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sábado, 9 de julio de 2016

Así lo veo, Ken: Francesco Totti y su última cruzada con la Roma.



“De vez en cuando, llega una persona que desafía todas las probabilidades, toda la lógica y cumple un sueño increíble.”
- Rocky
Y tras meses y meses de controversia, polémicas y mensajes ambivalentes, los hinchas de la Roma pueden regodearse y sentirse felices ante la noticia de que su máximo baluarte y el mejor jugador de su historia –pienso que en este punto de la película es un pensamiento unánime-, Francesco Totti, ha renovado por un último año en la capital italiana para luego servir seis más como directivo del club. Con rumores circulando en la media acerca de posibles traspasos del genio romanista a equipos como Los Angeles Galaxy o el Leicester City, además de respuestas incompletas de la directiva del club acerca del futuro de su capitán y el propio Totti, quien declaró en su momento que quería jugar más o que tal vez tendría que irse –ciertamente para apresurar la cuestión del nuevo contrato, guiándonos por cómo se dieron las cosas después-, todas las partes decidieron poner fin a esto y el contrato fue firmado. Al final de todo, es el mejor resultado para los involucrados: ninguno de los aficionados al fútbol, no solo los de la Roma, queremos ver a Francesco con otra camisa y su amor y lealtad a un equipo que, aunque grande y con buenos jugadores, no siempre está peleando por títulos, es una demostración de ese romanticismo que a veces es tan necesario en el deporte y que se ha perdido –en resumen, todos felices con el desenlace de esta saga.

Los últimos tiempos en el club de la Ciudad Eterna han sido buenos, pero siempre plagados por esa sensación de que pudieron ser mejores; desde que la institución ha sido adquirida por un grupo empresarial estadounidense, discusiones acerca de un nuevo estadio, un proyecto, establecer lo que ellos llaman “la marca Roma” y, por supuesto, un Scudetto han estado a la orden del día, pero nada de eso se ha materializado. En las últimas campañas, la Roma ha tenido que padecer la venta de muchos de sus mejores activos en la cancha –Lamela, Marquinhos, Benatia, Pjanic, entre otros- y que el sector más intenso de su afición (y también el más radical) deje la grada, la famosa Curva, como signo de protesta por la división de ambas curvas del estadio con barreras de concreto por parte de la policía de la ciudad, además de lidiar con una Juventus que ha sabido establecerse desde 2011 como el poder absoluto de la Serie A, ganando cinco Scudettos seguidos. Entre todo estas vicisitudes, el equipo sigue contratando y produciendo talento; los resultados, aunque decepcionantes considerando las expectativas planteadas por estos dueños, han sido buenos –el club ha regresado a la Champions y participa ahora de forma asidua- y el arribo de tal vez su mejor entrenador desde Fabio Capello, el celebérrimo Luciano Spalletti, quien ya entrenó a la institución en uno de los mejores pasajes de su época, ha encendido una vez más el espíritu de lucha de una “Loba” que yacía en un letargo. Y en el último año de Francesco Totti, el deseo de un cuarto título de Serie A no puede ser contenido por los tifosi romanistas quienes ansían ver a su máximo ídolo marcharse victorioso en su última cruzada. ¿Puede la Roma derrotar a la Juventus y conseguir, tras tantos años cerca de acariciar la gloria, ese Santo Grial que es su cuarto Scudetto? Veamos.


Hay que contextualizar algo desde el principio para entender el lugar en el que se encuentra la Roma actualmente: la era Rudi García, aunque produjo sus cosas positivas, fue de más a menos y su caída probó ser demasiado problema para que el galo pudiera solucionarla. El técnico francés arribó a Italia en el 2013 con un cartel de entrenador ofensivo y que iba a revitalizar a un plantel que, como ha sido la costumbre, se hallaba actuando por debajo de sus posibilidades; pero que con su nuevo entrenador logró una seguidilla de triunfos notables con un Kevin Strootman y un Benatia en estado de gracia, lo que los llevó a la cima de la Serie A tras diez victorias consecutivas al comienzo de la liga. Pero tras eso, las lesiones, la falta de innovación al sistema de extremos con el que jugaba el equipo –en el cual resaltó Gervinho hasta que fue descubierto- y, sobre todo, la seria baja de Strootman supusieron el comienzo del fin para García en la capital; nunca pudo recobrar la forma de ese momento, el equipo se fue deformando y la Juventus retomó el ritmo en las tres campañas en las que estuvo el francés para quitarles el título. Nuestro protagonista, Francesco Totti, apoyado por un más que notorio elenco de jugadores como De Rossi, Nainggolan, Pjanic, Florenzi, Manolas y un par más, trató de salvar la situación y sus goles, ya estando más cerca de los 40 que nunca, supusieron una luz al final del túnel que ha sido esta era del club. Ya a finales del 2015, la situación era insostenible y se prescindió de los servicios de García para retornar al conocido rostro (y pelona) de Spalletti, quien había terminado su contrato con el Zenit de Rusia.


El cambio fue notorio. En sus últimos meses, la Roma de García era un equipo predecible, estéril y sin ninguna otra estrategia que depender de sus extremos para luego servirle pases a un timorato Edin Dzeko; la llegada de Luciano y su capacidad táctica para explotar el potencial de sus jugadores –este es hombre es después de todo el que implementó con Francesco Totti el sistema del falso nueve hace una década, que después sería popularizado por Pep Guardiola y Lionel Messi- y apostar por un juego más completo, impredecible y manteniendo la búsqueda ofensiva que pregonaba Rudi. Era una sinergia perfecta: Spalletti ama a la Roma, conoce al club y el ser italiano le permite conocer mejor a la Serie A; fichajes en enero como Diego Perotti –quien ha subido su nivel a cuotas insospechadas en la capital jugando en el rol de falso nueve- y Stephan El Shaarawy –jugador que yacía ahogado en la intermitencia en el Mónaco- sirvieron para balancear el ataque romano y jugadores como Mohamed Salah y Radja Nainggolan mostraron su mejor versión bajo la tutela de su nuevo entrenador. Tras tomar el equipo por la 6ta posición, el equipo ascendió hasta llegar a la zona de previa de Champions League y estuvieron a punto de tomar el 2do puesto en la tabla del Napoli, pero la inestabilidad defensiva, a pesar del muy buen nivel de Antonio Rüdiger y Kosta Manolas en la zaga central, supuso uno de los pocos aspectos negativos de la segunda etapa de Luciano hasta el momento.

Partidos como la visita a Atalanta, de local frente al Torino o de visitante contra Genoa hubieran acabado en pérdidas de puntos que tal vez les hubieran hecho perder el lugar en la próxima Champions, pero ahí es cuando surgió el genio imperecedero de Totti. Envuelto en toda una controversia por lo poco que jugó con Spalletti en los primeros partidos –esto siendo un poco exagerado cuando consideramos que venía de una lesión un tanto importante- y en la disputa por un nuevo contrato, el ‘10’ eterno de la Roma apareció en varios partidos anotando goles y haciendo asistencias para salvar a su equipo cuando más se le necesitaba –y todo esto en apariciones como un atacante suplente de 39 años. Es importante remarcar el renglón de la suplencia: a casi sus 40, Francesco ya no puede jugar 90 minutos cada semana y debe ser administrado para poder seguir aportando al equipo; Luciano lo ha manejado bien y jugando de 30 a 45 minutos por partido, la influencia de Totti ha sido tan grande que ha podido producir goles de la nada por motivo de su infinita creatividad futbolística. Esto, obviamente, significó bastante para los hinchas de la Roma que estaban desesperados por ver a su héroe en acción; pero también muestra la inestabilidad del equipo en ciertos pasajes de la temporada y eso ha significado un paso (o dos) atrás para destronar a la todopoderosa Juventus.


Dejando de lado todos los posibles obstáculos que la Roma pueda imponerse a ellos mismos, su mayor impedimento para la consecución del Scudetto es, obviamente, la propia Juventus. Como hablamos el año pasado por aquí, la resurrección de la dama del Calcio ha sido notable y hoy en día, siendo la pentacampeona italiana, es la reina absoluta de la Serie A. Por supuesto, los ingresos que suponen el tener un estadio propio y conseguir múltiples títulos –además del fútbol de Champions League que es una constante en su haber-, la Juve puede costearse sueldos y contrataciones que ningún otro club en la liga puede desembolsar y eso es una gran ventaja sobre la Roma que ya se dejó entrever con la “traición” de Miralem Pjanic al fichar de la capital italiana para los de Turín. Destaco que la capacidad de la Vecchia Signora para hacer estas transacciones es mérito absoluto de una gestión notable de sus directivos y la etapa Agnelli de la Juventus ha mostrado una de las mejores administraciones de la época reciente del fútbol. Tal vez es un reflejo de que quien mejor se administra siempre gana.

La Roma simplemente no tiene eso. La Juventus, a pesar de haber dejado ir el año pasado a jugadores como Tévez, Vidal o Pirlo, siempre ha mantenido una columna vertebral en Buffon, Barzagli, Bonucci, Chiellini y Marchisio, quienes han sido omnipresentes en estos cinco títulos de liga. Por el otro lado, la “Loba” es un equipo que cambia constantemente en cada verano y eso no es beneficioso para una directiva americana que ha hecho múltiples promesas de Scudetto; este verano volverán a pasar por lo mismo por no concretar el pase de Digne tras su cesión en el club, la venta de Pjanic y la seria lesión de Antonio Rüdiger. Agreguemos a eso la llegada de un nuevo arquero como Alisson y lo que eso siempre representa, la posible venta de Leandro Paredes –decisión que me parece francamente tonta-, quien brilló en un muy buen Empoli, y la posible llegada de un otrora protagonista de nuestro Blog –aunque también se puede marchar al Milan-, Mateo Kovacic, significan otro periodo de adaptación de un equipo que no cesa en su habilidad de conseguir talento desconocido y crear planteles competitivos, pero que requiere de constancia y de un plan para lograr el objetivo deseado. Spalletti es un entrenador que sabe manejar a sus jugadores y explotar su potencial; no dudo de que sea capaz de trabajar con lo que tiene (que no es poco porque cuenta con un muy buen grupo de jugadores) y moldearlos para que sean un equipo compacto; pero la realidad del asunto es que la Roma requiere de un plan para este año y un plan para el futuro. Es el último año de Totti y les aseguro que esa variable influye mucho en todos los romanistas; nadie quiere que este año sea un mero tour de despedida para su ídolo eterno; quieren que su monarca se despida a lo grande y para ello tal vez se requiera tomar un par de decisiones pragmáticas y de contrataciones que, aunque no sean las más seguras –ya vimos lo que pasó con esa “sure thing” que era Edin Dzeko-, sean el activo necesario para conseguir resultados inmediatos.

La pregunta del artículo en cuestión: ¿Puede la Roma destronar a la Juventus en el último año de Francesco Totti? Llámenme loco, pero yo creo que sí y les diré por qué: la motivación está ahí, tienen el mejor entrenador que puede pedir el club –Luciano es Roma y viceversa-, la plantilla tiene una mezcla más que interesante de jugadores y en la segunda vuelta de la temporada pasada se demostró la capacidad del club para ser el equipo más goleador de la campaña en la liga. Hay calidad, hay talento y hay inteligencia táctica; es el aspecto mental el que debe ser trabajado puesto que es esa fragilidad mental la que hace que no terminen de dar el paso final –es la mentalidad lo que los mantiene en un complejo de inferioridad al compararse con la Signora del Calcio. La Juve es poderosa; muy poderosa, me atrevería a decir. Pero nadie es invencible y pienso que, al final del día, la venta de Pjanic, el retiro del gran Francesco y la impronta de un loco (en un buen sentido) como Luciano, pueden traducirse en un equipo de la Roma que sabe que este año no es otro más: es el de una confrontación de proporciones babilónicas y que será recordada por muchos años.


A lo mejor estaré equivocado dentro de un año cuando lean este artículo de nuevo; después de todo, el fútbol es como la vida y está llena de inconsistencia. A lo mejor no ganarán nada y esta campaña es como todas las demás con una Juve campeona. Pero si tuviera que apostar dinero en algún equipo para arruinarle la fiesta a la dama del Calcio, sería a Francesco Totti, su Roma y su última cruzada con el club de su vida. Abogo por la épica y por lo dramático –después de todo, esto es Italia y esto es Roma.


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martes, 15 de diciembre de 2015

Así lo veo, Ken: ¿Es Pablo Daniel Osvaldo una causa perdida?



“Quizás un loco era sólo una minoría de uno.”
- George Orwell, 1984.

Todo hombre carga con un pasado y con vivencias que han moldeado lo que es hoy en día. Es a través del conflicto de la injuria, el dolor de las decepciones y las asperezas de la vida misma las que nos definen como seres humanos adaptados a este complicado mundo… o al menos tratamos de adaptarnos. El mundo actual es un caos envuelto en megalomanía, agites constantes y la imperiosa necesidad de siempre estar obsesionados por algo, como si la tranquilidad fuera un concepto desdeñable en comparación del caos que son nuestras existencias hoy en día. Pero, ¿qué pasa si no nos acostumbramos al caos? ¿Si toda la algarabía, el desorden y el estrés de la vida nos agobian hasta el punto que nos quebramos y decidimos dejar de ser parte de la maquinaria, al más puro estilo de un niñito berrinchudo? Bueno, no hay que imaginarlo teniendo a Pablo Daniel Osvaldo, el adicto al caos del mundo del fútbol. Y como es costumbre al final de cada seis meses en el calendario futbolístico, el delantero ítalo argentino planea cambiar de aires por sus diferencias personales con el patrón de turno, en este caso siendo el Oporto de Portugal. El tema es que esto ya no sorprende a nadie y yo me pregunto: ¿Es simplemente un idiota o hay razones más profundas detrás de los viajes de nómada de este díscolo personaje? ¿Por qué su desadaptación constante con el entorno socio-futbolístico? ¿Es Pablo Daniel Osvaldo una causa perdida?


Busquen la carrera de Osvaldo por la vía que les parezca más sencilla –Wikipedia, vamos- y verán el nombre de equipos tan ilustres como la Fiorentina, Roma, Juventus, Southampton, Inter, Boca Juniors o sus actuales empleadores del Porto, además de unas cuantas actuaciones con la Selección Italiana. Cualquiera de nosotros mataría por una trayectoria tan importante. Es una carrera envidiable y con Osvaldo sólo la vemos como un cúmulo de oportunidades desperdiciadas. Cada parada que ha hecho ha estado plagada de desavenencias, conflictos y polémicas fuera de la cancha. En Roma es figura no grata por cabecear a un compañero y encararse con la afición; en el Soton fue un punto negro por su bajo rendimiento en una de las mejores campañas en la historia del club y siendo un fichaje record del club; en la Juventus pasó sin pena ni gloria; en el Inter se auto expulsó las de tierras lombardas tras un encontronazo con la directiva y el igualmente polémico Mauro Icardi. Y ahora, en el gigante portugués, donde casi no ha visto acción, maquina un más que posible retorno a su amado Boca Juniors, club del que es hincha y en el que se fue por la puerta de atrás debido a la falta de fondos en su momento para mantener su pase. Todas estas trifulcas e injurias solamente ennegrecen a un individuo que, controversias aparte, es un muy buen futbolista: tiene velocidad, cabezazo, sabe usar ambos pies y es inteligente para moverse en el área rival. En sus escasos instantes de consistencia ha demostrado sus galones de calidad; pero nunca ha tenido la suficiente madurez para perdurar en alguna institución. Es un nómada futbolero y un hombre sin nación –no pertenece a ningún lado.


Más allá de los campos de fútbol y toda la megalomanía que esto encarna, es difícil no sentir algo de intriga por ese personaje caótico y nocivo para su propia carrera que es el que se ha creado alrededor de Osvaldo. Con su vestimenta estrafalaria, sus múltiples tatuajes, sus lentes tan alternativos y su cabello largo, parece un doble de Johnny Depp y más un músico que un futbolista. Es un fanático irredento del Rock y en sus entrevistas siempre habla de su predilección por The Rolling Stones, Led Zeppelin o Pink Floyd –incluso tiene tatuado las portadas de The Wall y The Dark Side of the Moon. Él mismo reconoce que tiene, y cito, “un carácter de mierda” y que la razón por la que cambia tanto de clubes es que siente que “la felicidad siempre se encuentra en otro lado”. Ha tenido tres hijos con dos mujeres distintas y ambas han compartido por la vía del Twitter la aparente actitud de infante que ostenta el otrora delantero de la Fiorentina. Estamos hablando de un hombre atrapado en la cruenta estación que representa el paso de la juventud a la adultez; ese insípido pero necesario paso para poder avanzar en esta vida –Osvaldo se halla en una encrucijada de la que no desea salir. Su personalidad irregular, su explosividad que le ha costado pasos por grandes equipos y su innegable fascinación por la locura son las características de una persona que no está totalmente a gusta con el punto en el que se encuentra y que busca aferrarse a estos arrebatos como una forma de alejarse de cualquier responsabilidad. Los cambios de clubes son eso: una válvula de escape para empezar de nuevo y no tener que asentarse en un lugar donde, invariablemente, va a tener que ejercer responsabilidades. Y eso último lo aterra a Osvaldo.


El caso del ítalo argentino es peculiar porque se ha convertido en una constante en su carrera, pero también hay que interpretar que tener diferencias en tantas estaciones de su vida futbolística ya no es una coincidencia o las vicisitudes de un jugador meramente conflictivo –es algo que parece consciente. Existen rumores e historias que dicen que su éxodo de clubes como la Roma o el Southampton, entidades en las que cabeceó a un jugador de cada equipo, fueron maquinados por su persona porque ya no se sentía a gusto. Todo esto no son más que soluciones temporales, salidas atropelladas y la falta de valor para afrontar la realidad. Ahora puede que vuelva a Boca pero, ¿cuánto durará en el club xeneize? Cuando estuvo empezó muy bien y luego se fue desvaneciendo a medida de que sus artimañas se acentuaban. En un mundo del fútbol donde el presente es lo que importa, las idas y venidas de Osvaldo le irán pasando factura hasta el punto en que sólo ligas como la MLS, la de Qatar o la de China se interesarán en él. ¿No posee ambiciones? ¿No desea ir más allá de lo que ha logrado? ¿Cómo un jugador puede pasar por tantas instituciones de tan alto nivel y no querer asentarse? Temor a la responsabilidad, simple y llanamente. Huye acobardado porque no se siente capaz de afrontar la realidad de que le toca pasar trabajo o que debe afrontar un reto y se marcha a otra realidad donde espera que el próximo club lo consienta, como le sucedió por un ínfimo momento con su preciado Espanyol de Barcelona en la temporada 2.010/2.011. El tema es que Osvaldo no busca adaptarse al mundo; busca que el mundo se adapte a Osvaldo. Y aunque es un muy buen jugador, no es lo suficientemente talentoso para encontrar un lugar donde se le valore y se le “mima” de esa forma –Boca tampoco lo será ahora que ha regresado Tévez. Así que son patadas de ahogado, como quien dice.


Todo hombre carga con un pasado y con vivencias que han moldeado lo que es hoy en día. Pablo Daniel Osvaldo es uno de los nómadas por decreto del fútbol y no ha encontrado un lugar donde pueda explayar su juego a sus anchas por más de una temporada –y siendo sincero, un servidor no cree que ahora lo encuentre. Su regreso a Boca es más que probable; pero sólo será otra estación en una carrera intermitente e irregular. Osvaldo es una causa perdida porque él ha deseado serlo y, casi a los treinta años de edad, veo muy complicado que logre establecerse en algún lugar cuando ha quemado los pocos puentes que le quedaban. Pero necesitamos algo de narrativa, ¿verdad? Y si algo provee este fanático de los Stones es de contenido para narrar y esperaremos con ansias sus próximos conflictos para saber a dónde huirá y a dónde tratará de forjar un vínculo que él romperá deliberadamente. Como este argentino, hay muchos casos de futbolistas desadaptados a la realidad del fútbol actual y no comprende que sus problemáticas han surgido por su propia actitud, cosa que es muy probable que nunca cambie. Y eso lo vuelve la minoría de uno, como diría Orwell.

¿Creen que Osvaldo es una causa perdida? ¡Opinen!

sábado, 28 de marzo de 2015

Pasados Posibles: Fernando Gago, el otrora “nuevo Redondo”.




Soy un fanático sin remedio de Los Simpson. Eso hay que mencionarlo porque incorpora algunas metáforas que son usadas como comedia, pero que muchas veces encapsulan momentos de genuina inteligencia. Recuerdo un capítulo en el que Lisa estaba hablando de universidades y una es proclamada como la siguiente gran cosa en el mundo académico –alegación que la hija del medio de Homero rechazó diciendo, y cito, “que el ‘nuevo algo’ nunca es el ‘nuevo’ de nada”. Reflejado como un chiste, deja entrever que muchas veces tratan de vendernos algún elemento y/o individuo como el sucesor de algo que nos ha traído grandes alegrías o satisfacciones para así hacernos tragar dicha propaganda de dicho algo que, simple y llanamente, nunca fue tan bueno. Es un método bastante útil para emocionar al estimado y así convencerle de que está ante un ente genuinamente grande y triunfador. En la sección de Pasados Posibles, donde parloteo acerca de jugadores que prometieron mucho y cumplieron muy poco, hay muchos casos de promesas que fueron tituladas como los nuevos Figo, Zidane, Ronaldo, Henry, Ronaldinho, Shevchenko, Scholes, Giggs, etc., y no llegaron a nada. Ejemplos bastan y sobran de mayor o menor medida, pero hay uno que me marcó en particular –tal vez porque lo viví de principio a fin- y fue el de la carrera de Fernando Rubén Gago. O también conocido como “el nuevo Redondo”.


Debutando a los 18 años con la camiseta de Boca Juniors en el ya lejano 2.004 (cómo pasa el tiempo, demonios) por Diciembre bajo el ala de Jorge Benítez, el mediocentro defensivo argentino no tardó mucho en hacerse un nicho en la titularidad del equipo Xeneize luego de una serie de actuaciones que convencieron al siguiente entrenador del gigante de Buenos Aires, Alfio “Coco” Basile, para que se erigiera como una de las figuras principales del plantel. El pibe, como le dicen a los jóvenes en Argentina, cosechó una seguidilla de triunfos y títulos en uno de los equipos más fuertes de la historia reciente del fútbol suramericano que contaba con figuras como Martín Palermo, Rodrigo Palacio, Hugo Ibarra, Sebastián Bataglia, Neri Cardoso, Daniel “El Cata” Díaz, Federico Insúa y un par más. Pero en un equipo de fútbol práctico –y un tanto resultadista, hay que decirlo- era el buen toque de balón, gran recuperación y salida elegante de un número cinco de 20 años lo que hizo que algunos de los grandes de Europa comenzaran a fijarse en él. La posición en la que jugaba, su estilo e incluso su peinado de melena larga castaña comenzaron a sembrar comparaciones con el último gran “5” de la albiceleste, Fernando Redondo, leyenda del Real Madrid, y eso hizo ganar enteros a la reputación de Gago al ser vinculado con semejante estatura de jugador. El ganar el Mundial sub-20 con la selección argentina en el 2.005 con jugadores como Lionel Messi, Sergio Agüero, Juan Pablo Zabaleta o su compañero de Boca, Neri Cardoso, sólo ayudó a enaltecer la imagen de un jugador que poco iba a durar en su país natal a ese paso y con varios colosos del Viejo Continente, uno blanco en especial, contemplando su progresión.

Pintita, como es apodado cariñosamente, no tardaría en irse a cosas mejores luego de la derrota de su amado Boca contra Estudiantes de la Plata (dirigidos por Diego “Cholo” Simeone, como dato curioso) en un desempate histórico en el Apertura 2.006, que dejó un muy mal sabor de boca (sin ánimos de chiste) para todos los seguidores del Xeneize. Al costado, el presidente de Boca, Mauricio Macri, comenzaba a fraguar negociaciones con el Real Madrid para la venta de su principal baluarte juvenil, que era Gago. El club blanco había estado siguiendo a Fernando desde hace un buen tiempo y el equipo dirigido por Fabio Capello por ese 2.006 necesitaba de un poco más de clase y buen toque en un doble pivote “legendario” del nivel de Emerson y Diarra. En noviembre de ese año, y con una inversión de 20 millones de euros, Pintita se iba al club con el que había soñado con ser parte, el Real Madrid, junto a su compatriota de River Plate, Gonzalo Higuaín. Habiendo llegado al club madrileño, los palpables y notorios símiles con Fernando Redondo se acentuaron aún más y el paso del joven argentino por el Real siempre iba a estar achicado y menospreciado por la injusta (aunque autoimpuesta, en ciertos momentos) comparación con quien era uno de los ídolos más grandes en los últimos tiempos del gigante europeo. A pesar de ser parte de una conquista épica de una liga en sus primeros seis meses con el club, el paso de Gago por el Madrid quedaría encapsulado en algunos buenos momentos intermitentes mostrando su calidad, pero las lesiones nunca dejaron ser a un jugador que era muy frágil en el aspecto físico y, aunque no muchos lo reconozcan, en el plano emocional.

Hay que hacer énfasis en mi última acotación acerca de la fragilidad mental de Gago puesto que representa en última instancia el motivo de su verdadero fracaso en la entidad blanca y,  por más que muchos no quieran admitirlo, el final de su posible ascenso como uno de los mejores en su puesto. El Real Madrid es, por naturaleza, un club de estabilidad cambiante y donde los jugadores deben poseer la fortaleza mental para soportar las críticas de la media, el odio de los antagonistas e incluso la aversión de sus propios hinchas cuando las cosas no marchan como deben en el plano individual o colectivo. Algo similar a la situación de Gareth Bale en el club actualmente, salvando las distancias. Gago siempre ha sido un jugador de condiciones y en sus dos primeros años en el Madrid demostró que tenía galones no para ser un fenómeno como Redondo, sino aportando fútbol a un nivel acorde a sus limitaciones… pero no pudo superar los obstáculos que un deportista debe derrotar para llegar a la gloria y está documentada la debilidad de Fernando a la hora de recibir críticas hasta el punto en que han habido casos en los que se ha aislado de sus conocidos en el plano personal por no ser convocado a la selección argentina por la época de José Mourinho en el Madrid. Es un individuo que se toma muy a pecho las negativas y eso, más allá del calvario de lesiones que enduró y que también afectó su rendimiento, fue el clavo final en su ataúd madridista. Eso queda bien en claro cuando entrenadores tan diferentes y dispares en cuanto a estilos futbolísticos se refiere como Fabio Capello, Bernd Schuster, Juande Ramos, Manuel Pellegrini y el ya mencionado Mourinho no fueron capaces de sacar lo mejor de Pintita y eso ya es culpa absoluta del argentino y de nadie más. El entrenador portugués no se complicó mucho con la antigua joya Xeneize y en lugar de tratar de hacer relucir el potencial del otrora “nuevo Redondo”, lo usó pocas veces en su primer año en la capital española y lo cedió la siguiente temporada con opción de compra a la Roma de Italia a buscar continuidad en la Serie A.

En esa nueva aventura futbolística, Gago pudo recuperar algo de la confianza perdida y una continuidad que lo había eludido en sus últimas tres temporadas como profesional. Jugó más de treinta partidos esa temporada, hizo un gol; pero al final de ese año deportivo, el club romano no ejerció la opción de compra por lo que le tocaba regresar al Madrid y fue vendido rápidamente al Valencia de España. Su nivel en el club valenciano no fue del todo positivo y con rumores de que deseaba volver a su Boca querido circulando por la media (que tuvo que desmentir en público), estaba bastante claro que el argentino no iba a seguir en Europa mucho tiempo más. Así surgió la posibilidad de recalar en Vélez Sarsfield en 2.013 a modo de préstamo por seis meses, pero las lesiones surgieron una vez más y aunque ganó un torneo de liga con el equipo de Argentina, el mediocentro no consiguió revivir algo de la forma y la realidad es que desde que había dejado la Bombonera no había atisbado ni siquiera un resquicio de ese nivel que hizo que muchos nos ilusionáramos con él como una de las siguientes estrellas del panorama suramericano. Despojado de condición física, con un rendimiento pobrísimo y con la confianza en lo más profundo de los abismos, su equipo, ése que uno como hincha sigue hasta los más profundos infiernos, su Boca Juniors, decidió apostar por él en las postrimerías de su carrera y aunque ya no era el joven “5” hambriento de gloria de abundante melena, vestir la camiseta Xeneize pareció hacerle revivir algo de la forma perdida e incluso le permitió jugar el Mundial de Brasil 2.014 con su selección argentina y conseguir un subcampeonato. Lejos están los tiempos de fichaje rutilante e incluso mediático del Real Madrid, pero ha podido ganar algo de consistencia en un ambiente conocido y, más importante aún, sentirse querido por los hinchas una vez más.


Ser etiquetado como el “nuevo alguien” es una carga inmerecida que nunca vas a poder sacudirte si no posees la personalidad y el carácter para mirar a las adversidades y soportar todas las vicisitudes que puedan lanzarte en tu rostro. Gago pudo haber sido mucho más con su carrera pero entre la falta de consistencia, lesiones y una fragilidad mental que siempre le ha resentido, el mediocentro argentino nunca pudo escapar de la tortuosa sombra de un tal Fernando Redondo que era simplemente muy difícil de hacer olvidar. Gago dejó Europa sin haber perpetuado un partido imperial, una jugada que dejara huella o un momento de dominación futbolística que demostrara que pudo haber sido el crack que tantos de nosotros vislumbramos -sólo meros destellos de calidad que saben a poco, muy poco. No es demasiado tarde para Pintita –tiene sólo 28 años-, pero se ve harto difícil que pueda darle vuelta a su carrera y callar bocas en el Viejo Continente en este punto de la historia. Lo que impera en mi mente al hablar de la carrera de Fernando Rubén Gago es la sensación de un jugador que se fue deformando con el pasar de los años en una devaluación constante de su fútbol hasta el punto en que no quedó nada más que la coraza inútil de un mediocentro que aporta su experiencia y calidad técnica en Boca, pero que no posee los galones ni la personalidad para dominar un mediocampo. Es el típico caso del jugador que se montó en su mente una muralla que jamás pudo superar para triunfar. Y eso es una tristeza. Yo no sé qué pasará por la mente de Gago estos días viendo a Modric y Kroos siendo una garantía en el mediocampo del Madrid, pero no dudo de que un pensamiento solitario y portentoso vaguea por su mente: “Pude haber sido yo”.