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martes, 28 de febrero de 2017

Así lo veo, Ken: La Vinotinto sub-20 y El Principio Venezolano.

“Renunciar es para los primer ministros y a los que atrapan con sus pantalones en el piso, no para mí.”
- Brian Clough.

Hay algo que escuchamos mucho en el fútbol como si fuera el sonar de unos tambores en una jungla salvaje: las maneras importan. Hay quienes dicen que esto se refiere al estilo de juego; a la forma en que los equipos consiguen los resultados de acuerdo a su estatus en el deporte o a sus recursos. Una opinión válida y que tiene su lógica, por supuesto, pero yo les doblo la apuesta y les digo que las maneras importan porque son un reflejo de lo que somos. El sentido de representación en el fútbol se ha diluido con el paso del tiempo y, aunque hoy en día es algo paradójico ver cómo nos desgarramos apasionadamente por equipos llenos de millonarios que juegan entre sí, eso aún se mantiene; por eso podemos hallar belleza en un equipo como el Leicester ganando la Premier League, por ejemplo. Y las maneras todavía siguen siendo representativas en los seleccionados nacionales más que en cualquier otro lado porque son un reflejo de sus sociedades y de sus idearios de vida. Es muy difícil desligar el comportamiento de una selección del de su sociedad, creando así lo que llamo El Principio Venezolano.

El Principio Venezolano no es más que la naturaleza misma del ciudadano criollo: somos, en mayor o menor medida, una definición bastante clara de las mejores y peores virtudes del ser humano. No hay término medio con nosotros; somos capaces de arrastrarnos por el barro como los cerdos más inmundos de la granja más desahuciada y somos capaces de hacer los logros más alocados, como si el concepto de las limitantes fuera una motivación para superarlos. Y si soy sincero, somos más propensos a lo primero (a la derrota, a la humillación y a la falta de honor y orgullo en las dificultades) por una sola razón: es más sencillo. Así que no puedo evitar realizar estas parrafadas semi-filosóficas (y profundamente ínfimas para definir al venezolano) cuando veo en el deporte que me apasiona a una generación de jugadores venezolanos que supieron recibir golpes en la quijada, patadas en las costillas y escupitajos en la cara como pocos en este Sudamericano Sub-20 en Ecuador y aun así llevarse el premio por el que viajaron: ir al Mundial de la categoría en Corea del sur.


Enfocándonos en lo que nos interesa, debo decir que Venezuela llegó a Ecuador sin generar mucha expectativa entre los venezolanos: la selección mayor con Dudamel no había generado muchos resultados en una eliminatoria que ya se ve perdida –aunque un servidor no culpa al exarquero vinotinto de eso ya que tomó un barco que se estaba hundiendo-, esta generación no se veía muy prometedora en cuanto a los nombres y el llegar a un país donde la altura juega un rol importante y que puede causar estragos en las actuaciones de los futbolistas dificultaba aún más esta cruzada futbolística. Dudamel y su cuerpo técnico tomaron cartas en el asunto e hicieron una suerte de mini-pretemporada en Ecuador para que los muchachos se aclimataran a la altura, entrenando en las montañas donde se siente más. El resultado fue palpable y un servidor piensa que marcó una gran diferencia: el rendimiento físico de la Vinotinto-Sub 20 fue notable en todo momento del Sudamericano y nunca aquejaron fatiga, a pesar de haber jugado un partido cada dos días en la fase de grupos.

El rendimiento en cuestión fue creciendo a medida que pasaban los partidos; desde el primer encuentro contra Uruguay la selección se mostró sólida en el aspecto defensivo y capacitada para hacerle un partido a los charrúas, pero la creación de juego en ataque, siempre el talón de Aquiles de todos los combinados nacionales, había dejado que desear. Fue con el paso de los partidos que se comenzó a notar la mano de Dudamel, mucho mejor entrenador cuando tiene al grupo disponible por largos periodos de tiempo (como cualquiera, ¿no?), y el equipo comenzó a fluir mejor y el juego se tornó mucho más efectivo, a pesar de la falta de gol de algunos de sus atacantes como Ronaldo Peña (más acerca de él más adelante).


Plantándose con una defensa sólida, la selección Sub-20 solo recibió un gol durante la fase de grupos, aunque solamente hizo uno también, lo que significó que pasaron con cuatro empates y sin lucir mucho en el proceso. Hasta ese momento, las señales no eran muy prometedoras, pero se había clasificado con sufrimiento y pasando dificultades como expulsiones de jugadores importantes como Yangel Herrera (nuevo jugador del Manchester City y cedido al New York City de la MLS) o Eduin Quero (tal vez el elegido para acabar con la Maldición del Lateral Izquierdo Venezolano); un rasgo característico de los mejores equipos nacionales. Y teniendo como rivales en el Hexagonal a Colombia, Ecuador, Brasil, Uruguay y Argentina en ese orden, con cuatro como posibles clasificados, era bastante lógico asumir que Venezuela no tendría oportunidad; pero ahí es donde se crecieron estos muchachos y dieron cara a la adversidad con sendas goleadas a los dos equipos más fuertes de la competición, Uruguay y Ecuador, y dejando en el camino al Mundial a países como Colombia y Brasil, además de dejar a Argentina mordiéndose las uñas hasta el último minuto para ver si irían a Corea del Sur.


Cada clasificación a un Mundial, sea de divisiones inferiores, de fútbol femenino o masculino, se celebra sobremanera en este país porque es una de esas pequeñas victorias que no siempre nos podemos permitir y que demuestran que siempre hay algo de optimismo incluso en los momentos de mayor penumbra. Esta generación de los Soteldo, Peña, Herrera, Fariñez, Velazquez o Hernández han sabido aguantar muchos golpes injustos en este Sudamericano –como las dos expulsiones por reclamos en el Hexagonal contra Brasil, sin mencionar las suspensiones al cuerpo técnico- y seguir adelante para cumplir el objetivo. Esa capacidad de resistencia, de aceptar el sufrimiento y seguir adelante está dentro de todos los seres humanos en sus mejores momentos, pero en especial dentro de los venezolanos porque estamos hechos de otra cosa; somos capaces de dar pena y de sorprender a propios y extraños.

Si hablamos área por área, debemos decir que la defensa dejó muy buenas sensaciones durante todo el torneo, demostrando una solidez que rara vez se ve en los combinados nacionales de Venezuela y siendo muy difícil de penetrar, exceptuando esos minutos de descalabro contra Argentina en el último partido en el Hexagonal donde concedieron dos goles en los minutos de descuento del primer tiempo. Wuilker Fariñez está ya llamado a ser arquero de la selección mayor en los próximos procesos debido a su amplia experiencia en primera división con el Caracas, en la Copa Libertadores y en haberse curtido con el seleccionado mayor en diferentes convocatorias, además del enorme rendimiento que demostró en el torneo y siempre transmitiendo seguridad y confianza en el arco a pesar de su corta edad.


Aunado a eso, los cuatro en el fondo conformados por los laterales Quero y Hernández y la dupla de centrales Mejía y Velázquez, fueron un seguro de vida durante casi todo el torneo y se merecen un vasto reconocimiento por los éxitos de esta clasificación. Ronald Hernández ha sido una buena sorpresa como lateral derecho con sus buenas subidas al ataque y siendo dúctil en defensa, mientras que Quero no fue espectacular en ningún momento del torneo, pero no logró ningún error y eso se aprecia como defensor (lastimosamente, por ese reclamo contra Brasil en la antepenúltima jornada no pudo jugar los dos partidos restantes). Lo de Joshua Mejía y William Velazquez ha sido uno de los puntos más altos del combinado nacional; el primero mostró una muy buena salida como central (una rareza en nuestros defensores) y cualidades de tiempista, como dicen, y el segundo, que ya se ha ganado su fichaje por el Watford de la Premier, fue uno de los mejores jugadores del torneo siendo sobrio, constante en su alto rendimiento y siempre haciendo intercepciones claves. Venezuela no puede presumir de haber producido grandes zagas defensivas, por lo que una selección juvenil tenga estos posibles baluartes es de lo mejor que nos pudo haber pasado y un servidor espera que ellos crezcan en su carrera y no se pierdan.

El mediocampo fue un poco irregular en la competición, en parte por las suspensiones y en parte por la falta de consistencia. Yangel Herrera, con todo y sanciones, fue una de las sensaciones del torneo por su gran nivel como un mediocampista mixto y su liderazgo, mientras que Ruiz, su compañero en el doble pivote, tuvo una labor más en las sombras y cautelosa; Ronaldo Lucena, de la dinastía Lucena que tantos jugadores ha producido para el país, fue el sustituto natural de Herrera durante el torneo y tuvo un rendimiento algo opaco, sin pena ni gloria. Sergio Cordova era, a priori, una de las principales armas ofensivas del seleccionado Vinotinto; el extremo del Caracas es rápido y potente, pero debe mejorar en su recepción del balón y ser más incisivo. De todos los jugadores del once inicial, siento que es el que más se quedó a deber, a pesar de ese gran gol que le marcó a Ecuador en la goleada 4-2 en el Hexagonal.


Párrafo aparte se merece el que, para mí, fue el mejor jugador del torneo: el nuevo futbolista de Huachipato de Chile, Yeferson Soteldo. El ahora exjugador del Zamora fue un deleite durante toda la competición con sus desbordes endemoniados, su portentosa velocidad y el hecho de que supo enfocar todo eso en goles y asistencias para el equipo en los momentos más importantes, sin mencionar la frialdad con la que manejó los penales claves contra Ecuador y Uruguay para poder definir los partidos. Es entendible el gran rendimiento de Soteldo en el Sudamericano si analizamos que ya ha ganado títulos con Zamora siendo el mejor jugador de la liga venezolana, jugó competiciones internacionales a gran nivel y que ha debutado en la selección mayor sin desentonar. Estaba por encima de los demás de la categoría y demostró con galones que tenía con qué. Y desde aquí le aconsejo a Soteldo que siga trabajando de la forma en la que lo ha hecho porque tiene potencial para ser de los mejores jugadores que ha dado Venezuela.

No todo ha sido una maravilla en el conjunto venezolano y eso se notó con las opciones que se manejaban en la delantera y los resultados que proveyeron. Ronaldo Chacón hizo un par de goles, pero su juego con los mediocampistas y su sacrificio no fue el mejor; por el otro lado, Antonio Romero fue un delantero cuyo mejor aporte fue una expulsión que todavía no entendemos ante Uruguay en la que no se involucró en ninguna falta o en cualquier tipo de jugada –en serio, no estoy exagerando-, pero que también se le notó muy aislado del resto del equipo en varios partidos.


Lo que nos deja con el último jugador, el último delantero y el último Ronaldo (sí, hay muchos Ronaldos en este equipo): Ronaldo Peña. Siendo delantero del equipo B de Las Palmas de España, Peña era visto como una de las principales figuras de este seleccionado nacional y se esperaba que contribuyera con goles que al final nunca llegaron durante todo el torneo, siendo el principal blanco de las críticas de los venezolanos. Aquí yo quiero defender a Peña porque si bien no hizo goles y eso hay que criticárselo a cualquier delantero centro de oficio, el de Acarigua nunca fue ocioso ni se dejó consumir por la sequía goleadora: siempre estuvo dispuesto a arrastrar marcas, a bajar a defender, a presionar para el equipo e incluso a jugar de extremo en tareas defensivas (contra Argentina en la fase grupos jugó incluso de carrilero derecho). No hay muchos delanteros de 19 o 20 años que tengan esta disposición y este sacrificio, entendiendo que se trata más del equipo que de uno mismo y estar dispuesto a contribuir de cualquier otra forma si no puede anotar. Sí, me hubiera encantado que Peña hiciera más goles, pero nadie puede negar que el chico le puso cojones al asunto.

En líneas generales, Venezuela fue uno de los mejores equipos de la competición y uno de los más constantes, perdiendo solamente un partido muy polémico contra Brasil y otro contra Argentina donde estaba prácticamente clasificado el elenco Vinotinto (ambos en el Hexagonal). La labor no fue sencilla y el equipo aún no está al máximo de su capacidad; Peña deberá comenzar a anotar y el mediocampo deberá ser más consistente si desean hacer ruido del bueno en Corea del Sur en mayo. Pero lo más importante es la mentalidad: hubo momentos en esta competición donde otras selecciones, ante el rostro inmundo de la injusticia y la adversidad, hubieran capitulado y se hubieran rendido, pero estos muchachos mostraron la mejor de las disposiciones y supieron imponerse ante rivales de mayor envergadura y con mejor preparación, comparando la situación de sus países con la del nuestro.


Al final del día, los venezolanos no deben sentirse orgullosos de esta selección Sub-20 por la clasificación al Mundial, sino por el hecho mismo de que lo hicieron de la manera más venezolana posible: sufriendo, padeciendo injusticias, complicándose en algunos momentos donde todo parecía sencillo, victorias imperiales cuando nadie las esperaba y el recibir todo lo malo en la cara pero siguiendo hacia el objetivo con una fuerza de voluntad incontenible. Lo hicieron a la manera de los venezolanos y lo hicieron demostrando un gran nivel de juego, sin esconderse ante rivales como Argentina, Brasil, Uruguay o la talentosa generación local de Ecuador; lo hicieron con garra y con corazón.

Los venezolanos no tenemos muchas cosas de qué alegrarnos estos días, pero las formas nunca deben olvidarse y estos muchachos deben ser felicitados por haber glorificado El Principio Venezolano.

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viernes, 6 de enero de 2017

Scouting: ¿Quién es Tomás Rincón y qué le aporta a la Juventus?

“Así como muero, una leyenda nace. Me plantaré, pelearé. Nunca me tomarán vivo.”
- Judas Priest, Blood Red Skies.

Una ley no escrita entre todos los deportistas, escritores, músicos y demás personas que cosecharon éxitos en diferentes disciplinas y profesiones es que lo que lograron derivó de una cantidad de esfuerzo que la gran mayoría de nosotros calificaríamos como demencial. ¿Cuántas veces, entrando de una vez al fútbol que es lo nuestro, hemos visto a un jugador top y hemos dicho “Eso que hace lo puede hacer cualquiera, es fácil”? Vamos, todos lo hemos dicho abiertamente a uno de nuestros amigos o familiares. Lo que muchas veces no vemos es el esfuerzo, las incontables horas de trabajo y los sacrificios que conlleva no llegar a la cima, sino simplemente atisbar la vastedad de su magnitud. Nosotros los espectadores solemos ver meramente la versión final: la versión que se bate en los campos de juego y que no es más que un producto consecuente del esfuerzo imprimido. Y ni siquiera estoy hablando de los Messis o Cristianos del fútbol; estoy hablando de los de segunda, tercera y hasta cuarta hilera que han conseguido grandes cosas, pero sin mucho reconocimiento en los clubes bajos de las ligas importantes. Los obreros. Y si hablamos de obreros, les presento al General de la Clase Trabajadora: Tomás Eduardo Rincón Hernández, nuevo fichaje de la Juventus.


Como venezolano y dejando de lado el profesionalismo e imparcialidad que intento proyectar en este blog (créanme, lo intento), el sentimiento de orgullo que impera en mí al ver a un compatriota engalanado en la camiseta de un club legendario de Europa por el que han pasado figuras como Zidane, Baggio, Platini, Del Piero o Buffon es incontrolable. Es una de esas sensaciones que surgen de una manera muy honesta y sencilla de mi corazón. Por supuesto, eso proviene de la óptica de alguien que conoce a Tomás como futbolista desde que estaba en Venezuela y que sabe a quién está fichando la Juve; los aficionados del cinco veces campeón de Italia que no son venezolanos poseen dudas de que esté a la altura del club y hay quienes de plano reconocen que nunca lo han visto jugar, más allá de un par de videos y encuentros contra la Juventus jugando para el Genoa. Eso es entendible; es más, yo estaría igual, si fuera hincha del club y no conociera a nuestro nuevo fichaje que viene, según tengo entendido, a solventar una problemática en el mediocampo. Y aquí es donde la cuestión se pone interesante desde mi perspectiva: si bien estoy orgulloso y me siento representado por el logro de Rincón de fichar por la Juventus, no solamente estoy orgulloso porque compartamos el mismo pasaporte o porque hayamos nacido en el mismo territorio; estoy orgulloso de él porque ha sido él. Tal vez dejando de lado a Juan Arango, no ha habido nadie más digno en el fútbol venezolano para jugar en un grande de Europa.

En mi artículo acerca de la actuación de la selección Vinotinto en la Copa América Centenario en junio, resalté mi admiración acerca de la consistencia superlativa que el de San Cristóbal ha sabido tener en el combinado nacional y que ha capitaneado de manera ejemplar, incluyendo las horas más bajas de estos últimos tiempos (especialmente durante esta época). Y es que darlo todo a través de la muchas veces infravalorada consistencia es la mejor herramienta de Tomás; ciertamente no es un Andrea Pirlo o un Michael Laudrup, pero su garra, su corazón y su gallardía son lo que lo hacen lo que es: un caballo de guerra que siempre es el primero en dar un paso al frente y el último en caer. ¿Quién es Tomás Rincón y qué le puede aportar a la Juventus? Veamos.


El tachirense dio sus primeros pasos en las divisiones inferiores del Unión Atlético Maracaibo, donde nunca llegaría a debutar, antes de firmar con el Zamora Fútbol Club donde consiguió regularidad en el fútbol profesional venezolano. Comenzaría a ganar enteros en el equipo de su ciudad natal, el Deportivo Táchira (el equipo más grande del país junto con el Caracas FC), y sus buenas actuaciones le permitirían debutar con la selección venezolana en 2008. Para sorpresa de propios y extraños, el criollo ficharía en 2009 por el Hamburgo de Alemania y aunque el gigante de la Bundesliga ha estado compaginando campañas bastante negativas desde hace años, Tomás supo asentarse en el club, aprendiendo alemán desde el comienzo y dedicándose al equipo dando el 100%. Los aficionados del club todavía le tienen aprecio por haber sido de los jugadores más rendidores y constantes durante sus cinco años en Alemania; éste es un sentimiento que se ha convertido en norma durante la trayectoria de Rincón en todos los equipos en los que ha jugado.


El punto bisagra en su carrera fue su traspaso al Genoa de la Serie A como agente libre en junio de 2014. Ha sido en Italia donde el sacrificio y esfuerzo de Tomás ha ganado un mayor grado de técnica y de arraigo ofensivo; ha sido en el Genoa donde ha podido no solo mostrarse como un contención de calidad, sino también como un mediocentro mixto que tiene técnica en espacios reducidos y que puede llegar a conducir al equipo hacia adelante. Claro, no es Luka Modric, pero es un ápice positivo que ha conseguido en ese aspecto; si quieren un ejemplo, piensen en él como una versión venezolana de Radja Nainggolan con menos gol. De todas maneras ha anotado cuatro goles: sus primeros tantos estando en Europa, aunque reconozco que es una cifra baja para un mediocampista de carácter box-to-box.


Pero, a mi criterio, es en la selección venezolana donde se puede hacer el mejor diagnóstico de las virtudes de Tomás Rincón. El de San Cristóbal ha sido con el pasar de los años uno de los bastiones inexorables del ascenso Vinotinto a mayores estratos futbolísticos y ha sabido establecerse como un líder en esta última etapa tras el retiro de la selección de otro crack de nuestro fútbol, Juan Arango. Incluso en las horas más oscuras de Venezuela, Tomás Rincón ha aportado balance y ha sido el jugador más rendidor del equipo cuando no ha habido equipo como tal, cuando las cosas iban de mal en peor; es el tipo de carácter y determinación que ha hecho que la Juventus se fijara en él como una opción puesto que pantalones le sobran en momento donde hay que ensuciarse y sudar sangre, si es necesario. Si quieren un ejemplo, fue votado como el mejor jugador de la Copa América del 2011 en Argentina, donde Venezuela fue cuarta, habiendo siendo suspendido en dos partidos.


Entonces, ¿qué le aporta “El General”, como es apodado, a la Juventus? Corazón y garra. Eso es Tomás Rincón en tres palabras que lo definen en su entereza. Si queremos explayarnos en términos futbolísticos, contribuirá agresión y fortaleza física a un mediocampo juventino que no ha sabido recuperarse en ese aspecto de las ventas de Pogba y, especialmente, Arturo Vidal. Sturaro y Khedira pueden aportar en ese renglón, pero al primero le falta experiencia y técnica y al segundo ya le está pegando la edad. Allegri buscaba un mediocentro del perfil de Rincón y barajó muchas opciones antes de ficharlo a él (Matuidi, Witsel, Kanté y hasta brevemente al propio Nainggolan), pero eso no debe desanimar al venezolano porque sus contribuciones permitirán que la Juve obtenga el suficiente balance que Pjanic y Marchisio, los pensadores del equipo, necesitan para hacer su magia con sus pases y claridad de juego. Rincón viene a balancear el mediocampo; es un fichaje táctico y de complemento. No es un fichaje lujoso o que te gane una Champions con una jugada decisiva, pero te dará el balance para competir. Ésa es la palabra clave: balance. Y de eso, Tomás tiene y mucho. Tampoco es ningún incapaz con el balón en los pies; muchas veces (y esto lo pude atestiguar también en persona durante el primer partido de la Eliminatoria Mundialista en agosto de 2015 en Venezuela) lo he visto quitarse hombres de encima en espacios reducidos a base de técnica y, según las estadísticas, tiene más dribles que todos los mediocampistas de la Juventus. No es un dato menor.


Tomás Rincón es un futbolista al que no se le ha regalado en su carrera y que ha sabido recibir el golpe en la quijada para continuar. Es un luchador y ése es el tipo de jugadores que la Juventus necesita para equilibrarse con sus cracks. Como todo buen venezolano, espero que le vaya bien con el campeón de Italia y que demuestre la valía que sabemos que tiene. Si ha habido alguien en los últimos tiempos en Venezuela que ha liderado con el ejemplo, ése es Rincón y le ha tocado su momento para demostrar ante el gran espectro del fútbol mundial de lo que está hecho.

La habilidad de sacrificarse diariamente por un objetivo es un talento en sí. Tomás Rincón es el General de ese pelotón.

PD: ¡Feliz año a todos! Que se cumplan todas sus metas y que sus momentos malos no opaquen los buenos. Espero poder seguir compartiendo posts por estos lares y, más importante aún, que tanto ustedes los disfruten como yo escribiéndolos.

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lunes, 20 de junio de 2016

Así lo veo, Ken: Dudamel, todo es sobre la identidad.



“Si lo que queremos es ganar en el minuto cuarenta e ir 4-0 hay que ir a la Castellana (Real Madrid). Esos sí son capaces de hacerlo. ¿Qué podía ser más plácido el resultado? Pues sí, pero aquí hay que sufrir como perros. A estas alturas hay que sacar conclusiones.”
- Paco Jémez

¿Puede el ser humano ofrecer un criterio balanceado y objetivo sobre, bueno, cualquier cosa? Seguramente no. Estamos llenos de demasiadas emociones, vivencias y opiniones para permitimos emitir juicio exento de parcialidades; incluso yo, ejerciendo mi rol de blogger futbolero, estoy inevitablemente destinado a caer en esa situación –todos lo estamos, para esos efectos. Los venezolanos somos muchas cosas –flojos, mañosos, relajados, nos reímos de todo, sabemos llevar castigo, entre muchas otras cosas- pero, por encima de todo, somos reaccionarios, alocados y no nos guardamos nada en tiempos de desgracia. Pero hoy, como nación criolla y Vinotinto que somos, debemos dejar algo bien en claro y que no sea influenciado por nuestros arrebatos de emotividad: Rafael Dudamel ha hecho un gran trabajo con la selección venezolana en la Copa América Centenario.


La selección de Venezuela llegaba a Estados Unidos golpeada en todos los sentidos de la palabra: anímicamente, públicamente y futbolísticamente. La era Sanvicente había generado más pérdidas que ganancias y eso supuso un retroceso importante en el progreso de la Vinotinto puesto que se fue de la Copa América del 2015 dando una imagen un tanto pobre en la fase de grupos y quedando, hasta el día de hoy, en la última posición de la tabla en la eliminatoria para el Mundial de Rusia 2018, dando una imagen realmente pobre. Además del poco nivel que se exhibió en la cancha, la era del “Chita”, como es conocido popularmente, dejó un sinfín de polémicas y diatribas fuera del campo de juego que reflejaban un vestuario que no estaba a gusto con las actitudes déspotas y totalitarias de su entrenador y cansados de una Federación Venezolana de Fútbol altamente corrupta –no hay más que ver que el otrora presidente de la FVF está preso por casos de lavado de dinero y demás “linduras”- que no ha invertido en absoluto para fortalecer un fútbol venezolano que indudablemente se halla en un estado de estancamiento.

Rafael Dudamel, uno de los primeros próceres, si así desean llamarlo, de nuestro fútbol nacional en sus tiempos de portero, aceptó el cargo como seleccionador de la Vinotinto a sabiendas de que estaba a punto de trabajar con una federación que lo dejaba a su suerte, un camerino roto y un equipo que yacía en lo más profundo de un abismo deportivo –el trabajo que nadie quería tomar, vamos. Y un par de meses después –estamos hablando de un entrenador que no tiene ni medio año en el cargo-, Dudamel ha logrado unificar a los jugadores, implementar su ideología de juego de manera exitosa y conseguir resultados en una Copa América Centenario donde a priori se les había dado por muerto. No era para nada fácil, y aunque la derrota contra Argentina deja un sabor amargo por cómo se desenvolvió, hay que estar satisfecho por lo cosechado en un contexto tan funesto como éste y comprender que este equipo de trabajo ha logrado algo en este torneo que los venezolanos no teníamos desde hace años: recuperar la fe y la identidad en la selección.


Una de las mayores críticas que recibió la Vinotinto durante el tan vilipendiado periodo de Sanvicente era el bajo nivel de juego que se demostraba en los partidos: el equipo se veía constantemente superado en todos los aspectos del juego y muchas veces dejaba entrever esa falta de fluidez y de sinergia con su entrenador. Aunque los amistosos de la selección en este nuevo ciclo dejaban a la vista más performances en ésa línea, una vez que se llegó al terreno norteamericano el plantel pareció enseriarse y realizaron una serie de partidos con el mejor fútbol que se ha visto en años en Venezuela. Aplicando presión alta, simpleza defensiva –no esperen salir jugando desde los defensas centrales a lo Barcelona con esta Venezuela- y mucho toque en la transición a tres cuartos de cancha han sido algunas de las idiosincrasias de la Vinotinto de Dudamel y ha cosechado éxitos en un grupo de la Copa América donde los daban por muertos contra equipos como Jamaica –tal vez un rival inferior, pero que era subcampeón de CONCACAF-, Uruguay –un equipo que siempre es de armas tomar- y un equipo de México que contaba con un buen plantel –clasificar empatado en puntos con el líder y sin perder es un gran logro y que no debe ser ninguneado. Y todo esto dejando una muy buena imagen en los partidos y probando las capacidades de Rafa para motivar a los jugadores y sacar lo mejor de ellos en cada partido. Ojo, Venezuela estuvo a un gol “maradoniano” de Corona de clasificar de primero de grupo, con valla invicta y con nueve puntos de nueve.


Párrafo aparte para los jugadores porque ellos también merecen mucho crédito por el retorno de forma en la palestra internacional. A pesar de estar en la época de mayor producción de talento futbolístico en Venezuela, los jugadores no rendían como se esperaba y las incontables quejas de los mismos con la prensa, el ambiente general en el que vivían y los directivos (algunas justificadas y otras no tanto) han hecho que ellos sean los principales objetos de la iracundia del público criollo. Y si bien Dudamel merece reconocimiento por haberlos motivado de nuevo y hacerlos rendir, mayor mérito tienen ellos por darle la vuelta a un escenario adverso y responder como un jugador de nivel debe hacerlo: en la cancha y que sus pies hablen por ellos. Futbolistas como Salomón Rondón, Josef Martínez o Alejandro “El Lobo” Guerra habían sido altamente criticados por su pésima actualidad en la selección en los últimos meses y en la Copa América Centenario probaron ser de los mejores del equipo mostrando buen juego, sacrificio y ganas de triunfar. Remarcable lo de Guerra porque nunca había alcanzado la regularidad deseada en la Vinotinto desde su joven debut y hoy en día, con 31 años, ha podido trasladar al nivel internacional lo que hace semanalmente con su club, el Atlético Nacional de Colombia. Nuevos adeptos a la causa como Arquímedes Figuera, Wilker Ángel o el invitado en nuestro Blog, Adalberto Peñaranda, han encontrado un espacio en el once inicial y han desplegado una serie de actuaciones que son desde alentadoras hasta esperanzadoras; por el otro lado, jugadores que volvían como Dani Hernández, Rolf Feltscher o Yonathan Del Valle supieron aprovechar esta segunda oportunidad que se les daba y ahora se presentan como alternativas renovadas en un proceso de eliminatoria que, aunque se presenta muy cuesta arriba, ya se no ve tan oscuro después de este torneo. De Tomás Rincón no voy a hablar; es un fenómeno, siempre ha dado la cara por la selección y su rendimiento ha sido constante desde que debutó con la Vinotinto: superlativo.

El seleccionado de Venezuela ha recuperado su brillo, su buen juego y, más importante aún, la irreverencia y las ganas de irrespetar al rival sin importar quién sea; sólo hay que ver el 1er tiempo contra Argentina y atestiguar cómo estando perdiendo por dos goles el equipo seguía buscando y empujaron a un equipo rebosante de talento individual a su propio arco. Y bueno, se concedió un penal a favor de Venezuela y Luis Manuel Seijas demostró la siempre presente habilidad de los venezolanos de colgarse la soga al cuello por su propia cuenta… pero no ahondaré en eso que tenemos cosas más importantes de que hablar y no quiero molestarme.


Es importante destacar que tampoco debemos pretender que Venezuela es ahora la Naranja Mecánica y que va a ganar el Mundial. La solidez defensiva aún debe ser trabajada; la fortaleza mental del equipo, aunque mejorada en esta competición, se fue al demonio en el segundo tiempo contra Argentina; y algunos jugadores como Oswaldo Vizcarrondo y el propio Luis Manuel Seijas –no por el penal, sino porque desde hace años que no gravita futbolísticamente en el equipo- ya han pasado su fecha de caducidad con la Vinotinto y todo lo señalado se demostró en los cuartos de final de la Copa América donde todos estos defectos salieron a flote en forma de errores y goles para la albiceleste –son aspectos que limitan la progresión del equipo criollo y que deben ser minimizados hasta el punto de ser inofensivos. ¿Cómo hacemos esto? Planteándole una idea clara de juego a los jugadores y trabajándola –cosa en la que Dudamel me ha dejado buenas sensaciones-, cosechando resultados positivos que fomenten la mejor actitud posible y cambiando esa mentalidad fatalista que tenemos los venezolanos al decir que nuestra selección nacional “no sirve” o “son unos malos” cuando se pierde, como dicen muchos disque aficionados que parecieran disfrutar con las derrotas del equipo y restan más de lo que suman.


Las eliminatorias a Rusia 2018 son el siguiente desafío de este cuerpo técnico y grupo de jugadores; la situación no es para nada buena con solo un punto y estando de últimos, pero la realidad del asunto es que se debe trabajar en aras de conseguir la mayor cantidad de puntos posibles para al menos quedar en un puesto digno –aunque destaco que la obtención del 5to lugar, el de repechaje, no sería una utopía si se sigue en esta línea de juego y con este rendimiento- y también para desarrollar y cultivar a la siguiente generación Vinotinto que tiene un reto aún mayor: Qatar 2022. La Copa América Centenario puede ser el punto de inflexión de la selección venezolana en futuras actuaciones puesto que se demostró que se puede competir a un mayor nivel, que estos jugadores están a la altura del reto (aunque hay que seguir solucionando los problemas de juego) y que se puede jugar bien; ahora se debe trabajar para terminar de arreglar la imagen maltrecha de la etapa “Chita” y comenzar a introducir a los Ponce, Soteldo, Añor, Villanueva, Contreras y muchos otros que tomarán el testigo de muchos de estos futbolistas para las eliminatorias posteriores –el trabajo será doble, pero Dudamel, con su pasado en las selecciones juveniles y el crédito obtenido en este último mes, está demostrando que tiene los galones y el temple para afrontar escenarios adversos. Así como lo demostró en su etapa de jugador siendo un pionero criollo en el extranjero, Rafa volvió a atestiguar en esta ocasión que estamos en buenas manos.


Muchas gracias, Dudamel. Muchas gracias, Vinotinto. Gracias por recordarnos que no todo está perdido y que hay esperanza de seguir batallando mientras se intente y no se pierda eso que nos mantiene unidos: la identidad.


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sábado, 16 de abril de 2016

Interview: Granada CF’s Adalberto Peñaranda.



Author’s note: if you want to read the Spanish version of the interview, go here.
Nota del autor: si quieren leer la versión en español de la entrevista, vayan para acá.

Adalberto Peñaranda surpassed the expectations that were bestowed upon him in just a couple of months. After leaving Venezuelan football to work his trade at Spain’s elite, many of us Venezuelans believed that the eighteen year old striker would we needing a certain amount of time to adapt, but the reality of the matter is that if there ever was a time to adapt, it was short lived. The kid born at Mérida has been one of the young European sensations at the humble Granada side with notorious performances and by scoring vital goals for his club, making him in the process the youngest player to ever score a double in La Liga –a record that a certain Lionel Messi used to hold. While he was shining for his team, he also earned a signing to Premier League’s Watford FC and already made his debut with Venezuela’s senior National team in the process. Things are looking very well for Peñaranda and yours truly took the liberty to contact his management for an interview where we discussed several topics. I can happily say that Adalberto accepted and answered all my questions in a very friendly manner. I hope you enjoy it.

KT: first of all, thank you so much for agreeing to do the interview, Adalberto, and welcome to La Soledad del Nueve.
AP: thank you for having the interest.

KT: obviously, because of your quick ascension, you have become in one of the new stars of Venezuelan football –first with Deportivo La Guaira at our country and now with Spain’s Granada. Tell me; what was the hardest ordeal in the transition of coming from the Venezuelan league to La Liga, one of the best in the world?
AP: the tactic level has been the hardest part. Playing football at Spain is very different to do it in Venezuela; the sprints and the touches have to be twice as fast and the pressing in the matches is also double.

KT: we have seen you play as a left winger and as a forward. Considering the success that you had in both positions at your club, where do you think you perform at a higher level and why?
AP: I like playing in both positions, really; if I am playing as a left winger I can run at my full back with much more speed and if I’m playing as a forward I have the freedom to attack while receiving major support of the team.

KT: a theme that is very recurring in sports forums and basically any place where La Liga is discussed is the very known economical unbalance that exists between the big clubs like Madrid, Barcelona and Atlético in comparison to the likes of Rayo, Eibar and your Granada side, to name a few. Is the difference palpable on the pitch or is it merely a cliché from the media?
AP: you can tell on the pitch. Great clubs buy great players; that has been like that since always and you can see that on the pitch.


KT: José Ramón Sandoval was the manager that gave your debut at Spanish football and you have mentioned the positive that he had in your development at several occasions. How did you take the news of him getting sacked and has José González’s arrival been a positive influence at a club with such a precarious moment as Granada?
AP: I took the news in a very professional manner. This is football and is a job; I’m very grateful to him for giving me the chance to play with the 1st team and I will never forget that; and José González is a manager with a good character to guide players, I get along well with him and I understand the way he sets up matches.


KT: a while ago it was announced you’re signing to English league’s Watford. What expectations do you have of the Premier League and of the team managed by Quique Sánchez Flores?
AP: well, I have not even thought about it. Right now I’m playing for Granada and my goal at the moment is to get points with Granada.

KT: Does announcing that you are going to another team in the middle of the current season can be a conflict of interests, considering that the club is fighting for relegation and that you already have your future sorted? Or is it something that the player doesn’t think?
AP: the media thinks about it, but not me.

KT: Can you tell me about you adapting to the life at Spain?
AP: it has been pretty easy; they speak the same language as me, their culture is different, though, but thanks to God I have been treated in the best way since I got here.

KT: how do you see Venezuela’s National team in the upcoming Copa América Centenario, taking into consideration the negative results and all the controversy that has been around the team?
AP: I am positive about it. We are a good team despite the obtained results, but Venezuela has never been a favorite so we’ll have to do what we always do, which is working hard to improve ourselves.


KT: the National Team has been playing for many years now with two forwards, being one of them a much more physical and pivot like one, which is the case of Salomón (Rondón). Can you see yourself playing alongside Rondón as a much more roaming forward or would you prefer playing as a the focal element of the attack?
AP: I cannot decide that; that is the manager’s decision, but I’d do my best work at any given position, without a doubt.

KT: some mandatory questions: Who were your football idols and why?
AP: as a little boy, Ronaldinho, and right now I really like how Neymar plays; they are great players and their mobility all around the pitch is just insane.

KT: what other interests do you have, besides football?
AP: music. I really like listening to music all the time.

KT: the most difficult player you had to face and why?
AP: Messi; you just can’t reach him.

KT: who is the best player at Granada?
AP: I think Rochina is a wonderful player.

KT: the best moment of your career and why?
AP: my first double at La Liga because I broke one of the competition’s historical records.

KT: what are your personal goals in this sport?
AP: to play at a World Cup, win it and put my winner’s medal next to the Champions League’s one.

KT: how are you preparing your English for Watford? Hahaha
AP: I’m at level success (*a running joke at Venezuela because of a TV commercial*).

KT: thank you so much for this extensive interview, Adalberto. Any message you would like to say to your fans and our readers. Where can we follow you?
AP: @Adalbertopr7 at Instagram and Twitter and Adalberto Peñaranda is my fanpage in Facebook. I would like to say to my fans that I’m immensely grateful for your good comments and the support that I have been given in each one of them and that I will keep doing my best to keep giving you joy.

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