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jueves, 27 de octubre de 2016

Cracks en las Sombras: Marek Hamsik, el superhéroe del San Paolo.



“Soy un pariente de los muertos, juramentado a alzarse de nuevo.”
-          Manowar, Hail and Kill.

¿Cómo definimos a un superhéroe? La pregunta se puede presentar retórica, pero muchas veces nos permite conseguir conclusiones, cuanto menos, interesante. Algunos dirán que es la capacidad de hacer lo correcto, de salvar el día, vencer al villano amenazante y, por supuesto, tener súper poderes. Pero hay otro elemento que muchas veces es olvidado: el sentido de pertenencia. Ser parte y baluarte de una comunidad a la cual están entregados y por la cual están dispuestos a dar sus vidas. ¿Se imaginan a Batman vigilando otros callejones que no sean los de Ciudad Gótica? ¿Se imaginan a Spiderman saltando de rascacielos a rascacielos de una ciudad que no sea Nueva York? Y más crítico aún, ¿se imaginan a Marek Hamsik jugando en otra cancha que no sea el San Paolo, dándolo todo por el Napoli y su gente? Un hombre devoto a sus aficionados y a su gente, el eslovaco ha creado una carrera que muchas veces es ignorada, pero que no menoscaba la trayectoria de un futbolista de una calidad incuestionable y que siempre se ha regido por sus propios principios, dejando de lado algunas de las idiosincrasias del fútbol moderno. Un hombre de otra época, si lo pensamos.

Sentado en la sala de mi casa, escribiendo este artículo, he pensado acerca de cómo el mediocentro del Napoli nunca ha recibido el crédito merecido por su carrera y por sus talentos. Un mediocentro mixto de oficio, el antiguo jugador del Slovan Bratislava y del Brescia ha sabido hacer mucho desde ese rol, haciendo las veces de enganche, de contención y hasta de regista, el rol a lo Andrea Pirlo, si necesitan un ejemplo, para su club y selección, para los cuales siempre se ha entregado al 100%. Tal vez sea el estilo tan Punk Rock de su peinado o el hecho de que desempeña en un club sin tanto perfil mediático; tal vez sea porque es de un país sin mucha cultura futbolística o quizás porque por más box to box que sea, abarca casi todos los elementos de lo que significa ser un mediocampista, dificultando especificar qué hace a Hamsik un jugador tan especial. Sea cual sea el motivo por el cual el capitán del Napoli no tiene el reconocimiento que debería ostentar en un mundo justo, hay que destacar que este caballero eslovaco radicado en el San Paolo ha tenido una de las carreras más románticas de los últimos años y siempre disponiendo de buen juego y grandes partidos. Como debe ser, hombre.

Firmando su primer contrato como profesional con el Slovan Bratislava de su Eslovaquia natal en 2002, el “Marekiano”, como le dicen los hinchas del Napoli, se presentó a la escena nacional como uno de los prospectos más emocionantes que habían tenido. Una suerte de niño prodigio que tras solamente seis partidos con el primer equipo de Bratislava ficharía en 2004 con el Brescia de Italia, por ese entonces club de la Serie A. Hamsik debutaría casi un año después, pero no tendría mucha suerte porque el club se iría al descenso, teniendo que batallar por unas cuantas campañas en los bajos mundos del Calcio. Esto fue, paradójicamente, beneficioso para nuestro protagonista puesto que pudo asentarse en el once titular del Brescia y hacer actuaciones que atraparían la mirada de varios clubes. Uno de ellos, el Napoli, tras su ascenso a la Serie A en 2007, se haría con los servicios del muchacho del peinado extraño de tan solo 20 años y con el presidente del club, el siempre polémico De Laurentiis, declarando que éste era uno para el futuro. Y qué futuro, ¿eh?

Su primera temporada en la Serie A como un jugador hecho y derecho fue bastante buena, ganando varios premios como jugador joven del año y recibiendo halagos al igual que comparaciones en su estilo con su ídolo de la infancia, Pavel Nedved. Incluso desde su tierna edad ya mostraba su talento con el balón en sus pies, la llegada al arco –fue goleador del equipo en sus dos primeras campañas- y la capacidad de cubrir mucho terreno con su atletismo. Una mezcla brillante entre sacrificio y clase, además de mucho gol. Y los hinchas del Napoli, vociferantes y apasionados como suelen ser en Italia, se encariñaron con su figura rápidamente, erigiéndolo como su gran bastión, incluso cuando llegaron talentos como Edinson Cavani o Ezequiel Lavezzi para fortalecer al club y hacerlo batallar por los primeros puestos de la Serie A.

Así como el Napoli escalaba posiciones, el mediocampista también aportó a que su selección participara en la Copa del Mundo en Sudáfrica, donde llegarían a unos 8vos de final, que es un hito para ese país. Siempre con Hamsik en la cancha y contribuyendo con su liderazgo, goles, asistencias y sacrificios. Y es que es ahí donde quiero hacer énfasis: Marek Hamsik es un futbolista capacitado para hacer de su juego algo tan simple a la vista y de manera muy consistente; desde que arribó a la escena en la Serie A ha rendido en un nivel tan alto que muchas veces es sencillo tomarlo por sentado, pero no es así. En su equipo y selección, por más que muchos compañeros y entrenadores hayan ido y venido, él sigue ahí, rindiendo y haciendo lo suyo para que estén en lo más alto de acuerdo a sus posibilidades.

Actualmente, el eslovaco se halla en su 9na temporada en el San Paolo y los rumores de su marcha no podrían estar más lejanos, en especial considerando su renovación en esta campaña hasta el año 2020. Y es que a pesar de ser un jugador sin tanto fuelle mediático, no ha evitado que muchos clubes importantes se interesen en su figura. De todas maneras, ahí sigue en el Napoli dando guerra y desempeñándose de la mejor manera posible, cosa que no es nada fácil considerando que jugadores como Lavezzi, Cavani, Inler, Higuaín y muchos otros han dejado el club con el pasar de los años pero él sigue fiel a esos colores y ha dejado pasar posibilidades como fichar por el Milan de Allegri en 2011, Arsenal, Chelsea, Bayern Múnich y un par más para seguir en este equipo. Y en un mundo donde incluso los hinchas ya no se molestan tanto por el cambio de camisetas o que sus ídolos se vayan a clubes rivales, es bastante alentador que un futbolista que no nació en Italia y que tampoco es formado en el Napoli declare tanto amor por la camiseta a través de su lealtad y sus actuaciones.

Diego Maradona siempre será la mayor figura de la historia del club napolitano por lo que hizo en la década de los 80s; sus logros fueron de una estatura monumental y supo levantar a un equipo chico para competir y ganar grandes cosas. Ahí está su lugar como el mejor de todos los tiempos del Napoli y, para muchos, del fútbol en general. Pero en la escuadra italiana, luego de Maradona, Hamsik. Eso nadie debe cuestionarlo y es que superhéroes hay muchos; superhéroes con sentido de pertenencia hay pocos. Y si hay algo que quiero destacar en estos balbuceos es el mero hecho de que hay jugadores como Hamsik que, de cierta manera, dignifican una profesión que muchas veces es tachada de mercenaria y que parece haber perdido sus valores morales, que al final del día son más importantes que cualquier título o premio individual, por más que nos digan lo contrario. Hamsik dignifica al futbolista moderno al demostrar que no todo se trata de dinero, fama o tener mujeres; que se trata de darlo todo siempre en la cancha y representar de manera orgullosa a los hinchas que entregarían todas sus posesiones y mucho más por estar un mísero minuto en el campo en su lugar. De eso se trata y eso ha demostrado. Lo demostró a su manera.

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sábado, 9 de julio de 2016

Así lo veo, Ken: Francesco Totti y su última cruzada con la Roma.



“De vez en cuando, llega una persona que desafía todas las probabilidades, toda la lógica y cumple un sueño increíble.”
- Rocky
Y tras meses y meses de controversia, polémicas y mensajes ambivalentes, los hinchas de la Roma pueden regodearse y sentirse felices ante la noticia de que su máximo baluarte y el mejor jugador de su historia –pienso que en este punto de la película es un pensamiento unánime-, Francesco Totti, ha renovado por un último año en la capital italiana para luego servir seis más como directivo del club. Con rumores circulando en la media acerca de posibles traspasos del genio romanista a equipos como Los Angeles Galaxy o el Leicester City, además de respuestas incompletas de la directiva del club acerca del futuro de su capitán y el propio Totti, quien declaró en su momento que quería jugar más o que tal vez tendría que irse –ciertamente para apresurar la cuestión del nuevo contrato, guiándonos por cómo se dieron las cosas después-, todas las partes decidieron poner fin a esto y el contrato fue firmado. Al final de todo, es el mejor resultado para los involucrados: ninguno de los aficionados al fútbol, no solo los de la Roma, queremos ver a Francesco con otra camisa y su amor y lealtad a un equipo que, aunque grande y con buenos jugadores, no siempre está peleando por títulos, es una demostración de ese romanticismo que a veces es tan necesario en el deporte y que se ha perdido –en resumen, todos felices con el desenlace de esta saga.

Los últimos tiempos en el club de la Ciudad Eterna han sido buenos, pero siempre plagados por esa sensación de que pudieron ser mejores; desde que la institución ha sido adquirida por un grupo empresarial estadounidense, discusiones acerca de un nuevo estadio, un proyecto, establecer lo que ellos llaman “la marca Roma” y, por supuesto, un Scudetto han estado a la orden del día, pero nada de eso se ha materializado. En las últimas campañas, la Roma ha tenido que padecer la venta de muchos de sus mejores activos en la cancha –Lamela, Marquinhos, Benatia, Pjanic, entre otros- y que el sector más intenso de su afición (y también el más radical) deje la grada, la famosa Curva, como signo de protesta por la división de ambas curvas del estadio con barreras de concreto por parte de la policía de la ciudad, además de lidiar con una Juventus que ha sabido establecerse desde 2011 como el poder absoluto de la Serie A, ganando cinco Scudettos seguidos. Entre todo estas vicisitudes, el equipo sigue contratando y produciendo talento; los resultados, aunque decepcionantes considerando las expectativas planteadas por estos dueños, han sido buenos –el club ha regresado a la Champions y participa ahora de forma asidua- y el arribo de tal vez su mejor entrenador desde Fabio Capello, el celebérrimo Luciano Spalletti, quien ya entrenó a la institución en uno de los mejores pasajes de su época, ha encendido una vez más el espíritu de lucha de una “Loba” que yacía en un letargo. Y en el último año de Francesco Totti, el deseo de un cuarto título de Serie A no puede ser contenido por los tifosi romanistas quienes ansían ver a su máximo ídolo marcharse victorioso en su última cruzada. ¿Puede la Roma derrotar a la Juventus y conseguir, tras tantos años cerca de acariciar la gloria, ese Santo Grial que es su cuarto Scudetto? Veamos.


Hay que contextualizar algo desde el principio para entender el lugar en el que se encuentra la Roma actualmente: la era Rudi García, aunque produjo sus cosas positivas, fue de más a menos y su caída probó ser demasiado problema para que el galo pudiera solucionarla. El técnico francés arribó a Italia en el 2013 con un cartel de entrenador ofensivo y que iba a revitalizar a un plantel que, como ha sido la costumbre, se hallaba actuando por debajo de sus posibilidades; pero que con su nuevo entrenador logró una seguidilla de triunfos notables con un Kevin Strootman y un Benatia en estado de gracia, lo que los llevó a la cima de la Serie A tras diez victorias consecutivas al comienzo de la liga. Pero tras eso, las lesiones, la falta de innovación al sistema de extremos con el que jugaba el equipo –en el cual resaltó Gervinho hasta que fue descubierto- y, sobre todo, la seria baja de Strootman supusieron el comienzo del fin para García en la capital; nunca pudo recobrar la forma de ese momento, el equipo se fue deformando y la Juventus retomó el ritmo en las tres campañas en las que estuvo el francés para quitarles el título. Nuestro protagonista, Francesco Totti, apoyado por un más que notorio elenco de jugadores como De Rossi, Nainggolan, Pjanic, Florenzi, Manolas y un par más, trató de salvar la situación y sus goles, ya estando más cerca de los 40 que nunca, supusieron una luz al final del túnel que ha sido esta era del club. Ya a finales del 2015, la situación era insostenible y se prescindió de los servicios de García para retornar al conocido rostro (y pelona) de Spalletti, quien había terminado su contrato con el Zenit de Rusia.


El cambio fue notorio. En sus últimos meses, la Roma de García era un equipo predecible, estéril y sin ninguna otra estrategia que depender de sus extremos para luego servirle pases a un timorato Edin Dzeko; la llegada de Luciano y su capacidad táctica para explotar el potencial de sus jugadores –este es hombre es después de todo el que implementó con Francesco Totti el sistema del falso nueve hace una década, que después sería popularizado por Pep Guardiola y Lionel Messi- y apostar por un juego más completo, impredecible y manteniendo la búsqueda ofensiva que pregonaba Rudi. Era una sinergia perfecta: Spalletti ama a la Roma, conoce al club y el ser italiano le permite conocer mejor a la Serie A; fichajes en enero como Diego Perotti –quien ha subido su nivel a cuotas insospechadas en la capital jugando en el rol de falso nueve- y Stephan El Shaarawy –jugador que yacía ahogado en la intermitencia en el Mónaco- sirvieron para balancear el ataque romano y jugadores como Mohamed Salah y Radja Nainggolan mostraron su mejor versión bajo la tutela de su nuevo entrenador. Tras tomar el equipo por la 6ta posición, el equipo ascendió hasta llegar a la zona de previa de Champions League y estuvieron a punto de tomar el 2do puesto en la tabla del Napoli, pero la inestabilidad defensiva, a pesar del muy buen nivel de Antonio Rüdiger y Kosta Manolas en la zaga central, supuso uno de los pocos aspectos negativos de la segunda etapa de Luciano hasta el momento.

Partidos como la visita a Atalanta, de local frente al Torino o de visitante contra Genoa hubieran acabado en pérdidas de puntos que tal vez les hubieran hecho perder el lugar en la próxima Champions, pero ahí es cuando surgió el genio imperecedero de Totti. Envuelto en toda una controversia por lo poco que jugó con Spalletti en los primeros partidos –esto siendo un poco exagerado cuando consideramos que venía de una lesión un tanto importante- y en la disputa por un nuevo contrato, el ‘10’ eterno de la Roma apareció en varios partidos anotando goles y haciendo asistencias para salvar a su equipo cuando más se le necesitaba –y todo esto en apariciones como un atacante suplente de 39 años. Es importante remarcar el renglón de la suplencia: a casi sus 40, Francesco ya no puede jugar 90 minutos cada semana y debe ser administrado para poder seguir aportando al equipo; Luciano lo ha manejado bien y jugando de 30 a 45 minutos por partido, la influencia de Totti ha sido tan grande que ha podido producir goles de la nada por motivo de su infinita creatividad futbolística. Esto, obviamente, significó bastante para los hinchas de la Roma que estaban desesperados por ver a su héroe en acción; pero también muestra la inestabilidad del equipo en ciertos pasajes de la temporada y eso ha significado un paso (o dos) atrás para destronar a la todopoderosa Juventus.


Dejando de lado todos los posibles obstáculos que la Roma pueda imponerse a ellos mismos, su mayor impedimento para la consecución del Scudetto es, obviamente, la propia Juventus. Como hablamos el año pasado por aquí, la resurrección de la dama del Calcio ha sido notable y hoy en día, siendo la pentacampeona italiana, es la reina absoluta de la Serie A. Por supuesto, los ingresos que suponen el tener un estadio propio y conseguir múltiples títulos –además del fútbol de Champions League que es una constante en su haber-, la Juve puede costearse sueldos y contrataciones que ningún otro club en la liga puede desembolsar y eso es una gran ventaja sobre la Roma que ya se dejó entrever con la “traición” de Miralem Pjanic al fichar de la capital italiana para los de Turín. Destaco que la capacidad de la Vecchia Signora para hacer estas transacciones es mérito absoluto de una gestión notable de sus directivos y la etapa Agnelli de la Juventus ha mostrado una de las mejores administraciones de la época reciente del fútbol. Tal vez es un reflejo de que quien mejor se administra siempre gana.

La Roma simplemente no tiene eso. La Juventus, a pesar de haber dejado ir el año pasado a jugadores como Tévez, Vidal o Pirlo, siempre ha mantenido una columna vertebral en Buffon, Barzagli, Bonucci, Chiellini y Marchisio, quienes han sido omnipresentes en estos cinco títulos de liga. Por el otro lado, la “Loba” es un equipo que cambia constantemente en cada verano y eso no es beneficioso para una directiva americana que ha hecho múltiples promesas de Scudetto; este verano volverán a pasar por lo mismo por no concretar el pase de Digne tras su cesión en el club, la venta de Pjanic y la seria lesión de Antonio Rüdiger. Agreguemos a eso la llegada de un nuevo arquero como Alisson y lo que eso siempre representa, la posible venta de Leandro Paredes –decisión que me parece francamente tonta-, quien brilló en un muy buen Empoli, y la posible llegada de un otrora protagonista de nuestro Blog –aunque también se puede marchar al Milan-, Mateo Kovacic, significan otro periodo de adaptación de un equipo que no cesa en su habilidad de conseguir talento desconocido y crear planteles competitivos, pero que requiere de constancia y de un plan para lograr el objetivo deseado. Spalletti es un entrenador que sabe manejar a sus jugadores y explotar su potencial; no dudo de que sea capaz de trabajar con lo que tiene (que no es poco porque cuenta con un muy buen grupo de jugadores) y moldearlos para que sean un equipo compacto; pero la realidad del asunto es que la Roma requiere de un plan para este año y un plan para el futuro. Es el último año de Totti y les aseguro que esa variable influye mucho en todos los romanistas; nadie quiere que este año sea un mero tour de despedida para su ídolo eterno; quieren que su monarca se despida a lo grande y para ello tal vez se requiera tomar un par de decisiones pragmáticas y de contrataciones que, aunque no sean las más seguras –ya vimos lo que pasó con esa “sure thing” que era Edin Dzeko-, sean el activo necesario para conseguir resultados inmediatos.

La pregunta del artículo en cuestión: ¿Puede la Roma destronar a la Juventus en el último año de Francesco Totti? Llámenme loco, pero yo creo que sí y les diré por qué: la motivación está ahí, tienen el mejor entrenador que puede pedir el club –Luciano es Roma y viceversa-, la plantilla tiene una mezcla más que interesante de jugadores y en la segunda vuelta de la temporada pasada se demostró la capacidad del club para ser el equipo más goleador de la campaña en la liga. Hay calidad, hay talento y hay inteligencia táctica; es el aspecto mental el que debe ser trabajado puesto que es esa fragilidad mental la que hace que no terminen de dar el paso final –es la mentalidad lo que los mantiene en un complejo de inferioridad al compararse con la Signora del Calcio. La Juve es poderosa; muy poderosa, me atrevería a decir. Pero nadie es invencible y pienso que, al final del día, la venta de Pjanic, el retiro del gran Francesco y la impronta de un loco (en un buen sentido) como Luciano, pueden traducirse en un equipo de la Roma que sabe que este año no es otro más: es el de una confrontación de proporciones babilónicas y que será recordada por muchos años.


A lo mejor estaré equivocado dentro de un año cuando lean este artículo de nuevo; después de todo, el fútbol es como la vida y está llena de inconsistencia. A lo mejor no ganarán nada y esta campaña es como todas las demás con una Juve campeona. Pero si tuviera que apostar dinero en algún equipo para arruinarle la fiesta a la dama del Calcio, sería a Francesco Totti, su Roma y su última cruzada con el club de su vida. Abogo por la épica y por lo dramático –después de todo, esto es Italia y esto es Roma.


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viernes, 22 de abril de 2016

Fichajes Estrellados: Diego Forlán al Inter.



Pocos clubes hay más pintorescos, caóticos e inverosímiles en el inmenso espectro del fútbol que el Inter de Milán y creo que cualquier hincha neroazurro que está leyendo mis palabras concordará con esa declaración. Seamos sinceros: pocos equipos en la historia moderna del fútbol han tenido en sus filas una plétora de talento, jugadorazos y fracasos económicos de proporciones babilónicas en las dimensiones portentosas del club lombardo –son una institución que ama un gran desembolso de dinero. Massimo Moratti era el Vince Lombardi de los fichajes rimbombantes; durante sus décadas de gestión del Inter gastó y gastó para asegurarse que el club que amaba –nadie puede negar el cariño de Moratti para con la institución, aunque a veces rayara en lo insano y lo perjudicara en muchos casos- siempre contara con lo mejor del fútbol mundial y adjudicarse como uno de los más grandes del balompié europeo, como demandaba la historia del club. Nadie puede negar que esa metodología tuviera éxito; al final del día el Inter consiguió varios títulos de Serie A, Coppas Italia, una UEFA Champions y un Mundial de Clubes; pero también consiguieron desequilibrar muchas veces sus plantillas trayendo jugadores que tal vez no eran necesarios, que nunca se adaptaron a las exigencias del equipo y la rigurosa Serie A o que simplemente ya no era lo que fueron en su apogeo. En nuestra historia de hoy –que hace tiempo que no les traía un Fichaje Estrellado, hombre-, tenemos un ejemplo de lo último, a mi criterio: el más que deficiente paso de Diego Forlán al Internazionale.


Vamos a retrotraernos al año 2.011 –sí, amigos, ya ha pasado tanto tiempo- y analizar dónde estaban nuestros protagonistas en ese momento en particular de sus respectivas historias. El Inter comenzaba lo que sería una trepidante y aguda caída al abismo de la mediocridad deportiva; tras tocar el Olimpo del fútbol con aquel fabuloso equipo del ’10, sus componentes comenzaron a deshacerse tras una campaña negativa con Rafa Benítez y, posteriormente, el brasileño Leonardo; entraba a la dirección técnica para otorgarle al equipo lombardo la renovación y transición necesaria de la era de triunfos de escuadrón veterano de Mourinho a uno que pudiera sacarlos adelante tras una campaña tan decepcionante como la 2.010/11. Por el otro lado, Diego Forlán no pasaba sus horas más lúcidas en el Atlético: el uruguayo era un ícono del club después de campañas que supusieron triunfos a nivel colectivo (UEFA Europa League del ’10 y la Súpercopa Europea de ese mismo año contra el Inter, entre todos los rivales) e individuales (una Bota de Oro en el ’09, además de ser el mejor jugador del Mundial de Sudáfrica en el ’10 con el seleccionado charrúa); pero su actualidad en el 2.011 cargaba con el peso de una temporada bastante pobre en la institución colchonera –solo 10 goles en 42 partidos, lo que es una cifra paupérrima para las que ostentaba Diego en esa época- y terminó marchándose a Milán para ser el reemplazo de Samuel Eto’o tras la bombástica llegada de Radamel Falcao al Calderón.


De cierta forma, ambos se necesitaban: el Inter necesitaba a un nuevo punta y a un jugador que ilusionara a la afición y Forlán necesitaba de un reto en una liga diferente y sentirse importante, además de alejarse de las múltiples críticas y ambiente nocivo que se respiraba en el Atlético. El club colchonero le dio al uruguayo los cinco millones de euros que le debían de su ficha y se fue gratis al San Siro, cosa que en su momento parecía una ganga por un atacante de indiscutida clase mundial como era Forlán, pero ninguna de las dos partes se imaginaba (bueno, ¿quién se lo imagina en un fichaje?) el desastre venidero: Diego Forlán solo haría dos goles en toda una temporada en la Serie A y se convertiría en una de las peores contrataciones de la historia reciente del Inter –y eso es decir mucho.

Hay muchos factores que influenciaron en el mal rendimiento de Forlán. El primero de todos, fue el hecho de que llegaba a la ciudad italiana con 32 años de edad, con su mejor momento ya en el pasado y cargando con el peso de una exitosa Copa América con Uruguay en el 2.011; el segundo de ellos fue el hecho de que el Inter comenzó un declive importante que se transformó en esa campaña en una espiral descendente de locura –hasta tres técnicos tuvieron durante la campaña-; lo tercero fueron las diferentes lesiones que padeció el charrúa y finalmente queda el simple hecho de que nunca supo adaptarse a los rigores de la Serie A.


Las cosas se vieron prometedoras al principio; Forlán debutaría con un buen gol de zurda en una derrota cuatro a tres frente al Palermo y se vería bastante bien, en líneas generales. Pero aunado al gran momento goleador de Diego Milito, quien “volvía” después de una campaña decepcionante en el año anterior, al uruguayo se le comenzó a cerrar el arco y nunca terminó de cuajar en una institución que se hallaba en un momento crítico y donde se le necesitaba para sacar adelante el barco. De todas maneras, el rendimiento de Forlán también pudo haber sido catalizado por el pésimo ambiente del Inter por esos años donde casi todos sus jugadores se encontraban languideciendo y donde la irregularidad estaba a la orden del día. El arribo de Claudio Ranieri no significó una mejoría en las fortunas del club y de Forlán; al contrario, hay malas lenguas que dicen que los dos tuvieron desavenencias por el hecho de que el experimentado entrenador italiano le pidió que jugara por la banda en un partido y Diego se negó, cosa que el crack charrúa ha negado en el pasado.


Tras estar de baja por tres meses por lesiones en el bíceps femoral, Forlán anotó otro gol y finiquitó su campaña con tan solo dos tantos en veintidós partidos –una cifra absolutamente desconcertante considerando lo efectivo que había sido durante toda su trayectoria. La situación estaba tensionada y no ayudaba que Moratti declarara que Forlán había tenido un rendimiento bastante pobre y que “cuando jugaba, no hacía nada”. De todas maneras, Forlán reconoció que no había estado a la altura de las expectativas, que quería cumplir su contrato con el Inter para mostrar su mejor versión y que quería irse dejando al club en una buena posición, mientras que su padre también declaraba algo bastante en consonancia con lo que su hijo decía. La temporada siguiente se fue al Internacional de Porto Alegre.

En retrospectiva, fue un traspaso que no suponía ningún beneficio para las dos partes, pero es importante recordar el contexto en el que constituyó la contratación: el Inter necesitaba de una figura tras la marcha de Eto’o a Rusia (cosa que era Forlán) y el Diego Forlán quería permanecer en el máximo nivel (cosa que era el Inter). Lo que sucedió después fue el resultado de una unión que se llevó a cabo en el peor momento de los dos hasta ese punto de sus existencias; como alguien que ha visto a Forlán desde sus tiempos en el Villarreal, no dudo que de haber arribado en otra época –una más estable para ambos-, su paso al Inter hubiera sido más lúcido y memorable. Tristemente, no pudo ser y quedó en la enorme lista de flops que el club ha hecho, siendo algo así como un caso Bergkamp del siglo XXI.

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