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martes, 24 de enero de 2017

Zona Cafetera: Hasta siempre, Rey de las Cabañuelas, ROBERTO CABAÑAS

Este artículo es de la autoría de Yeison Plazas, como todos en esta categoría.

No se para a meditar que se puede provocar la avalancha que hoy sería trágica.”
-          Barón Rojo, El Gladiador.

Y con esta frase de una canción de la mítica banda, Barón Rojo, describo a Roberto Cabañas, ídolo Americano y Xeneize, quien era simplemente un Gladiador, un jugador de esos exquisitos pero que tenía un carácter envidiable. Sentía la camiseta y por eso se ganó el cariño de los hinchas americanos.


Solo estuvo dos temporadas en la escuadra de los Diablos Rojos, pero en éstas hizo literal diabluras; jamás se olvidará ese gol de gran factura contra el Deportivo Cali en la final de 1986, donde en una jugada magistral se burla toda la defensa azucarera. Ni cómo olvidar su paso en la Libertadores, ésta tan esquiva para la “Mechita”, pero su aporte fue tan importante: en las dos finales que disputo, le marcó a River y a Peñarol; ambos goles de gran factura, pero a mi parecer el mejor fue el de Peñarol, sin dejarla caer, un “bombazo” y el Estadio Centenario se cayó por unos minutos y la hinchada aurinegra veía con impotencia el posible campeonato del América, pero ya sabemos la historia.

Era tal su carácter que muchas veces se peleó con el Medico Ochoa porque no le gustaba sus planteamientos y se los cuestionaba, como por ejemplo en esa final contra Peñarol, donde pone a Aponte, un defensa, de delantero para tapar la salida de los jugadores del club Uruguayo. Algunos periodistas de la época lo acusaban de “marrullero” pero lo que no entendían era que venía en su sangre eso que llamamos JERARQUIA y liderazgo.

Un mago, con esa palabra lo define mi padre, donde sorprendía con sus medias voleas esporádicas. También se destacó por ser un atleta, físicamente era entero, si Cabañas hubiese jugado en esta época no tendría que envidiarle a un Neymar, por dar un ejemplo. Y por esas medias Voleas se ganó ese apodo que le puso el periodista Iván Mejía: el Rey de las Cabañuelas. En una entrevista hecha el 26 de Noviembre en Caracol Radio, le preguntaron si sabía quién le había puesto este apodo, el cual respondió que no pero agradecía al que lo hizo porque eso lo hizo conocer mundialmente.


En esa misma entrevista manifestó su amor por el rojo, por Cali, donde tuvo dos hijas y vivió por largo tiempo. Para él era una ciudad increíble y deseó lo mejor para el partido que se jugaría el 27 de noviembre donde ya se sabe la historia: el, ¡ascenso!

Su hermano comentó en otra entrevista de la misma cadena radial que Cabañas sufrió ese partido desde Paraguay como un hincha más y no entendía lo que estaba pasando, pero cuando sonó el pitazo final lloró de alegría por el hecho histórico de la escuadra roja volviera a primera

Fue tanto su amor por América que el día de la derrota de la final contra Peñarol, le recriminó hasta al Médico y éstas fueron sus palabras sobre ese partido:

“Nunca olvido que el Medico Ochoa me impidió ser campeón de América en la Libertadores contra Peñarol en Chile: restaban minutos, segundos, yo estaba en el banco, me sustituyeron por lesión; le dije al Profe: ‘Déjeme meter a la cancha, frenemos el partido, nos tienen encerrados y verás que salimos campeones; déjame, entro y formo quilombo, no importa que me expulsen, me importa es ser campeón de América’, a lo que el Profe Ochoa me dijo: ‘No, Roberto, esto lo ganamos con fútbol, no con mañas argentinas.’ Segundos después el gol de Aguirre, lo miré y le grité: nunca te lo voy a perdonar, NUNCA, por impedir que fuéramos campeones de América… Hasta la fecha no me hablo con el Médico Ochoa. No sé si ese distanciamiento me lo llevo a la tumba.”


En otra anécdota le preguntaron que si sabía que en Cali se había ido la luz cuando hizo el gol Peñarol y con su humor característico respondió: “Menos mal, porque qué vergüenza con la hinchada ese oso que hicimos en Chile”. Después de eso escribió su historia con Boca Juniors, muchas veces Roberto afirmó ser hincha de Boca, en muchos clásicos le marcó al eterno rival River Plate, él llegó a ser Xeneize recomendado por su gran amigo Ricardo Gareca; tiempo después el “Tigre” se fue para la escuadra de la banda cruzada.

En una reunión con la 12, la mítica barra de Boca Juniors, Roberto Cabañas junto con ellos se mofaron del descenso de River; algo paradójico porque en ese mismo año uno de sus amores también se iba para segunda división: el propio América.

Fue técnico de América; en este paso no le fue tan bien, pero no era porque no supiera de fútbol, a pesar de su retirada en el año 2000 en el Real Cartagena: siempre estuvo activo incluso fue empresario de jugadores, solo que no le formaron  un buen plantel y las crisis económica de los Diablos Rojos en aquel entonces hizo que fracasara en el banquillo.

Roberto murió de un paro cardo-respiratorio a la edad de 55 años, pero siempre se recordará al gran Mago del Pilar con cariño.

Para terminar les dejo una frase de la Himno Fe y Alegría del grupo Niche.

“América, 'el tigre' Gareca y 'el gato' Falcioni América, Zape y Cabañas”

Hasta siempre, Rey de las Cabañuelas…

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martes, 15 de diciembre de 2015

Así lo veo, Ken: ¿Es Pablo Daniel Osvaldo una causa perdida?



“Quizás un loco era sólo una minoría de uno.”
- George Orwell, 1984.

Todo hombre carga con un pasado y con vivencias que han moldeado lo que es hoy en día. Es a través del conflicto de la injuria, el dolor de las decepciones y las asperezas de la vida misma las que nos definen como seres humanos adaptados a este complicado mundo… o al menos tratamos de adaptarnos. El mundo actual es un caos envuelto en megalomanía, agites constantes y la imperiosa necesidad de siempre estar obsesionados por algo, como si la tranquilidad fuera un concepto desdeñable en comparación del caos que son nuestras existencias hoy en día. Pero, ¿qué pasa si no nos acostumbramos al caos? ¿Si toda la algarabía, el desorden y el estrés de la vida nos agobian hasta el punto que nos quebramos y decidimos dejar de ser parte de la maquinaria, al más puro estilo de un niñito berrinchudo? Bueno, no hay que imaginarlo teniendo a Pablo Daniel Osvaldo, el adicto al caos del mundo del fútbol. Y como es costumbre al final de cada seis meses en el calendario futbolístico, el delantero ítalo argentino planea cambiar de aires por sus diferencias personales con el patrón de turno, en este caso siendo el Oporto de Portugal. El tema es que esto ya no sorprende a nadie y yo me pregunto: ¿Es simplemente un idiota o hay razones más profundas detrás de los viajes de nómada de este díscolo personaje? ¿Por qué su desadaptación constante con el entorno socio-futbolístico? ¿Es Pablo Daniel Osvaldo una causa perdida?


Busquen la carrera de Osvaldo por la vía que les parezca más sencilla –Wikipedia, vamos- y verán el nombre de equipos tan ilustres como la Fiorentina, Roma, Juventus, Southampton, Inter, Boca Juniors o sus actuales empleadores del Porto, además de unas cuantas actuaciones con la Selección Italiana. Cualquiera de nosotros mataría por una trayectoria tan importante. Es una carrera envidiable y con Osvaldo sólo la vemos como un cúmulo de oportunidades desperdiciadas. Cada parada que ha hecho ha estado plagada de desavenencias, conflictos y polémicas fuera de la cancha. En Roma es figura no grata por cabecear a un compañero y encararse con la afición; en el Soton fue un punto negro por su bajo rendimiento en una de las mejores campañas en la historia del club y siendo un fichaje record del club; en la Juventus pasó sin pena ni gloria; en el Inter se auto expulsó las de tierras lombardas tras un encontronazo con la directiva y el igualmente polémico Mauro Icardi. Y ahora, en el gigante portugués, donde casi no ha visto acción, maquina un más que posible retorno a su amado Boca Juniors, club del que es hincha y en el que se fue por la puerta de atrás debido a la falta de fondos en su momento para mantener su pase. Todas estas trifulcas e injurias solamente ennegrecen a un individuo que, controversias aparte, es un muy buen futbolista: tiene velocidad, cabezazo, sabe usar ambos pies y es inteligente para moverse en el área rival. En sus escasos instantes de consistencia ha demostrado sus galones de calidad; pero nunca ha tenido la suficiente madurez para perdurar en alguna institución. Es un nómada futbolero y un hombre sin nación –no pertenece a ningún lado.


Más allá de los campos de fútbol y toda la megalomanía que esto encarna, es difícil no sentir algo de intriga por ese personaje caótico y nocivo para su propia carrera que es el que se ha creado alrededor de Osvaldo. Con su vestimenta estrafalaria, sus múltiples tatuajes, sus lentes tan alternativos y su cabello largo, parece un doble de Johnny Depp y más un músico que un futbolista. Es un fanático irredento del Rock y en sus entrevistas siempre habla de su predilección por The Rolling Stones, Led Zeppelin o Pink Floyd –incluso tiene tatuado las portadas de The Wall y The Dark Side of the Moon. Él mismo reconoce que tiene, y cito, “un carácter de mierda” y que la razón por la que cambia tanto de clubes es que siente que “la felicidad siempre se encuentra en otro lado”. Ha tenido tres hijos con dos mujeres distintas y ambas han compartido por la vía del Twitter la aparente actitud de infante que ostenta el otrora delantero de la Fiorentina. Estamos hablando de un hombre atrapado en la cruenta estación que representa el paso de la juventud a la adultez; ese insípido pero necesario paso para poder avanzar en esta vida –Osvaldo se halla en una encrucijada de la que no desea salir. Su personalidad irregular, su explosividad que le ha costado pasos por grandes equipos y su innegable fascinación por la locura son las características de una persona que no está totalmente a gusta con el punto en el que se encuentra y que busca aferrarse a estos arrebatos como una forma de alejarse de cualquier responsabilidad. Los cambios de clubes son eso: una válvula de escape para empezar de nuevo y no tener que asentarse en un lugar donde, invariablemente, va a tener que ejercer responsabilidades. Y eso último lo aterra a Osvaldo.


El caso del ítalo argentino es peculiar porque se ha convertido en una constante en su carrera, pero también hay que interpretar que tener diferencias en tantas estaciones de su vida futbolística ya no es una coincidencia o las vicisitudes de un jugador meramente conflictivo –es algo que parece consciente. Existen rumores e historias que dicen que su éxodo de clubes como la Roma o el Southampton, entidades en las que cabeceó a un jugador de cada equipo, fueron maquinados por su persona porque ya no se sentía a gusto. Todo esto no son más que soluciones temporales, salidas atropelladas y la falta de valor para afrontar la realidad. Ahora puede que vuelva a Boca pero, ¿cuánto durará en el club xeneize? Cuando estuvo empezó muy bien y luego se fue desvaneciendo a medida de que sus artimañas se acentuaban. En un mundo del fútbol donde el presente es lo que importa, las idas y venidas de Osvaldo le irán pasando factura hasta el punto en que sólo ligas como la MLS, la de Qatar o la de China se interesarán en él. ¿No posee ambiciones? ¿No desea ir más allá de lo que ha logrado? ¿Cómo un jugador puede pasar por tantas instituciones de tan alto nivel y no querer asentarse? Temor a la responsabilidad, simple y llanamente. Huye acobardado porque no se siente capaz de afrontar la realidad de que le toca pasar trabajo o que debe afrontar un reto y se marcha a otra realidad donde espera que el próximo club lo consienta, como le sucedió por un ínfimo momento con su preciado Espanyol de Barcelona en la temporada 2.010/2.011. El tema es que Osvaldo no busca adaptarse al mundo; busca que el mundo se adapte a Osvaldo. Y aunque es un muy buen jugador, no es lo suficientemente talentoso para encontrar un lugar donde se le valore y se le “mima” de esa forma –Boca tampoco lo será ahora que ha regresado Tévez. Así que son patadas de ahogado, como quien dice.


Todo hombre carga con un pasado y con vivencias que han moldeado lo que es hoy en día. Pablo Daniel Osvaldo es uno de los nómadas por decreto del fútbol y no ha encontrado un lugar donde pueda explayar su juego a sus anchas por más de una temporada –y siendo sincero, un servidor no cree que ahora lo encuentre. Su regreso a Boca es más que probable; pero sólo será otra estación en una carrera intermitente e irregular. Osvaldo es una causa perdida porque él ha deseado serlo y, casi a los treinta años de edad, veo muy complicado que logre establecerse en algún lugar cuando ha quemado los pocos puentes que le quedaban. Pero necesitamos algo de narrativa, ¿verdad? Y si algo provee este fanático de los Stones es de contenido para narrar y esperaremos con ansias sus próximos conflictos para saber a dónde huirá y a dónde tratará de forjar un vínculo que él romperá deliberadamente. Como este argentino, hay muchos casos de futbolistas desadaptados a la realidad del fútbol actual y no comprende que sus problemáticas han surgido por su propia actitud, cosa que es muy probable que nunca cambie. Y eso lo vuelve la minoría de uno, como diría Orwell.

¿Creen que Osvaldo es una causa perdida? ¡Opinen!

domingo, 5 de abril de 2015

Fichajes Estrellados: Juan Sebastián Verón al Manchester United.



Sir Alexander Chapman Ferguson entrará al panteón de los entes más grandes de la historia del balompié por muchos motivos: sus veintisiete años dirigiendo al Manchester United, convertir a un club desfasado y acabado en una institución ganadora empedernida, en conseguir más de cuarenta títulos en una carrera profesional de más de treinta años y, por sobre todas las cosas, de impregnar en sus jugadores esa actitud de que ningún partido estaba acabado hasta el último minuto y que una derrota o un año malo no significaba el final puesto que aún se podía luchar otra batalla en el campo para salir victorioso si se le ponía corazón y empeño. Ahí están sus logros, sus partidos memorables y temporadas encomiables como el mejor entrenador de la historia del fútbol mundial. Pero, más allá de sus notables logros y conquistas imperecederas, también existen ciertas idiosincrasias y detalles que mancillan un legado, invariablemente, imperecedero. Y uno de esos detalles fue sin dudas su cuestionable habilidad para hacer grandes fichajes de precios estratosféricos. Con un currículum en el que predomina haber formado a algunos de los mejores jugadores de los últimos veinticinco años, es un tanto sorprendente que un estratega de la talla de Ferguson no supiera qué hacer con algunas contrataciones bombásticas de jugadores de clase mundial. No lo hizo muchas veces, pero los desembolsos de gran factura que hizo el United durante su estadía –que no fue corta- dejaron un sabor más amargo que dulce y una sensación de que pudieron haber dado más. Podría hablarse de otros; pero el más icónico de esas contrataciones, y tal vez la primera de gran relevancia para el club en la era del escocés, fue el fichaje de Juan Sebastián Verón.

Por el año 2001, el Manchester United venía de un momento de salud deportiva bastante positivo y con un plantel en plena madurez. El club de Stretford End había conseguido las tres últimas Premier Leagues, además de un triplete histórico en el ’99, desplegando un fútbol voraz y ofensivo que se basaba en el control del mediocampo de Roy Keane y Paul Scholes en plena sinergia con el talento explosivo de Ryan Giggs por la izquierda y la precisión para pasar y centrar de Beckham por la derecha para Dwight Yorke, Andy Cole o Ruud Van Nistelrooy, quien llegaría después. A pesar de haber conseguido la Champions de manera épica contra el Bayern Múnich un par de años atrás, el éxito doméstico hacía de la repetición del título continental un deber para Sir Alex y sus huestes. Luego de eliminaciones contra los campeones de ambas versiones del torneo en los dos últimos años, Real Madrid y Bayern, respectivamente, el escocés buscaba realizar un fichaje en el mediocampo para reforzar su mediocampo para el talento suficiente para, una vez más, derrocar a la elite europea. ¿Por qué fichar otro mediocampista si se tenía a dos del más alto calibre en Keane y Scholes? Porque el colorado todavía no era el gran conductor y creativo que sería a posteriori –era un medio ofensivo y goleador que se imponía con su técnica, pero que no se había desarrollado al máximo como un pasador. Keane era puro corazón y garra; lo suyo era destruir y recuperar el balón, aunque contaba con un buen toque de balón. Juan Sebastián Verón, mediocampista argentino estrella de una Lazio brillante que había ganado mucho en la Serie A por esos años, era estimado como uno de los mejores en su puesto e incluso en algunos sectores lo encumbraban como el mejor jugador del mundo. Era, para todos los efectos, un jugador de clase de mundial que lo tenía todo: buen toque, pegada de larga distancia, creativo, potente, derrochaba clase y estaba comprobado que el ídolo de Estudiantes de la Plata podía dominar el mediocampo en los grandes escenarios. Era un matrimonio hecho en el cielo… o en el infierno, como dirían algunos seguidores del United.


Las casi 29 millones de libras pagadas al equipo italiano marcaron un hito en las islas por ser el fichaje más caro del fútbol inglés en ese momento y siendo el club pagador el Manchester United, esto tuvo mayor repercusión aún. El gigante inglés había sido criticado en su momento por no haber hecho contrataciones de gran gasto para renovar ciertas áreas del equipo y todos los sectores del club sacaron pecho, por así decirlo, de la contratación de La Brujita, como le apodan. Hay quienes dicen que Ferguson realmente no lo necesitaba; un servidor piensa que de haber sido manejado con un poco más de paciencia, el argentino hubiera cumplido con su cometido. Pero tal no fue caso. Como sucede con muchos fichajes de enorme repercusión y precio, a Verón se le pidió que rindiera de manera inmediata en la liga más difícil a la hora de adaptarse y en un sistema que ya funcionaba plenamente sin su impronta. Ahí radicó el mayor problema del argentino en el Manchester United: no fue la falta de calidad –que le sobraba-, sino que llegó a un equipo que estaba hecho y en el que su posición estaba ocupada por dos jugadores que eran de lo mejorcito por esa época. En un esfuerzo por acomodar (qué feo suena ese término) a La Brujita en el once inicial resultaba en sacrificar a un jugador del mediocampo en adelante, lo que conllevó en algunos partidos perdidos por tratar de reinventar un equipo que no necesitaba reinvención. Verón no tenía la culpa puesto que había arribado para hacer lo que sabía hacer, pero el escocés, por más brillante que fuera, nunca supo manejar el caudal de talento del argentino para que se sintiera a gusto en el ritmo más rápido y demandante del fútbol inglés.

Dicen que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones y con Verón y su paso por el United esa frase queda como anillo al dedo. Luego de una Copa del Mundo desastrosa para el mediocentro argentino y su selección en el 2002, la segunda temporada de Verón en el Manchester demostró ciertas mejorías –en especial en la UEFA Champions League. En la fase de grupos de la competición europea marcó cuatro goles ese año –bastante bueno para un jugador como él que no hacía muchos goles- y se mostraba como el motor del equipo en esas noches mágicas de Old Trafford. De todas maneras, eso demostró ser un falso amanecer para la Brujita puesto que en Inglaterra no terminaba de cuajar y la gente, tanto hinchas como equipo y prensa, esperaba más del jugador más caro de la historia del fútbol inglés. También hay que añadir el aspecto de la adaptación en la que el propio Ferguson declaró en su biografía que el jugador no sabía nada de inglés y sólo le decía “mister” en ese idioma durante su estadía. Simplemente había demasiada exigencia y demanda en un escenario en el que se necesitaba de tiempo para un jugador que se encontraba incómodo en un sistema que no le beneficiaba y cuya inclusión en muchos momentos era en detrimento al beneficio al equipo. Tal era la presión que enduraba Verón que Ferguson, en pleno auge de las críticas hacia su jugador y fichaje estrella, declaró que “Verón es un maldito gran jugador y todos ustedes son unos malditos idiotas”. Pura clase.

¿Por qué menciono que Verón necesitaba más tiempo? Porque justo después de haber sido vendido al Chelsea en 2003, se avecinaban tiempos de renovación en Old Trafford donde Sir Alex comenzaba a erigir la base del equipo que marcaría una época en Inglaterra y Europa en años venideros en la que Verón pudo haber sido un estandarte y un baluarte considerable si tomamos en cuenta sus grandes recursos como futbolista. Simplemente llegó para ocupar un lugar en el que necesitaba mejorar el equipo, pero el plantel no estaba diseñado para ajustarse a un jugador de la dimensión de Verón que hace funcionar a todo un equipo como un reloj suizo cuando se le dan las condiciones. Fue el jugador correcto en el momento equívoco y nunca se le pudo ver en plenitud de condiciones. Estaba en el mejor momento de su carrera, pero parecía ser una unión incómoda, forzada y que no acababa de funcionar como era debido. Juan Sebastián Verón entrará a la historia del Manchester United por ser uno de los peores fichajes de la historia del club en cuanto a resultados finales y tal vez el mayor fracaso de gestión de jugadores en la carrera de Sir Alex Ferguson. Impera la sensación de frustración puesto que un jugador de su calibre nunca pudo despuntar en un gigante europeo y erigirse como una figura de clase mundial sin ninguna discusión puesto que siempre hay algún iluminado que minimiza a un jugador fenomenal por no haber jugado en los tres equipos de siempre. La prueba fehaciente de que el escocés era humano y podía flaquear a la hora de sacar provecho de los recursos a su disposición. Sólo puedo irme con la opinión que dije en este párrafo: fue el jugador correcto en el momento equívoco.