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lunes, 20 de febrero de 2017

Zona Cafetera: 90 años de grandeza

Este artículo es de la autoría de Yeison Plazas, como todos en esta categoría.

“Tantos kilómetros yo recorrí por vos, será que todavía me hace feliz. Hay tantas cosas que se pueden complicar pero antes muerto que dejar de soñar.”
-       Kilómetros, Los Caligaris

Son 90 años de grandeza, de amor, sufrimiento y pasión, son 90 años donde el Diablo ha dominado el campeonato colombiano, pero también ha sabido sufrir pérdidas como las finales de Libertadores, las crisis económicas y el descenso.

América siempre será ese equipo obrero, batallador, ese que nació en las barriadas de Cali un 13 de febrero de 1927, por obreros, sin grandes portentos e inversiones. Simplemente en una reunión nació el club más popular de Colombia.


Tantos mitos, lo de garabato, a veces jugar como nunca pero perder como siempre; pero un 19 de diciembre de 1979, “la mechita” logra su primer campeonato ante un Unión Magdalena aguerrido que se plantó en el Pascual fuerte. Como todo en el rojo es sufrido, pero cuando se gana queda ese sabor de que nunca fue fácil.

En los 80s dominó el continente dando buen fútbol; solo faltó la puntada final para conseguir ese título de la Copa Libertadores, pero en cada lugar donde paso la furia roja se le recuerda con cariño. En los 90s América seguía dominando, hasta tal punto de ser el segundo club mejor del mundo, según la FIFA en el año ‘97.

Por problemas económicos, un 17 de diciembre del 2011 cae a la B, pasaron 5 amargos años para el regreso del grande. Eso sí, esta categoría hizo que el amor de la hinchada aumentara, y cada potrero de los estadios de la B la gente acompañó. Desde el 27 de Noviembre del 2016, día donde se rompe el hechizo de la segunda división, empieza el renacer y los guerreros de Torres enfrentan la primera división con corazón garra y espíritu.


El América actual podrá tener una nómina corta, pero no se podrá criticar que ese equipo no tiene corazón: cada elemento lucha todos los balones con el alma y eso quedó demostrado en el partido contra Junior, que es un grande y uno de los favoritos para ganar la liga de este año.

El Pascual Guerrero estaba hermoso, completamente lleno, la fiesta previa antes del partido contra los Barranquilleros fue monumental: pitos, algarabía y positivismo, a pesar que el inicio de la liga no fue el mejor.

Cada hincha dejaba la vida alentando por sus guerreros. Unos viajamos desde lejos para verlos, como los de la barra Diablo Capital, La Red Escarlata, el Disturbio Rojo Bogotá, sus filiales, entre otras. ¿Y es que acaso no se lo merecen? Ellos nos dieron el regreso; ahora tenemos que apoyarlos para conseguir los objetivos de este año.


Como todo lo de “la mecha” es sufrido, un gol de Junior por Alexis Pérez de cabeza en el minuto 19 trató de silenciar el Pascual. Pero con casta, jerarquía América se repone de ese bofetazo del “tiburón”, antes de acabar el primer tiempo remonta con dos goles de Martínez Borja que pone a soñar al hincha rojo con la primera victoria en la A. El segundo tiempo se mostró más como un partido de ida y vuelta; Bejarano sacó varias opciones claras de gol, un palazo de Aponzá, pero Torres es un gran estratega y lo demuestra poniendo a Mosquera para controlar el juego, éste cumple su labor, pero para completar la gesta una gran jugada con 23 toques, ¡óigalo bien, 23 toques!, genera el penal para el tercer gol de Borja.

Hace mucho tiempo en el Pascual no se escuchaba un ¡Ole! Sublime, maravilloso, solo se esperaba ese pitazo final para sellar el comienzo de la resurrección de “la mecha”. El juez central determina el fin del juego, ganan los Diablos después de cinco años y dos meses sin estar en la primera categoría del fútbol colombiano.


Y qué mejor manera de celebrar 90 años del gigante con una victoria, devolverse a la ciudad natal con los tres puntos y con la satisfacción de que vendrán tiempos mejores, ¡dale rojo de mi vida que el tiempo de llorar ya pasó ahora es el tiempo de reír!

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martes, 24 de enero de 2017

Zona Cafetera: Hasta siempre, Rey de las Cabañuelas, ROBERTO CABAÑAS

Este artículo es de la autoría de Yeison Plazas, como todos en esta categoría.

No se para a meditar que se puede provocar la avalancha que hoy sería trágica.”
-          Barón Rojo, El Gladiador.

Y con esta frase de una canción de la mítica banda, Barón Rojo, describo a Roberto Cabañas, ídolo Americano y Xeneize, quien era simplemente un Gladiador, un jugador de esos exquisitos pero que tenía un carácter envidiable. Sentía la camiseta y por eso se ganó el cariño de los hinchas americanos.


Solo estuvo dos temporadas en la escuadra de los Diablos Rojos, pero en éstas hizo literal diabluras; jamás se olvidará ese gol de gran factura contra el Deportivo Cali en la final de 1986, donde en una jugada magistral se burla toda la defensa azucarera. Ni cómo olvidar su paso en la Libertadores, ésta tan esquiva para la “Mechita”, pero su aporte fue tan importante: en las dos finales que disputo, le marcó a River y a Peñarol; ambos goles de gran factura, pero a mi parecer el mejor fue el de Peñarol, sin dejarla caer, un “bombazo” y el Estadio Centenario se cayó por unos minutos y la hinchada aurinegra veía con impotencia el posible campeonato del América, pero ya sabemos la historia.

Era tal su carácter que muchas veces se peleó con el Medico Ochoa porque no le gustaba sus planteamientos y se los cuestionaba, como por ejemplo en esa final contra Peñarol, donde pone a Aponte, un defensa, de delantero para tapar la salida de los jugadores del club Uruguayo. Algunos periodistas de la época lo acusaban de “marrullero” pero lo que no entendían era que venía en su sangre eso que llamamos JERARQUIA y liderazgo.

Un mago, con esa palabra lo define mi padre, donde sorprendía con sus medias voleas esporádicas. También se destacó por ser un atleta, físicamente era entero, si Cabañas hubiese jugado en esta época no tendría que envidiarle a un Neymar, por dar un ejemplo. Y por esas medias Voleas se ganó ese apodo que le puso el periodista Iván Mejía: el Rey de las Cabañuelas. En una entrevista hecha el 26 de Noviembre en Caracol Radio, le preguntaron si sabía quién le había puesto este apodo, el cual respondió que no pero agradecía al que lo hizo porque eso lo hizo conocer mundialmente.


En esa misma entrevista manifestó su amor por el rojo, por Cali, donde tuvo dos hijas y vivió por largo tiempo. Para él era una ciudad increíble y deseó lo mejor para el partido que se jugaría el 27 de noviembre donde ya se sabe la historia: el, ¡ascenso!

Su hermano comentó en otra entrevista de la misma cadena radial que Cabañas sufrió ese partido desde Paraguay como un hincha más y no entendía lo que estaba pasando, pero cuando sonó el pitazo final lloró de alegría por el hecho histórico de la escuadra roja volviera a primera

Fue tanto su amor por América que el día de la derrota de la final contra Peñarol, le recriminó hasta al Médico y éstas fueron sus palabras sobre ese partido:

“Nunca olvido que el Medico Ochoa me impidió ser campeón de América en la Libertadores contra Peñarol en Chile: restaban minutos, segundos, yo estaba en el banco, me sustituyeron por lesión; le dije al Profe: ‘Déjeme meter a la cancha, frenemos el partido, nos tienen encerrados y verás que salimos campeones; déjame, entro y formo quilombo, no importa que me expulsen, me importa es ser campeón de América’, a lo que el Profe Ochoa me dijo: ‘No, Roberto, esto lo ganamos con fútbol, no con mañas argentinas.’ Segundos después el gol de Aguirre, lo miré y le grité: nunca te lo voy a perdonar, NUNCA, por impedir que fuéramos campeones de América… Hasta la fecha no me hablo con el Médico Ochoa. No sé si ese distanciamiento me lo llevo a la tumba.”


En otra anécdota le preguntaron que si sabía que en Cali se había ido la luz cuando hizo el gol Peñarol y con su humor característico respondió: “Menos mal, porque qué vergüenza con la hinchada ese oso que hicimos en Chile”. Después de eso escribió su historia con Boca Juniors, muchas veces Roberto afirmó ser hincha de Boca, en muchos clásicos le marcó al eterno rival River Plate, él llegó a ser Xeneize recomendado por su gran amigo Ricardo Gareca; tiempo después el “Tigre” se fue para la escuadra de la banda cruzada.

En una reunión con la 12, la mítica barra de Boca Juniors, Roberto Cabañas junto con ellos se mofaron del descenso de River; algo paradójico porque en ese mismo año uno de sus amores también se iba para segunda división: el propio América.

Fue técnico de América; en este paso no le fue tan bien, pero no era porque no supiera de fútbol, a pesar de su retirada en el año 2000 en el Real Cartagena: siempre estuvo activo incluso fue empresario de jugadores, solo que no le formaron  un buen plantel y las crisis económica de los Diablos Rojos en aquel entonces hizo que fracasara en el banquillo.

Roberto murió de un paro cardo-respiratorio a la edad de 55 años, pero siempre se recordará al gran Mago del Pilar con cariño.

Para terminar les dejo una frase de la Himno Fe y Alegría del grupo Niche.

“América, 'el tigre' Gareca y 'el gato' Falcioni América, Zape y Cabañas”

Hasta siempre, Rey de las Cabañuelas…

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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Zona Cafetera: ¿Fracaso o aprendizaje de Nacional en el Mundial de Clubes?

Este artículo es de la autoría de Yeison Plazas, como todos en esta categoría.

"Yo no soy más que un mendigo de buen fútbol. Voy por el mundo, sombrero en mano, y en los estadios suplico una linda jugadita por amor de Dios. Y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece."
- Eduardo Galeano.

Y empiezo con esta frase para este post. ¿Qué importa admirar al rival a “muerte” si te ofrece buen fútbol para deleitar la vista? Eso ofrece Atlético Nacional: tienen un juego vistoso, es de esos equipos que me gustan por su forma de jugar, atacan sin piedad, no dejan respirar al rival y por momentos tienen unas ráfagas las cuales son muy difíciles de controlar.

Nacional siempre será ese rival a vencer y creo que para Hernán Torres, como lo fue en sus inicios para Sir Alex Fergusson donde su reto principal era desterrar y aniquilar al gran Liverpool de los 80s y lo consiguió, los Diablos Rojos de Cali deben preparase para vencer este hueso duro de roer, pero en otra ocasión miraremos esto; por ahora, a lo actual: ¿Nacional fracasó en el Mundial de Clubes?


Para mí no. Sí, señores, lo reconozco: después de días donde vacilé a sus hinchas por perder con el Kashima, estos japoneses supieron herir el “ego” del seguidor verde porque todos creíamos que sería un rival de trámite y el partido de la vida era contra el Real Madrid. Pero no, el fútbol da sorpresas y eso es lo maravilloso de este juego donde no valen camisetas, sino 11 gladiadores defendiendo sus colores de igual a igual.

Hay que analizar varios puntos: uno de ellos es la prensa. ¿Los inflaron? Este fue un problema. Los medios locales daban incluso por ganador del torneo sin jugar ante el Real, al igual que exfutbolistas como el “Patrón” Bermudez, o Faustino Asprilla, ahora en el rol del periodismo.

Y ese ha sido un mal del fútbol colombiano. Hay que recordar en 1994, la selección colombiana era la favorita para llevarse ese Mundial y sabemos qué pasó al final. Casualmente, un señor comiéndome una pizza -además era un completo desconocido- me recordó algo doloroso; es más, él ni sabía que era hincha del América y me dijo lo siguiente: “A Nacional esta mañana le pasó lo mismo que al gran América de los 80s donde se le quemaba el pan en la puerta del horno, eran grandiosos como los verdolagas, pero algunas veces subestimaban rivales, no concretaban las que eran y por eso no ganaron esa Libertadores”.


Bueno la diferencia (y muy notoria) es que Nacional es que sí ganó la Libertadores pero entonces, ¿será que en el ADN del fútbol de nuestro país está probar la gloria antes de ganarla y luego salir con un chorro de babas? Y luego tragarnos todo ese orgullo y volver con el rabo entre las piernas.

En Colombia nadie hablaba del Kashima. Reinaldo Rueda se refirió a ellos escasamente días antes en la rueda de prensa, se decía solamente de cómo “controlar a Cristiano Ronaldo”, si el ataque del Real era mejor que el de Nacional, fotos en el avión, la farándula decía que los jugadores verdolagas no podían entrar en algunos sitios por tener tatuajes. En fin, un show mediático que no sirvió de nada.

Es momento de romper con ese mal. No es solo de creerse el cuento de que se es el mejor, sino demostrarlo y Nacional lo tiene todo: directivos serios, un plantel fuerte, unas divisiones menores sólidas, un PROCESO y eso es lo más destacado: un emporio económico aunque a veces discutido porque patrocinaba la liga.

Pero, hablando del juego como tal, Nacional tuvo muchas opciones para aniquilar al Kashima. Por momentos su fútbol reluciente hacia entrever que los verdes se iban ir con una gran diferencia de goles antes de acabar el primer tiempo, pero no concretaron. Berrio tuvo dos palos, Borja no estuvo fino, el “Lobo” Guerra junto con Macnelly eran desequilibrantes.


Los japoneses, fieles a su estilo, ordenados pero rápidos en el contragolpe, dieron el batacazo, eso sin nombrar el discutido penal, donde el uso de la tecnología favoreció al equipo nipón. Un tres por cero escandaloso, algo bochornoso, pero si uno mira el trámite del juego, Nacional mereció más.

Luego de este escándalo, el ruido de las redes sociales y en un partido con menos presión, contra América de México, Nacional jugó más liberado. Eso me gusta más de estos juegos donde no se juega “nada”, porque uno puede percibir mejor las cualidades y estilos de juego.

Y Nacional tuvo treinta minutos gloriosos, dos goles tempraneros, fiel a su estilo, donde uno decía que éste si es el verde que vi todo el año, pero volvió el fantasma y sin desmeritar a las águilas empatan el juego.

Se van a definición de penales y en esta lotería gana Nacional un merecido tercer lugar y eso es bueno. El hincha de Nacional es consciente que fue una gran temporada, de ensueño, dos finales a nivel internacional, donde posiblemente si no hubiese pasado la tragedia del Chapecoense, podrían haber ganado dos títulos continentales en un año.


En el torneo local se pasearon a todos los equipos de la liga colombiana; eso sí, con sus limitaciones con tanto compromiso, pero aun así demostraron que no hay excusas y que como es en Europa se puede apuntar por los dos frentes.

El hincha verde debe sentirse orgulloso; tienen con qué, pero deberían tomar esto como un aprendizaje: pueden volar más alto, aspirar más, codearse con los grandes de Latinoamérica e incluso con los de Europa, pero con los pies en la tierra, no ensillar el caballo antes de montarlo.

Por último, Nacional: los esperamos en el Pascual o en el Atanasio, que se vengan con todo, quiero que los clásicos se repitan y ver un gran juego, una lucha de titanes; miedo no se les tiene, pero sí respeto por lo bien hecho durante estos años.

La hora de la verdad está cerca y hay que armarse con todo.

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sábado, 10 de diciembre de 2016

Zona Cafetera: ¡Ascendimos!

Este artículo es de la autoría de Yeison Plazas, como todos en esta categoría.

“Un Penal nos llevó al Infierno, un mismo Penal nos llevó a la gloria”

En esta crónica no escribiré sobre cosas técnicas de fútbol. Será algo más personal acerca de cómo viví este anhelado ascenso, así que espero que le guste, querido lector.

Once de la noche. Terminal del Sur. La noche era helada, pero este lugar lleno de hinchas americanos como yo esperanzados de que el rojo ascendiera; en el corazón estaba mi padre: estaríamos lejos pero él desde la capital vería el encuentro decisivo de la mechita.

Un viaje largo, pasar por cada departamento del país, no poder dormir y una semana llena de tantas noticias negativas para el club. La barra principal Barón Rojo no podría entrar al estadio por una sanción y la presunta corrupción del Presidente del Quindío Hernando Ángel hacían que la expectativa fuera más fuerte.


Llegamos a Cali con mi compañero de viaje y nos sorprendimos: la ciudad completamente roja; eran más o menos las 9 de la mañana: descargar maletas, comer algo, y esperar las horas previas para el partido. Banderas, camisetas, la gente con un ambiente positivo. Era lo que se vivía en la Sultana del Valle, buses repletos de otras ciudades llegaban para presenciar lo que podría ser la culminación de cinco años de infierno.

Pasamos por el Cristo Rey, uno de los sitios emblemáticos de Cali, una vista hermosa desde el cerro se podía ver el Pascual Guerrero, simplemente precioso. Estando allí solté una oración para que nos bendijera y que esta oportunidad no se fuera.

Luego arribamos al Templo: la caldera o como la quieran llamar al mítico Pascual guerrero. La tribuna norte a reventar y todo el estadio con un mismo clamor; se coreaban canciones, y una de ellas me llamó la atención: ¡Volveremos, volveremos a la A porque la hinchada del rojo no la tiene nadie más!

En lo personal le tenía fastidio: cuatro años la coreé y me hice un compromiso personal de cantarla cuando se diera el ascenso, de resto no saldría de mi boca esta canción; solamente ondeaba mi bandera, la cual me la regalaron en el estadio.


Las viejas glorias aparecen, Falcioni, recorre todo el estadio, la algarabía, pitos, papel picado, reconocían lo grande que es el “Gato”. El gesto fue recíproco con un aplauso de parte de él a las tribunas. Pero, ¿cómo no demostrarle nuestro amor desde la tribuna si nos dio tanto?

Otra gloria aparece que, a mi parecer, ha sido el mejor jugador del fútbol colombiano en toda la historia, Willington Ortiz. Hace un llamado a la mesura y tener paz, a pesar del resultado, muy pertinente su pedido en un ambiente tenso.

Salen Julián Vásquez, El matador Julián Téllez junto con el gestor de todo, el Presidente Don Tulio Gómez, el Pascual corea “oe oe Tulio Tulio” aplausos y ya se acercaba la hora de la verdad de este partido tan importante en la historia americana.

Miro al cielo y hago una pequeña oración, la cual era que el Cali fuera una fiesta hoy y no mar de sangre y que se hiciera justicia porque fuimos durante todo el torneo uno de los mejores equipos.

Y los once gladiadores salen. Imponente esa bienvenida, tiras de papel, una salida clásica que recordaba las bienvenidas de antaño, humo rojo que tapo todo el estadio, simplemente así merecía que nuestros jugadores vieran nuestra expresión de amor y confianza.

Empieza el partido, CONFIANZA sentía que al pitar el árbitro estaríamos celebrando, los rojos desde el principio acosaron al Quindío: estos once salieron a devorarse la cancha, mientras el rival tenía como estrategia mantener el empate, sacar lento, tirarse al piso y quemar tiempo.

Analizando con detenimiento, en el mismo arco de “Aquel 19” centro de Lucu, y Tecla la para con el pecho y sin dejarla caer GOLAZO, de crack, muy parecido al de Lugo para sentenciar el primer campeonato del Rojo. Abrazos aquí y allá. Lágrimas de todos. Se estaba acabando esta tortura.


Pero, entonces, una jugada desafortunada. Tiro de esquina, autogol de Mosquera y domina un silencio sepulcral. Varios en la tribuna no pudieron contener el llanto. Este era el momento de alentar sin parar, así todito el estadio se repuso del golpe anímico y alentaron a nuestros jugadores.

Todo el estadio empezó a cantar JUGADORES TENEMOS LA CONFIANZA NOSOTROS EN LA TRIBUNA, USTEDES EN LA CANCHA, Norte, Occidental, Oriental, esta vez no hubo diferencias si se era de una barra, o si se era caleño, bogotano, nada importó: la hinchada se unió y en ese momento, ¡PENAL! Antes de acabarse el primer tiempo. Martínez Borja era el encargado de cobrar y, ¡Gol! Abrazos de todos. Éramos hermanos, es ahí donde el fútbol da lecciones: cuando nos unimos a una causa, las cosas se dan y los resultados llegan.

Se acaba el primer tiempo con la victoria en el bolsillo. Por un retraso y controles policiales nuestros hermanos del Disturbio Rojo de Bogotá no habían podido llegar, pero como su lema se hicieron presentes en todas las canchas, la fiesta se completó, colocar los trapos y sonaron los tambores en el segundo tiempo.

Nuestro timonel Hernán Torres salió con la intención de cerrar el partido. Pasaban los minutos y parecía eterno ese partido, por lo que le pregunto a un hincha cuánto falta. Cinco minutos, me dice. Cinco, por Dios, los más largos de mi vida.
Una jugada de esas de final épico Bejarano la saca de la línea, faltando poco para terminar, pero esta ya victoria era nuestra, la saca, luego un tiro de esquina y el árbitro Wilmar Roldan alza sus brazos y pita. ¡Se acabó la B!

Lloré cómo un niño pero esta vez de alegría. Lo primero que quería hacer era comunicarme con mi papá; él estaba en las mismas: compartimos palabras en medio del llanto y ahora si cantamos volveremos volveremos a la A porque la hinchada del rojo no la tiene nadie más, que parece que el Rojo se va de la B para nunca más volver, entre otras más.


Más pólvora y esto parecía un diciembre: alegría y caravanas, pero ante todo en paz. Después el viaje para Bogotá con hinchas del América, la fiesta continuó dentro del bus, tanta felicidad, incluso me pellizqué si esto era real porque ya era justo; estos cinco años de dolor debían terminar.

En la capital, la fiesta fue inigualable también y al otro día los periódicos relataban la hazaña. Uno que otro periodista debió retractarse por lo dicho semanas anteriores acerca de que el América no ascendería. Pero lo más esperado fue verme con mi padre y entregarle la bandera que me regalaron en el estadio, en señal de que esto se acabó y los mejores años volverán.

Nací un 27 y un 27 de noviembre el de arriba me regaló el ascenso y, como tengo acostumbrado al terminar mis artículos, ¡DALE ROJO DALE! Por siempre hasta que la vida diga no más.

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domingo, 13 de noviembre de 2016

Zona Cafetera: Sí somos la pasión de un pueblo.



Este artículo es de la autoría de Yeison Plazas, como todos en esta categoría.

Un viaje de diez horas de Bogotá a Cali me separaban de un sueño. Con boleta en mano y mi maleta con poca ropa, se empezaba un camino para ver al Rojo en el Pascual. Muchas cosas pasaban por mi cabeza mientras el bus que me transportaba pasaba por las carreteras de Colombia.

¿Será que este año sí es? ¿Nos llevaremos una victoria? ¿Me pongo la camiseta para el partido? Y sí, soy algo supersticioso cuando me coloco esta prenda roja y si es un partido de mi amado club me la pongo y perdemos, es una cábala en la cual queda en mi mente.

Por fin llegamos a la amada Cali, con su ambiente sabroso, un sol infernal y en todas sus calles se escuchaba el ritmo a salsa. Me alojé y esperaba a mi padre, porque él llegaría horas después para la cita que nos destinaba el fútbol. Esa noche no pude dormir: quería ver ya a mi padre ya, también esa sensación de estar en el estadio y cantar los goles de mi equipo. La ciudad ese sábado estaba llena de pocas camisetas verdes del equipo rival, pero yo no estaba pendiente de ello; el Cali es una minoría comparado con lo que despierta el América.


Lunes, siete de noviembre, llega la hora de la verdad. Cali estaba totalmente roja, mi padre salió con una camiseta del equipo que le presté y muchas personas nos saludaban, porque eso caracteriza al caleño: su amabilidad. Al final me dejé embargar por la alegría de todos y fui a la parte céntrica de la ciudad a comprarme mi camiseta. Al fin al cabo yo no fui por un resultado: yo  estaba allí era para cumplir un sueño; ver al equipo de mis amores saltar a la cancha, como aquella primera vez.

Llegamos al estadio con mi padre esperanzado, nos encontramos con unos amigos caleños, antes de entrar al templo o a la caldera del diablo, para tomarnos un par de cervezas y compartir nuestras anécdotas. Del dolor del descenso, mientras en la calle solo se escuchaba música alusiva al América, canticos de la barra Barón rojo Sur y pólvora. Si esto era la previa una fiesta total, ¿qué será adentro del estadio?

En los controles de vigilancia para entrar al estadio me encuentro con un hincha argentino. Por Dios, ¡un argentino! Este amor no tiene fronteras. Y llegamos a las gradas, un palco hermoso. Yo en Bogotá he visto al América muchas veces, pero esto no se compara: lagrimas salían de mis ojos, no podía creerlo al presenciar un estadio así de lleno; no era una final, pero sí un partido importante. Estar en ese lugar donde tantas veces lo vi por televisión, estaba presenciando fin por fin un juego en vivo y en directo.


Suena la canción del Grupo Niche, el Himno fe y alegría, muchos lo coreamos, mientras el Barón Rojo y Disturbio Rojo, dos de las grandes barras del equipo, se alistaban para darles la bienvenida a los once gladiadores como se lo merecían. Llegan las 7:30 y América salta a la cancha: muy pocas veces he visto llorar a mi padre, caían lágrimas de alegría y gritaba “América, América”. En mi mente pasaba: “Muchachos, no nos fallen hoy y den todo.” La caldera estalla cuando el Tecla Farías saluda a la fanaticada, y salen dos trapos enormes: uno del Barón Rojo y otro del Disturbio Rojo. Pólvora, bengalas y algarabía para que el Cartagena el rival nuestro se diera cuenta que estaba al frente de un grande.

Empieza el partido con algo de nerviosismo, pero a los diez minutos del primer tiempo, ¡penal! Penal a favor del rojo, un señor de edad y un niño me abrazan como si me conocieran de toda la vida y solo era alegría. Martínez Borja se para frente al balón, patea y ¡gol!... lo grité a rabiar, sentía que era un paso menos para salir de este pozo de la B. El señor que anteriormente me había abrazado me dice: “Esto va para goleada.” Eso esperábamos pero sé que este torneo es de tomarlo con mesura y una “falta” en la cual me quedan dudas: penal a favor del Cartagena. Madrazo aquí y allá al árbitro del compromiso, pero no como desconfiar si en veces anteriores por malas decisiones arbitrales se nos ha ido el ascenso. Arzuaga, un examericano, cobra el penal. Solo insultos se ganó de la fanaticada cuando marcó ese tanto para la paridad del compromiso.

Pero América no se entregó, puso la pelota al piso, haciendo su juego sin desesperarse llega el segundo gol antes de terminar el segundo tiempo, ¡gol! De Lucumí ese juvenil que ilusiona y nunca falla para darnos tranquilidad.

Empieza el segundo tiempo y América le daba trámite al compromiso, pasaban los minutos y los Diablos jugaban regulados; Cartagena intentaba reaccionar, pero el equipo estaba ordenado y bien parado. Salen los minutos de adición: tres minutos eternos, el árbitro pita y el estadio estalla: ¡GANAMOS, CARAJO!

Miro al cielo y ahí si me acuerdo de Dios: le doy gracias por esta victoria; tres puntos de oro para pensar en el ascenso. América tiene juego y enamora, pero se debe andar con mesura porque todavía quedan tres finales.

Para la hinchada, mi respeto: la terminal de transportes estaba llena de hinchas rojos de todas las ciudades felices por la victoria, pero con los pies en la tierra; queda mucho por recorrer pero…

¡Somos la pasión de un pueblo!

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miércoles, 31 de agosto de 2016

Zona Cafetera: ¿Omar Pérez debe retirarse del fútbol?



Este artículo es de la autoría de Yeison Plazas, como todos en esta categoría.

Después del partido contra River Plate en la final de la Recopa Suramericana, en los medios locales se debate si el gran ídolo Cardenal debe dar un paso al costado y retirarse del fútbol. En este espacio analizaremos, puntada por puntada, la actualidad de Omar.

Si bien llegó a Santa Fe en el 2009, el “pelado” ya tenía un recorrido importante en el medio local e internacional; era reconocido por su jugar y buen pie. Pero en Santa Fe ocurrió algo que no pasó cuando estuvo en sus equipos anteriores: se convirtió en un líder, el comandante de una banda la cual le dio las grandes proezas al Expreso Rojo.


En el 2012, de la mano de un técnico poco conocido como Wilson Gutiérrez, logran la ansiada estrella, la número 7; esa tan esquiva para muchos, se rompe una sequía de 37 años sin títulos y se gana el corazón de los hinchas. Omar ya no era un jugador del montón: se convierte en una institución, sin desvalorar el trabajo de los sus compañeros porque todos en el plantel aportaron para la consecución de ese título.

Y en lo personal puedo decir, sin ser fanático de Santa Fe, que me puse feliz porque admiro la entereza de sus hinchas; en juego, esta versión del equipo se disfrutaba viéndolo; había entrega y corazón pero también buen toque.

Pasaron los años, llega Gustavo Costas como técnico y bajo la dirección de este timonel, Omar se vuelve más intenso, con sus años encima ya pero su calidad seguía intacta y en el 2014 llega la octava estrella, en donde la figura fue el ‘10’ en un partido contra Independiente Medellín donde Santa Fe fue el amo y señor. Internacionalmente, Santa Fe se vuelve importante, con grandes participaciones en la Copa Libertadores, una semifinal en el 2013 donde faltó la moneda para el peso para llegar a la final y la consecución de la Copa Suramericana el año pasado -en toda esta época gloriosa hizo parte Omar.

Teniendo en cuenta que en la Suramericana 2015 tuvo un bajón, las lesiones hicieron de las suyas, su edad se estaba manifestando y en el planteamiento de Gerardo “Pelusso” Omar no cabía, porque éste era más conservador, su estilo de juego no era explosivo y así le dio resultados.


Solo le reprocho algo a Omar y es la salida de Pelusso. Él debía reconocer que no estaba a punto y, por más líder que sea, no merecía ser titular; pero aún así convocó a un gran sector de la hinchada y logró que se le viniera encima a Pelusso. Lo peor de todo es que fue en un mal momento, porque Santa Fe prometía una gran Libertadores, debido a esta salida, el proceso se rompió, quedó el “líder” con su pataleta y apoyo del Presidente de la institución, el doctor Cesar Pastrana, con una disculpa que se queda, pero no aportó nada y Santa Fe queda eliminado de la Libertadores en primera ronda.

De ahí en adelante, no se pone a punto, a pesar que Alexis García le depositó su confianza y lo puso en varios partidos de titular, pero Omar no era el mismo: se veía lento, sin juego; le abono que entrega sí tiene y ama a Santa Fe, incluso siendo hincha de Boca porque él lo ha manifestado.

En la nueva era de Costas, al llegar, el técnico argentino dice que va a utilizar a Omar; que confía en él para su proyecto, le da ese valor fundamental de ser líder para la nueva camada del Expreso, pero en el último partido contra River lo evidenciado: Omar no da pie con bola.

No sé si sea precipitado de hablar de un retiro. ¿Qué pasará en la cabeza del jugador? En parte hay que entender la presión que tiene bajo sus hombros, la hinchada, el cuerpo técnico y la prensa le pide resultados.


Pero los ídolos deben tener tacto. Ya consiguió grandes cosas con Santa Fe, tiene un respeto por toda la afición y puede tomar tres caminos: ponerse a punto porque tiene 35 años y puede dar fútbol (la edad no es un limitante) y tiene algo importante que apoyo de Costas; cambiar de aires y ser fichado por otro equipo; o lo planteado por la prensa que lo condena a su retiro.

Sólo espero que la hinchada Cardenal -porque sé que es agradecida- lo apoye sin importar el camino que tome; si es su despido, llenen el estadio y denle ese reconocimiento que se merece porque Omar Pérez está al nivel incluso de un Alfonso Cañón. Si se va para otro equipo no lo traten de mercenario o si se queda, y toma la decisión de mejorar, apoyarlo y tenerle paciencia.

Por último, un saludo a la hinchada del León y el debate está abierto: ¿Ustedes qué piensan? ¿Qué camino debe tomar Omar Pérez?

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