han plagiado algunas de mis entradas y les pido que no tomen en consideración a esos ladrones de ideas. La página Libertad tomó mis posts de Riquelme, Zanetti, Ibrahimovic, Quaresma y Van Gaal –ahí están los enlaces a sus versiones y pueden comparar las fechas de publicación con las mías en este Blog. Por favor hagan lo mismo con la página Laznoticias que plagió mis entradas de Schweinsteiger, Gago y Verón, además de que cambiaron una que otra palabra en este caso en un banal y ofensivo intento de enmascarar lo que es una bajeza totalmente despreciable.

Por favor, si se enteran de algún otro caso, háganmelo saber por la vía que les parezca más conveniente. Gracias de antemano a los que se tomaron la molestia de corroborar las fechas y gracias a las páginas mencionadas por tomar mi trabajo sin autorización; es una prueba fehaciente de que estoy haciendo las cosas bien.

Ahora, vamos a lo que nos interesa.

No hay mejor momento que aquel instante de gloria en tu vida cuando estabas en lo más bajo. ¿Puedes mostrarme algo más hermoso que triunfar, aunque sea por un mero resquicio de tu extensa y dilatada existencia, contra todos y todo cuando nadie apostaba por ti? Aunque no lo queramos reconocer, hay una cierta grandeza en ser el héroe de los desprotegidos y de los indefensos; el concepto de ser una suerte de Robin Hood de la desdicha descomunal es una idea por la que cualquiera se siente atraído. Pero el hombre, indiferentemente de su nacionalidad o estrato social, pocas veces puede lidiar con tener el poder de representar a millones y no engrandecerse hasta alcanzar el cenit de un egocentrismo copioso. Traduciendo esto al ámbito futbolístico –que es lo quieren leer y no mis interminables soliloquios-, me refiero a los hinchas de esos clubes humildes que muy pocas dichas pueden vivir en cuanto a títulos o cúspides reflejadas en resultados. El hincha del club pequeño quiere esos momentos de victoria contra las probabilidades; ese día en el que vencieron como si fueran gigantes al equipo todopoderoso y, por sobre todas las cosas quieren tener algo de qué presumir. En esta entrada hablaremos de un jugador que, desafortunadamente, es poco conocido en estas latitudes pero que es, sin lugar a dudas, el mejor jugador de la historia del fútbol que no ganó un maldito título en toda su carrera. Estoy hablando del mejor jugador de la historia del Southampton FC, el mismísimo “Le God”, Matt Le Tissier.


La historia de nuestro protagonista comienza en Inglaterra comienza en su Guernsey natal, que es un pequeño pueblo en las islas. En 1985 y con solo 17 años, los Saints lo contrataron de su equipo juvenil, Vale Recreation, donde había estado por mucho tiempo y luego de un año en las inferiores del Soton, debutaría como profesional en 1986. Sus primeras tres temporadas encadenaban momentos de certísima brillantez con la intermitencia tan típica de los jóvenes, pero fue en la campaña 89/90 donde logró hallar la consistencia necesitada: hizo 24 goles en 43 partidos jugando como mediocampista, algunos tan espectaculares como uno con doble sombrero que le hizo al Liverpool en su apogeo, que le valieron el premio del jugador joven del año de la antigua Primera División Inglesa. Pero no sorprendían solamente sus números o incluso la calidad de sus goles –hay quienes lo consideran el jugador con la mayor cantidad de golazos en la historia de la Premier-, sino su forma de jugar: éstos eran los tiempos donde la creatividad no era tan asfixiada como ahora y se permitía brillar a sus talentos. Le Tissier era como una suerte de Riquelme inglés, pero con mayor capacidad goleadora; podía proteger el balón, driblar hombres, tenía una visión de juego exquisita y podía ganar partidos solos. Era un abanico andante de trucos, arte y grandilocuencia futbolística que había sorprendido al fútbol inglés junto a un tal Paul Gascoigne por esa época.

Sus primeros años en los 90s no comenzaron de la mejor manera cuando Ian Branfoot, un amante del pragmatismo y el fútbol conservador, arribó al club de los santos en 1991 y decidió recolocar a su mejor jugador por la banda derecha. Le Tissier había sido votado el mejor jugador joven de la liga la campaña previa una vez más y promediaba veinte goles por temporada desde la posición de mediocampista ofensivo, pero su nuevo entrenador se enfocó en sus debilidades. ¿Cuáles eran sus debilidades? Falta de compromiso para marcar, presionar o defender; falta de velocidad, recorrido o movimiento; y ser un jugador que podía hacer lo imposible con el balón en sus pies, pero que sin él parecía sentarse en la grama y comer una bolsa de papas fritas. Ni le gustaba entrenar o cuidarse; todo lo que logró fue bajo una base de McDonald’s y refresco. Su aporte goleador bajó considerablemente y rumores de posibles traspasos al Tottenham o al Chelsea comenzaron a surgir, pero el jugador, siempre devoto al club que le dio la oportunidad como futbolista, negó todos los rumores y se quedó. Eso siempre sería un tema con Matt, pero los Dioses del fútbol lo recompensaron con la llegada de un nuevo entrenador, Alan Ball, que se acercó a los muchachos del Soton y les dijo: “Pásenle el balón a Matt”. Así hicieron y así se vio a “Le God” en toda su expresión.


Con Ball, Le Tissier alcanzó su mejor nivel y logró un total de 45 goles en los 63 partidos que dirigió el técnico antes de marcharse al Manchester City. Hizo golazos al United, al Chelsea, al Tottenham, al Liverpool, a todos, en una época en la que su club lo necesitaba para pelear el descenso mientras los cantos de sirena de los mejores clubes de Inglaterra seguían resonando en el horizonte. No sé cómo lo hizo, pero jamás abandonó al Soton y siempre dio la cara por ellos; su calidad y sus goles no se demostraban en un 4-1 que ya estaba asegurado –se demostraba en partidos que iban 1-1 y donde anotaba el gol del triunfo en el minuto ’92 para salvarlos. Todo esto lo hizo jugando su juego, con su cara de británico mundano, dientes chuecos y sin correr por la cancha –uno de esos genios que reafirman el concepto de que no se debe sofocar la creatividad en un deporte que hoy en día urge de artistas. Pasaron los años y era ignorado por un seleccionado inglés que solamente le dio ocho partidos en quince temporadas donde fue uno de los mejores jugadores de su país –todo por sus incapacidades tácticas y por no jugar en un equipo grande. Ja, y luego se preguntan los ingleses por qué no ganan un Mundial desde hace más de cuarenta años. Como dato curioso, se le tomó muy en consideración para la Copa del Mundo de Francia ’98, pero al final no fue convocado por el seleccionador y leyenda del balompié inglés, Glenn Hoddle. Bueno, Hoddle era el ídolo de Le Tissier y su mayor inspiración para ser futbolista.


Como estadísticas –que hoy en día todo el mundo está encaprichado con éstas-, fue el primer mediocampista en alcanzar los cien goles en la Premier League y de un total de 48 penales llevados a cabo, acertó 47 –siendo el fallado una estupenda parada del arquero del Nottingham Forest que la clasificó como “la mejor tapada de mi carrera”. Pero uno de mis momentos favoritos de su historia es que su último gol como profesional y para su club fueron en el último partido del viejo estadio del club, The Dell, contra el Arsenal en un triunfo que acabó 3-2 en el 2001. Le Tissier anotó el gol de la victoria en una campaña en la que las lesiones lo atizaron por todo el año y donde solo anotó un tanto –ése tanto. No había otra forma de acabar un relato como éste que no fuera así. Sí, jugó un par de partidos el año entrante en St. Mary’s, pero ése fue el momento donde un episodio de la historia del club terminaba de la forma más gloriosa. Así terminaba la historia del mejor jugador que no había ganado un maldito título en toda su carrera.


Cuando pensamos en el mejor jugador que ha tenido la Premier League desde su incepción (en 1992), ¿cuáles son los nombres que se nos ocurren? A las primeras de cambio podemos decir Ryan Giggs, Thierry Henry, Paul Scholes, Frank Lampard, Alan Shearer, Dennis Bergkamp, Steven Gerrard, Eric Cantona… claro que me han faltado varios, pero éstos serían los predominantes. Todos ejemplos válidos y que tienen fundamentos totalmente lógicos para ser considerados los mejores de la historia de esta liga pero, ¿por qué no Matt Le Tissier? El mediocampista ofensivo del Southampton tal vez nunca ganó nada en su carrera pero el fútbol que desplegó en ese pequeño club puede igualar a cualquiera de los mencionados por un elemento tan esencial en esto del fútbol: magia. Le Tissier tenía magia, brillantez, un talento divino que podía levantarte de tu asiento y dejarte estupefacto por varios minutos. Para las jóvenes generaciones, vean este video y disfrútenlo. No sé qué tipo de música tiene el video porque siempre los pongo en mudo por la horrible electrónica que suelen colocar; como recomendación, escúchenlo con See You In Hell de Grim Reaper. De nada.

¿Vieron el video? Es una demostración de que este sujeto era un anormal, una anomalía en el mundo del fútbol, y que marcaba un contraste con el resto de los jugadores de su época, pero sobre todo a los de la actualidad. Contemplamos a los jugadores de hoy en día y todos son súper atletas con físicos cuidados y que viven como millonarios con las mejores ropas y autos; este hombre parecía el típico borracho charlatán que te conseguías en un bar inglés y que nunca ganó lo suficiente en The Dell para vivir con lujos… pero era mejor que la mayoría. Tenía el talento de un dios y la humildad de un sin techo; incluso en sus celebraciones no era ostentoso, en dura dualidad con su habilidad. ¿Goles olímpicos? ¿De volea? ¿A larga distancia? ¿Driblando y pasando rivales? ¿Picándola por encima del arquero? ¿Tiros libres memorables? ¿Asistencias de una genialidad indiscutida? Le Tissier podía hacerlo todo. Pocos jugadores he visto, sea en video o en vivo, que realmente me inspiren esa sensación de que podía cambiar todo a su antojo. Y no estamos hablando de un jugador encumbrado en lo más alto de su carrera; estamos hablando de un futbolista que pasó toda su vida futbolística protegiendo a su amado club de toda la vida del descenso y sirviendo como ese símbolo, ese bastión inexorable, del cual todos los Saints podían ser sentirse orgullosos. Un jugador que Xavi Hernández definió como uno de sus ídolos.


Le Tissier es uno de los más grandes genios de la historia del fútbol mundial; un jugador olvidado por el mundo mainstream del fútbol que hacía lo imposible y nos levantaba el espíritu con su juego. El incomparable final de su carrera con el Southampton es solo un mero pasaje de lo que hizo por esa camisa; pudo haber hecho esos goles en Old Trafford o en el Santiago Bernabéu, pero se mantuvo leal a los colores de unos hinchas que amaron y apreciaron cada jugada o gol suyo como si fuera un título –hizo feliz a todos aquellos hinchas del club que hayan tenido el placer de haberlo visto jugar en vivo. Hoy en día sería uno de estos dos casos: un jugador que valdría 120 millones de libras o un jugador que nunca pudo adaptarse a las exigencias del fútbol moderno. Pero más allá del futbolista y sus grandes jugadas, me quedo con la idea de un individuo que simplemente no era parte de la gran máquina de marketing y mercadotecnia que era el deporte y simplemente jugaba por diversión y para el divertimento del público; era un rara avis en su máxima expresión.

No hay mejor momento que aquel instante de gloria en tu vida cuando estabas en lo más bajo. El mago del puerto de Southampton nos regaló muchos momentos así en The Dell.

domingo, 30 de agosto de 2015

Cracks en las Sombras: Jari Litmanen, el rey de las tierras heladas.



Él vino del norte; el hombre destinado a cambiarlo todo en Holanda y que sería recordado como el monarca absoluto de los países nórdicos. Frío como las tierras de las que era oriundo, callado como la tormenta misma antes de prorrumpir y mágico como el cielo vespertino cuando se entrelaza con la noche. A finales de los 80s, cuando el fútbol contaba con una riqueza absoluta de jugadores talentosos y mágicos, surgiría desde las profundidades de un país donde el balompié es considerado un deporte inferior, Finlandia, un hechicero silencioso que iría derrochando su magia hasta entronarse como el rey de sus tierras. Un jugador que no es muy conocido en estas latitudes, pero que en Europa es tan estimado que incluso se dije que de no haber sufrido un calvario de lesiones como el que padeció, estaría al mismo nivel de Zinedine Zidane, en cuanto a repercusión se refiere. Hablo, por supuesto, de Jari Litmanen; el Rey de Finlandia, el hombre de cristal, el profesor, que son algunos de sus apodos, pero también puede ser conocido, junto a Zlatan Ibrahimovic, como el mejor jugador nórdico de la historia del deporte. Uno de esos hijos del destino dotado de técnica, inteligencia, personalidad y una capacidad poco suscitada para saber hacer la jugada correcta en el momento idóneo; algunos le dirán saber leer el juego, otros que era un mago –un servidor piensa que es un poco de ambos casos. Un hombre que lo logró todo en el fútbol y que lo hizo todo a la antigua: sin propagandas, sin ayuda de la media, sin sobresalir por tonterías fuera de la cancha y dejando que su juego hiciera la habladuría por él. Un jugador que resucitó al fútbol holandés en los años 90s y que probablemente lideró al equipo por antonomasia de aquella década: el Ajax de Louis Van Gaal. ¿Les interesa conocer la historia de Litmanen? Pues sigan leyendo.


Lo interesante y levemente irónico de la carrera de nuestro protagonista es que no dio sus primeros pasos en su Finlandia natal jugando al fútbol; en realidad era un entusiasta al Hockey, deporte que es una pasión absoluta en su país y donde sus paisanos son una potencia. Claro, Jari también era una fanático del fútbol, pero parecía estar encaminado a ser jugador de Hockey hasta que un scout de un equipo humilde llamado Reipas lo vio jugar y descubrieron que este muchacho de alta estatura, cuerpo raquítico y abundante cabellera ochentera era algo especial –esto resultaría ser una de esas jugadas claves del destino que cambiarían para siempre la vida del pequeño Jari, que se despedía del Hockey para dedicarse, contra todos los pronósticos, a una carrera en el balompié en un país donde el apoyo a este deporte era casi inexistente en la época. Tampoco era una gran sorpresa: sus dos padres habían sido futbolistas profesionales y el cariño por el deporte corría sus venas; era simplemente una decisión natural. En el Reipas debutaría a la prematura edad de 16 años, pero su compostura, su toque y su clase eran reminiscente a las de un jugador que llevaba más de doscientos partidos en sus hombros y que lo había vivido todo –luego de tres temporadas, donde desarrollaría su juego, se marcharía al HJK Helsinki, que es el equipo de mayor renombre en Finlandia. Una temporada después se iría al MyPa de su país y eso probaría ser una decisión vital: sería en ese equipo donde ganaría la Copa de Finlandia ese mismo año con un resultado de 2-0, con un gol del propio Jari y cautivando la mirada de un scout del Ajax de Holanda que había asistido para contemplar con sus propios ojos a ese precoz hechicero que derrochaba magia por las heladas tierras finesas. No tardaría en hacerse realidad su traspaso en el exterior, luego de que equipos como Juventus, Liverpool, Leeds United o Barcelona se interesaran en su persona –pero serían los holandeses los que se harían con los servicios del “profesor”.

El finlandés llegaba a un Ajax que estaba en pleno proceso de reconstrucción por un bastante criticado Louis Van Gaal (¿cuándo no?), que comenzaba a dar muchas oportunidades en el 1er equipo a varios juveniles luego de su triunfo de la Copa UEFA de 1992. En su primer año, Litmanen no era muy del agrado del complicado Van Gaal y pasó la mayoría de la temporada jugando con las reservas. Su debut sería reemplazando al número ‘10’ de ese entonces de los Ajacied, Dennis Bergkamp –otro obelisco de calidad y elegancia pura con el balón. Posteriormente a ese año, Bergkamp haría las maletas para marcharse a Italia y entonces Van Gaal buscaría una alternativa para reemplazar a su jugador estrella… pero su fisioterapeuta tenía otra idea. Él le recomendó al siempre decidido Van Gaal que apostara por Litmanen en el puesto de Bergkamp puesto que lo había visto jugar con detenimiento en las reservas y sabía que el muchacho era algo especial, cosa que todos concordaban en la institución y que terminó convenciendo a Louis para apostar por el elegante finés. Y es que desde que arribó al club, ya emanaba un aura de distinto; de jugador que era diferente al resto. David Endt, manager por esos años del Ajax, diría que nuestro protagonista era un entusiasta del fútbol, que siempre quería saber más y que aunque era un muchacho tranquilo y reservado, desplegaba un aura de líder, de distinto, que dejaba entrever que no necesitaba levantar su voz o sus puños para hacerse escuchar. Y así era jugando y así lo demostró en los 90s con el Ajax.


Desde 1.992 hasta 1.999, Jari Litmanen se había convertido en el mejor jugador de un equipo que se había transformado en EL equipo de los 90s; el Ajax de Louis Van Gaal, con figuras como los hermanos De Boer, Clarence Seedorf, Michael Reiziger, Edgar Davids, Kanu, Patrick Kluivert, Marc Overmars, Edwin Van Der Sar y el propio Jari, lo ganaría todo repetidamente en Holanda y se encumbraría en el ’95 al ganar la UEFA Champions League al Milán, entonces rigente campeón de Europa, desplegando un fútbol moderno, adelantado a su época y que era extremadamente vistoso –eran una sensación mundial. Y en un equipo que se movía como el melodioso sonar de una sinfonía, Litmanen era el orquestador total: su visión para servir el último pase, su clase para desbordar a los rivales y su capacidad para desmarcarse y anotar eran algunas de las cualidades que lo volvieron el símbolo y epítome de la locura sistemática que era aquel mastodonte futbolístico de equipo. Era extremadamente dotado de técnica, pero poseía una virtud intrínseca de ser simplista cuando la situación lo ameritaba y sabía cómo jugar de espaldas al arco como los mejores delanteros centro –era, para todos los efectos, un fuera de serie total. Tristemente, ese maravilloso equipo donde Jari era el epicentro comenzó a desarmarse a partir del ’96 por la Ley Bosman y el finlandés dejaría Ámsterdam en 1999, entre tributos y homenajes, para dirigirse a la Ciudad Condal y vestir la camiseta del FC Barcelona. Muchos equipos se interesaron en su ficha, en especial los italianos como Milan, Inter y Juventus, pero Jari no gustaba del fútbol férreo de Italia y no le atraía el concepto de jugar de única punta o de no contar con apoyo ofensivo. En España también lo quiso el Valencia, pero se decantó por el Barcelona. Como curiosidad, los dueños del club valenciano no podían creer que fuera finlandés porque por sus gestos, su estilo de juego y su talento, creían que era 100% holandés. Hay quienes están predestinados a enfundarse ciertas camisetas; y Litmanen y el Ajax eran una unión perfecta de talento e ideología.


Jari se reunía con Van Gaal en Cataluña y el primero había llegado para marcar esa diferencia que hiciera despuntar el proyecto del segundo en el club español, pero la suerte no estuvo del lado del “profesor” en toda su etapa con los azulgranas. Aparte de ser conocido por sus proezas futbolísticas, Litmanen era famoso por ser un jugador muy propenso a las lesiones y aunque eso había sido hasta un cierto punto manejable en Holanda, con los culés se acentuó esa problemática y rara vez podía hilvanar dos actuaciones seguidas –Frank De Boer lo apodó “el hombre de cristal” en su etapa en el Barcelona. Sin mencionar que llegaba a un club que no terminaba de confiar en la metodología de Van Gaal y “sus” jugadores (los hermanos De Boer, Cocu, Reiziger, Kluivert y el propio Litmanen); el público catalán simplemente no tenía la paciencia en ese momento para un jugador tan fino y tan silencioso –el histrionismo y vertiginosidad de individuos como Rivaldo o Figo eran mucho más del agrado de los hinchas blaugranas. Simplemente no fue el lugar adecuado para Litmanen en ese momento y su personalidad tan callada no encajaba con toda la megalomanía de la prensa española –pobre de él si hubiera jugado estos días en el Barcelona.


Van Gaal terminó por ser despedido en el 2001 y con él se fue Jari en Enero de ese año a Anfield Road como agente libre, para fichar por el Liverpool. El finlandés era un hincha desde pequeño –cabe recordar que en su niñez eran la crema innata del fútbol mundial- y era un sueño para los scousers que un jugador de la talla de Litmanen se uniera a los Michael Owen, Steven Gerrard, Robbie Fowler o Jamie Carragher que ya estaban en un plantel bastante completo y que ganaría la FA Cup, Carling Cup (ahora Capital One) y la Copa UEFA ese mismo año. Litmanen tuvo destellos de su clase en Anfield Road y aunque logró ganar todos esos trofeos, se perdió las tres finales por una lesión en el tobillo –parecía estar eternamente condenado. Lo que impera en la memoria de los hinchas del Liverpool del paso del mago finés es que se pudo haber hecho mucho más con él en el plantel; Gerard Houllier, el entrenador por ese entonces, nunca le dio una seguidilla de partidos en el club y nunca usó su talento como era debido. En el 2002 sería vendido al Ajax y el sueño cumplido de Jari terminaría con esa sensación de que pudo haber sido mucho mejor y de que ambas partes pudieron haberse beneficiado mucho más del otro. Simplemente, fue un periodo muy intermitente para el hechicero nórdico y ahí no acabarían sus aventuras.


Volvería como un héroe a Ámsterdam y compartiría vestuario con algunas de las futuras grandes figuras del fútbol mundial y grandes promesas como Zlatan Ibrahimovic, Rafael Van Der Vaart, Maxwell, Wesley Sneijder y un par más que me dejo en el tintero, sirviendo como un mentor y una figura de experiencia para toda una nueva generación de un equipo que tan bien supo comandar hace varios años. Ayudaría a los Ajacied a clasificar a 4tos de Champions en la temporada 2002/03, pero deambularía por el mundo del fútbol a partir del 2004 por diferentes equipos. Como un nómada del fútbol volvería a jugar en su Finlandia natal (en el Lahti), el Hansa Rostock de Alemania, el Malmö de Suecia, el Fulham de Inglaterra y volvería a su país para dar sus últimos pasos en el Lahti y en el HJK otra vez hasta el 2011, donde se retiraría. A pesar de que su mejor momento había quedado atrás en su primera etapa en el Ajax, nunca dejó de desplegar su talento, así fuera por cuentagotas, en todos los clubes en los que jugó y todo hecho con una actitud profesional, demostrando que estaba en esto para hacer fútbol y no para vivir de su pasado. En el año 2010, y con cuarenta años de edad, se volvería el goleador internacional de mayor edad al anotar contra San Marino en un partido clasificatorio para Eurocopa. Hasta sus últimos días, demostró que su talento era eterno y que no conocía las demacradas cicatrices del tiempo –eran un hijo privilegiado del destino.


El rey había perdido la corona hace mucho tiempo, pero nunca perdió lo imponente o lo majestuoso –cualidades intrínsecas de cualquier monarca. Y es que estamos ante la presencia de uno de esos singulares y peculiares individuos que parecían ser únicos en su especie. Ver jugar a Litmanen, ya sea en video, me genera las mismas sensaciones que escuchar a Pink Floyd en su apogeo: es algo silencioso pero esplendoroso; algo que trasciende, pero que pareciera esconderse casi como si estuviera avergonzado de estar bendecido con tanto talento. Sin hacer mucho alboroto, se plantó en el mundo del fútbol y se convirtió en uno de los mejores jugadores de la década de los 90s mientras era la figura principal de uno de los equipos más poderosos de la historia del balompié. Tal vez si hubiera nacido brasileño o italiano, el Balón de Oro que tanto se merecía hubiera sido en el ’95, en vez de quedar de tercero –pero no muchos repararon en eso, porque el Balón de Oro no era el concurso de popularidad nauseabunda que es hoy en día. Era simplemente el resultado de una época diferente, pero que era perfecta para nuestro protagonista y que pareció, con su llegada a Ámsterdam en 1992, haber arribado a su mundo ideal para explotar.

Es una lástima que un jugador de esta magnitud no sea tan conocido por este lado del charco y colocar a un coloso como Litmanen en Cracks en las Sombras me parece una herejía, pero había que hacerlo para dar a conocer a un mago silencioso que hacía mejor a sus compañeros, de un modo muy similar a su coetáneo generacional, Zinedine Zidane. Vayan a Youtube y vean cuanto video encuentren de este caballero en acción; podrán contemplar la magia de un rey. Un jugador tan pero tan grande en la gloriosa historia del Ajax que en el museo del club, hay pantallas que muestran las mejores jugadas de tres futbolistas del club: Johan Cruyff, Marco Van Basten… y Jari Litmanen, aquel que vino del norte para entronarse como el rey de las tierras heladas.