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lunes, 16 de enero de 2017

Play it, Sam: Frank Lampard, leyenda “Blue”.

Este artículo es de la autoría de nuestro nuevo escritor, Samuel López. Venezolano e hincha del Chelsea, espero que les guste su estilo, lo que aporta con su propia columna y este tributo a su jugador favorito de todos los tiempos. Espero que les guste.

Nacido en Romford el 20 de Junio del años 1978, Frank Lampard, Jr siguiendo los pasos de su padre Frank Lampard, Sr y también de su ídolo de la infancia Frank McAvennie ficha por el West Ham en 1994, entrando en el equipo juvenil ese mismo año, durante el cual su padre ejercía como asistente del entrenador. En el West Ham duró 6 años, en los cuales consiguió anotar en 39 ocasiones en todas las competiciones y solo pudo levantar un trofeo: el campeonato Intertoto de la UEFA en el año 1999, mismo año en el que es llamado por la selección de Inglaterra. En la temporada 95-96 fue cedido al Swansea City donde jugó solo 9 partidos anotando un gol. Durante su tiempo en el West Ham compartió vestuario con jugadores como el controversial Paolo Di Canio, el fallecido Marc Vivien-Foe, el legendario delantero Davor Suker, Frédéric Kanoute y futuros compañeros de selección como Michael Carrick, Rio Ferdinand, Jermain Defoe y Joe Cole, con quien compartiría vestuario unos años después en el Chelsea.



En el año 2001 se marcha del West Ham debido a la renuncia de su tío Harry Redknapp, la marcha de su padre como asistente del entrenador debido al mal trato por parte del club y por algo más importante: Para no sentir la presión de ser conocido como “el hijo de Frank Lampard”. Después de que los “Hammers” rechazaran una oferta del Aston Villa de 15 millones por él y Kanoute, llega a los “Blues” en Junio de ese mismo año por 11 millones de Euros, donde se consagraría a lo largo de los años, como uno de los mejores mediocampistas del mundo.
 
Frankie llegaría al Chelsea junto a William Gallas y Emmanuel Petit como los nuevos fichajes, esta vez, bajo la tutela de Claudio Ranieri (si, es mismo que 15 años después conseguiría el título de la Premier con el Leicester City) para cubrir las idas del ex capitán Dennis Wise, Frank Leboeuf, Gustavo “Gus” Poyet, y Jon Harley. Frankie debutaría el 19 de Agosto del 2001 en un empate contra el Newcastle United del mítico Alan Shearer.

Durante los próximos años se convertiría en el mejor mediocentro de la Premier League y uno de los mejores futbolistas del mundo, llevando al Chelsea a ganar la liga dos años seguidos en las temporadas 2004-2005; en la cual gana el premio FWA Footballer of the Year; y 2005-2006 donde además de ser el mayor anotador del Chelsea esa temporada con 16 goles, es seleccionado en el World XI inaugural y quedar de segundo puesto en el Ballon d’Or y en el FIFA World Player of the Year, siendo superado en ambas ocasiones por Ronaldinho. Fue durante este año que José Mourinho lo calificó como el mejor futbolista del mundo.



Fue por alrededor de estos tiempos donde comencé a seguir a “los Blues” solo por él, curiosamente fueron los años donde el Chelsea era visto como es visto el Manchester City actualmente pero yo no sabía de eso en esos tiempos, tendría unos 8 o 9 años en ese entonces. Durante los años siguientes me preguntaba dos cosas: 1) Si dejaría de apoyar al Chelsea si Frank se fuese; aunque hacen prácticamente 2 años y tantos meses de que se fue y apoyo al Chelsea más que nunca, no me incomoda decir que lloré cuando supe q se iba, que tu futbolista favorito deje tu equipo favorito no es algo relativamente fácil de digerir (luego cuando se unió al City lo vi como si hubiese sido algún tipo de mal karma). 2) Como nunca ganó nada con la selección? Ok, eso me lo pregunto actualmente, pero igual, es algo bastante sorprendente: durante su mejor forma compartía vestuario y jugaba en la selección con Scholes, Gerrard, Beckham, Owen, Terry, Ferdinand, Ashley Cole y Wayne Rooney, jugadores de clase mundial y estrellas en sus respectivos equipos. Tal vez su momento más recordado en la selección tristemente sea el gol anulado contra Alemania en el mundial del 2010 donde perdieron 4-1 siendo eliminados de esta competencia.



En el 2008 llegaría a la final de la UEFA Champions League contra el Manchester United donde saldrían victoriosos estos últimos luego de una tanda de penales en la que Van der Sar atajaría el penal de Nicolás Anelka. El año siguiente llegaría el Chelsea a semifinales donde serían eliminados por el Barcelona de Guardiola en un partido muy controversial debido a un mal arbitraje el cual no quisiera hablar tanto sobre eso. Luego de ganar la liga nuevamente en el año 2010, en la cual Lampard anotó 22 goles en liga, siendo un numero extremadamente alto para un mediocampista box to box. En el año 2012 el Chelsea ganaría su primera UEFA Champions League contra el Bayern Munich en un partido donde Didier Drogba sería el salvador anotando el gol del empate al minuto 88 y el penal decisivo. Frank seria el capitán del Chelsea en ese momento debido a una suspensión que traía John Terry debido a una roja contra el Barcelona en la semifinal. También ganaría la FA Cup frente al Liverpool en un partido que acabaría 2-1. El siguiente año ganaría la UEFA Europa League gracias a un gol de Ivanovic en el último minuto, luego de que fuesen eliminados de la Champions League del 2013 en fase de grupos.

En el 2014 ficharía por el New York City FC, pero se iría cedido al Manchester City (nunca estuve de acuerdo con esto) donde jugaría por una temporada, temporada en la que jugaría contra su antiguo club anotando un gol el cual no celebraría. Terminaría la temporada, su última en la Premier hasta ahora, con 6 goles en 32 partidos.



En Enero del 2015 firma un precontrato con el New York City FC para jugar junto a David Villa, Andoni Iraola y Andrea Pirlo: imagínense el hype que tuve al saber que Pirlo y Lampard (mis dos futbolistas favoritos) jugarían juntos. OK, volviendo al tema principal… A pesar de tener estos jugadores en el plantel, el NYC FC tuvo pobres resultados en la campaña, siendo incapaces de asegurar un puesto en las playoffs de la MLS Cup, terminando el año con 3 goles en 10 partidos. El siguiente año, después de regresar de una lesión y de perder 7-0 contra los Red Bulls y ser abucheado por los fans del equipo, Lampard dio un giro de 360 grados totalmente siendo capaz de anotar 12 goles y 3 asistencias en 19 partidos, entre ellos un hat trick siendo el primer triplete en la historia del New York City FC, logrando así calificar a los playoff de la MLS por primera vez en su historia. Se enfrentarían luego en la Eastern Conference al Toronto FC en la semifinal, perdiendo 7-0 en ida y vuelta. El 14 de Noviembre, el NYC FC anuncio que Lampard dejaría el equipo cuando el contrato finalice, quedando actualmente libre…

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miércoles, 28 de diciembre de 2016

Cracks en las Sombras: Michael Carrick y la sinfonía del silencio.

“Aprendamos a mostrar nuestra amistad por un hombre cuando está vivo y no después de su muerte.”
-          F. Scott Fitzgerald.

Soy una persona que trata de explicar todo con la precisión que considero necesaria y eficaz. No me gusta dar respuestas vacías o incompletas; soy ese tipo de persona que trata de que todo esté bien fundamentado. Pero cuando se trata de fútbol, hay una pregunta que impera por encima de la mayoría, portentosa e imponente entre una pequeña comitiva que le hace compañía: ¿Qué hace Michael Carrick?


Diez años. Diez temporadas han transcurrido desde que un mediocentro inglés de cara limpia, mirada ida que no delata sus pensamientos y de juego que hasta se puede caracterizar como sencillo dejó el blanco y negro del Tottenham para engalanarse la camisa (e histórica) camisa roja del Manchester United. ¿En verdad ha pasado tanto tiempo? El tiempo parece detenerse con Michael Carrick; el tiempo parece hasta tornarse secundario e impasible. Cada partido del nacido en Wallsend parece ser una repetición de lo que ha hecho en su carrera con la misma (buena) displicencia, ojos calculadores y capacidad para mirar ese pase que (casi) nadie puede ver. No es una inyección de adrenalina, pero es necesario. Ésta es una historia basada en un aspecto que domina cualquier otro: la dura y pura consistencia. Simple y llanamente. Y en estos párrafos vagos trataré de desmenuzar lo que ha hecho tan grande, exitoso y, por qué, infravalorado a este caballero de armadura roja.


Vamos a dejarlo en claro desde el principio: Carrick no es un futbolista vistoso. El graduado de la academia del West Ham no cuenta con la agresividad y corazón de un Vidic o un Keane; no tiene la clase imperial de un Scholes; no tiene el desborde asesino de un Giggs o un Cristiano; no tiene los goles de un Rooney o Van Nistelrooy; y no tiene la capacidad para lo increíble de un Cantona o incluso de un Zlatan. Pero, aun así, con el pasar de los años, su presencia se ha agrandado en Old Trafford y hoy en día es una parte esencial, vital, del engranaje del United. Poco a poco, se ha convertido en un favorito de la afición del gigante inglés y todos sus compañeros se han deshecho en halagos para un individuo que, tras diez años como titular en Manchester fucking United tanto en las buenas como en las malas, todavía es desconocido para muchos observadores casuales del fútbol. Si algo ha insinuado con su juego y su comportamiento, es que el ruido de los espectadores y las luces de las cámaras no son lo suyo; Carrick construye desde el mediocampo posicionado en una red de sombras y silencio. Su genialidad consiste en la misma que un músico de orquesta: la capacidad de tocar piezas de altísima complejidad sin fallar en una nota y sin despeinarse hasta el punto en el que te engañan de que lo que hacen es simple. Eso es Michael: un disimulador de simpleza.


Dando sus primeros pasos en la academia del West Ham, el mediocentro ya daba de qué hablar en el equipo juvenil que ganó la FA Youth Cup en el ’99 junto a dos compañeros generacionales y talentosos como Joe Cole y un tal Frank Lampard. Tras unos préstamos en el Swindon Town y en el Birmingham –si alguien consigue fotos suyas en este equipo para agregar, se los agradecería- donde no jugaría más de ocho partidos en total, se asentaría en el nuevo milenio con los Hammers y disputaría casi ciento cincuenta partidos con los londinenses, sufriendo un descenso en la temporada 2002/03. Un duro golpe, pero otro aspecto clave en este personaje ha sido la habilidad de recibir derrotas deportivas y seguir adelante con una normalidad que algunos podrían calificar de indiferente, pero que en realidad denota un carácter notorio. Se quedó en el West Ham en el Championship, por entonces First Division, y contribuiría a su retorno entrando en el equipo del año del torneo en la campaña 2003/04.


Sus buenas actuaciones se verían recompensadas por un traspaso de 3.5 millones de libras al Tottenham Hotspurs, un club que distaba mucho en esos tiempos del gran equipo que es hoy en día y en el que Carrick pudo hacerse un nicho lo suficientemente cómodo para jugar un total de 75 partidos y entrar en la convocatoria inglesa de Sven Goran Eriksson para la Copa del Mundo en Alemania 2006. No jugó mucho y ésa sería la tónica durante su carrera internacional; la gran mayoría de sus entrenadores en la selección no le dieron las suficientes oportunidades, prefiriendo insistir con el doble pivote Steven Gerrard-Frank Lampard, padeciendo un destino similar al de su compañero de mediocampo en el United por casi una década, Paul Scholes. Curiosamente, un combo sí funcionó y otro no. ¿Pueden adivinar cuál es cuál?


De todas maneras, Sir Alex Ferguson había prestado atención a la trayectoria de Michael y se puso mano a las obras para contratarlo, dispensando dieciocho millones de libra en 2006, una cifra nada desdeñable para esos tiempos. Cuando llegó al Manchester United, el conceso general era que venía para sustituir al gran Roy Keane, quien se había marchado al Celtic de Glasgow seis meses antes. Pero la realidad es que Ferguson no pudo haberse conseguido un reemplazo más dispar que el inglés. Mientras que el otrora capitán irlandés era aguerrido, puro corazón, agresivo hasta llegar al punto de cruzar la línea legal en más de una ocasión y un líder que guiaba dejándose la piel en la cancha, Carrick era mesurado, frío, calculador y que ya tenía pensado dos o tres jugadas antes de recibir el balón. Dos tipos de liderazgos que son muy diferentes, pero igual de efectivos. Sir Alex reemplazó una canción de fuego con una de hielo, parafraseando a George R.R. Martin (sí, estoy viciado a Game of Thrones y A Song of Ice and Fire, demándenme).


Su carrera en el gigante de Manchester no ha tenido mucho altibajos o sucesos; ha sido, en líneas generales, de una consistencia y efectividad que muy pocas figuras del club (y de Inglaterra, me atrevería a decir) pueden rivalizar. Siendo sincero con el lector, mi apreciación de Michael aumentó considerablemente en sus últimos años cuando se erigió como uno de los líderes del equipo y le tocó tomar la batuta del mediocampo luego del retiro de mi jugador favorito, Paul Scholes, quien siempre lo ha elogiado y catalogado como “el mejor mediocentro con el que jugué” (grandes palabras que vienen de alguien que jugó con Nicky Butt, Roy Keane, Frank Lampard, Paul Ince y Steven Gerrard). Es más, me atrevería a decir que éstos son los años dorados de Carrick y donde su juego ha alcanzado su balance perfecto entre efectividad y madurez. Durante todos estos años, tres de los entrenadores más exitosos de la historia del deporte (Ferguson, Mourinho y Van Gaal) le han rendido pleitesía y reconocido su importancia para el buen funcionamiento; Van Gaal lo calificó como un “jugador-entrenador” y Mourinho dijo que le hubiera encantado dirigirlo a los 25 años para disfrutarlo en su plenitud. Incluso en esta temporada, con 35 años y habiendo coqueteado con su salida del club en el verano, el inglés ha sido imperativo para la racha positiva del United y el equipo no ha perdido en todos los partidos que ha iniciado. Esto último puede cambiar, claro, pero es un dato inexpugnable acerca de la validez de Michael en la cancha. Tal vez es por su capacidad de organizar y distribuir el juego de manera casi mecánica; tal vez sea que le da a Ander Herrera y Paul Pogba la libertad para jugar a sus anchas –como lo hizo para Scholes, Fletcher, Park y muchos otros en el pasado-; o tal vez sea su experiencia, ahora como un viejo zorro, que le da una ventaja en la cancha. Pero yo pienso que la mayor virtud de Carrick es mental; es su capacidad de mantenerse relajado y concentrado en los momentos de alta presión, donde la sangre está ardiendo en el apogeo de la batalla, donde realmente entendemos por qué ha sido tan importante para los mejores momentos del club en los últimos años.

El mundo entero podría estar ardiendo y él estaría caminando entre las llamas, meditando qué haría ahora. Se los garantizo.

Michael Carrick no va a inspirar poesías a los amantes del fútbol mundial. Nadie va a hablar acerca de su trayectoria, logros y calidad de la misma forma que otros grandes del deporte porque no hace golazos de larga distancia como Scholes, no evade a los rivales como Maradona y no tiene la potencia e histrionismo de un Patrick Vieira, por dar algunos ejemplos. Nadie va a rendirle culto a su figura, que es una de las menos egocéntricas y una de las más desinteresadas en el fútbol inglés. Carrick probablemente sea un jugador aburrido; un compilatorio de jugadas del exWest Ham debe estar entre las cosas más aburridas de Youtube. Demonios, hasta su actividad en redes sociales es aburridamente correcta y nunca se le escapa una frase polémica o fuera de lugar. Pero, ¿saben qué? Eso a él no le importa. Lo de Michael Carrick es hacer funcionar al equipo. A él no le importa que hablen de él o que entre en el equipo del año de la Premier, la Champions o cualquier otro torneo. Le vale una mierda que un niño rata en una red social coloque una foto suya diciendo “L MEYOR MEDIOCMPSTA DL MUNDO!!!”. Él no juega para su gloria personal. Lo suyo es hacer que el equipo funcione y, por ende, que el equipo esté más cerca del triunfo; en eso ha basado su carrera y eso le ha traído muchos éxitos. Lo ha hecho a su manera.



Y les voy a decir algo: va a hacer mucha falta cuando se haya ido.

El partido termina, el United ha ganado y Michael se retira a las sombras, donde puede estar tranquilo y donde puede dirigir la orquesta de Manchester como el mejor conductor que se podía pedir. ¿Por qué? Porque ha estado ahí y sabe lo que se debe hacer. No se necesitan florituras ni vanagloriarse; sólo hacer lo necesario. El silencio es la mejor sinfonía de Michael Carrick.

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domingo, 1 de noviembre de 2015

Cracks en las Sombras: Matt Le Tissier, el mago del puerto de Southampton



NOTA: antes de comenzar este post, quiero anunciar que he descubierto dos páginas de México que han plagiado algunas de mis entradas y les pido que no tomen en consideración a esos ladrones de ideas. La página Libertad tomó mis posts de Riquelme, Zanetti, Ibrahimovic, Quaresma y Van Gaal –ahí están los enlaces a sus versiones y pueden comparar las fechas de publicación con las mías en este Blog. Por favor hagan lo mismo con la página Laznoticias que plagió mis entradas de Schweinsteiger, Gago y Verón, además de que cambiaron una que otra palabra en este caso en un banal y ofensivo intento de enmascarar lo que es una bajeza totalmente despreciable.

Por favor, si se enteran de algún otro caso, háganmelo saber por la vía que les parezca más conveniente. Gracias de antemano a los que se tomaron la molestia de corroborar las fechas y gracias a las páginas mencionadas por tomar mi trabajo sin autorización; es una prueba fehaciente de que estoy haciendo las cosas bien.

Ahora, vamos a lo que nos interesa.

No hay mejor momento que aquel instante de gloria en tu vida cuando estabas en lo más bajo. ¿Puedes mostrarme algo más hermoso que triunfar, aunque sea por un mero resquicio de tu extensa y dilatada existencia, contra todos y todo cuando nadie apostaba por ti? Aunque no lo queramos reconocer, hay una cierta grandeza en ser el héroe de los desprotegidos y de los indefensos; el concepto de ser una suerte de Robin Hood de la desdicha descomunal es una idea por la que cualquiera se siente atraído. Pero el hombre, indiferentemente de su nacionalidad o estrato social, pocas veces puede lidiar con tener el poder de representar a millones y no engrandecerse hasta alcanzar el cenit de un egocentrismo copioso. Traduciendo esto al ámbito futbolístico –que es lo quieren leer y no mis interminables soliloquios-, me refiero a los hinchas de esos clubes humildes que muy pocas dichas pueden vivir en cuanto a títulos o cúspides reflejadas en resultados. El hincha del club pequeño quiere esos momentos de victoria contra las probabilidades; ese día en el que vencieron como si fueran gigantes al equipo todopoderoso y, por sobre todas las cosas quieren tener algo de qué presumir. En esta entrada hablaremos de un jugador que, desafortunadamente, es poco conocido en estas latitudes pero que es, sin lugar a dudas, el mejor jugador de la historia del fútbol que no ganó un maldito título en toda su carrera. Estoy hablando del mejor jugador de la historia del Southampton FC, el mismísimo “Le God”, Matt Le Tissier.


La historia de nuestro protagonista comienza en Inglaterra comienza en su Guernsey natal, que es un pequeño pueblo en las islas. En 1985 y con solo 17 años, los Saints lo contrataron de su equipo juvenil, Vale Recreation, donde había estado por mucho tiempo y luego de un año en las inferiores del Soton, debutaría como profesional en 1986. Sus primeras tres temporadas encadenaban momentos de certísima brillantez con la intermitencia tan típica de los jóvenes, pero fue en la campaña 89/90 donde logró hallar la consistencia necesitada: hizo 24 goles en 43 partidos jugando como mediocampista, algunos tan espectaculares como uno con doble sombrero que le hizo al Liverpool en su apogeo, que le valieron el premio del jugador joven del año de la antigua Primera División Inglesa. Pero no sorprendían solamente sus números o incluso la calidad de sus goles –hay quienes lo consideran el jugador con la mayor cantidad de golazos en la historia de la Premier-, sino su forma de jugar: éstos eran los tiempos donde la creatividad no era tan asfixiada como ahora y se permitía brillar a sus talentos. Le Tissier era como una suerte de Riquelme inglés, pero con mayor capacidad goleadora; podía proteger el balón, driblar hombres, tenía una visión de juego exquisita y podía ganar partidos solos. Era un abanico andante de trucos, arte y grandilocuencia futbolística que había sorprendido al fútbol inglés junto a un tal Paul Gascoigne por esa época.

Sus primeros años en los 90s no comenzaron de la mejor manera cuando Ian Branfoot, un amante del pragmatismo y el fútbol conservador, arribó al club de los santos en 1991 y decidió recolocar a su mejor jugador por la banda derecha. Le Tissier había sido votado el mejor jugador joven de la liga la campaña previa una vez más y promediaba veinte goles por temporada desde la posición de mediocampista ofensivo, pero su nuevo entrenador se enfocó en sus debilidades. ¿Cuáles eran sus debilidades? Falta de compromiso para marcar, presionar o defender; falta de velocidad, recorrido o movimiento; y ser un jugador que podía hacer lo imposible con el balón en sus pies, pero que sin él parecía sentarse en la grama y comer una bolsa de papas fritas. Ni le gustaba entrenar o cuidarse; todo lo que logró fue bajo una base de McDonald’s y refresco. Su aporte goleador bajó considerablemente y rumores de posibles traspasos al Tottenham o al Chelsea comenzaron a surgir, pero el jugador, siempre devoto al club que le dio la oportunidad como futbolista, negó todos los rumores y se quedó. Eso siempre sería un tema con Matt, pero los Dioses del fútbol lo recompensaron con la llegada de un nuevo entrenador, Alan Ball, que se acercó a los muchachos del Soton y les dijo: “Pásenle el balón a Matt”. Así hicieron y así se vio a “Le God” en toda su expresión.


Con Ball, Le Tissier alcanzó su mejor nivel y logró un total de 45 goles en los 63 partidos que dirigió el técnico antes de marcharse al Manchester City. Hizo golazos al United, al Chelsea, al Tottenham, al Liverpool, a todos, en una época en la que su club lo necesitaba para pelear el descenso mientras los cantos de sirena de los mejores clubes de Inglaterra seguían resonando en el horizonte. No sé cómo lo hizo, pero jamás abandonó al Soton y siempre dio la cara por ellos; su calidad y sus goles no se demostraban en un 4-1 que ya estaba asegurado –se demostraba en partidos que iban 1-1 y donde anotaba el gol del triunfo en el minuto ’92 para salvarlos. Todo esto lo hizo jugando su juego, con su cara de británico mundano, dientes chuecos y sin correr por la cancha –uno de esos genios que reafirman el concepto de que no se debe sofocar la creatividad en un deporte que hoy en día urge de artistas. Pasaron los años y era ignorado por un seleccionado inglés que solamente le dio ocho partidos en quince temporadas donde fue uno de los mejores jugadores de su país –todo por sus incapacidades tácticas y por no jugar en un equipo grande. Ja, y luego se preguntan los ingleses por qué no ganan un Mundial desde hace más de cuarenta años. Como dato curioso, se le tomó muy en consideración para la Copa del Mundo de Francia ’98, pero al final no fue convocado por el seleccionador y leyenda del balompié inglés, Glenn Hoddle. Bueno, Hoddle era el ídolo de Le Tissier y su mayor inspiración para ser futbolista.


Como estadísticas –que hoy en día todo el mundo está encaprichado con éstas-, fue el primer mediocampista en alcanzar los cien goles en la Premier League y de un total de 48 penales llevados a cabo, acertó 47 –siendo el fallado una estupenda parada del arquero del Nottingham Forest que la clasificó como “la mejor tapada de mi carrera”. Pero uno de mis momentos favoritos de su historia es que su último gol como profesional y para su club fueron en el último partido del viejo estadio del club, The Dell, contra el Arsenal en un triunfo que acabó 3-2 en el 2001. Le Tissier anotó el gol de la victoria en una campaña en la que las lesiones lo atizaron por todo el año y donde solo anotó un tanto –ése tanto. No había otra forma de acabar un relato como éste que no fuera así. Sí, jugó un par de partidos el año entrante en St. Mary’s, pero ése fue el momento donde un episodio de la historia del club terminaba de la forma más gloriosa. Así terminaba la historia del mejor jugador que no había ganado un maldito título en toda su carrera.


Cuando pensamos en el mejor jugador que ha tenido la Premier League desde su incepción (en 1992), ¿cuáles son los nombres que se nos ocurren? A las primeras de cambio podemos decir Ryan Giggs, Thierry Henry, Paul Scholes, Frank Lampard, Alan Shearer, Dennis Bergkamp, Steven Gerrard, Eric Cantona… claro que me han faltado varios, pero éstos serían los predominantes. Todos ejemplos válidos y que tienen fundamentos totalmente lógicos para ser considerados los mejores de la historia de esta liga pero, ¿por qué no Matt Le Tissier? El mediocampista ofensivo del Southampton tal vez nunca ganó nada en su carrera pero el fútbol que desplegó en ese pequeño club puede igualar a cualquiera de los mencionados por un elemento tan esencial en esto del fútbol: magia. Le Tissier tenía magia, brillantez, un talento divino que podía levantarte de tu asiento y dejarte estupefacto por varios minutos. Para las jóvenes generaciones, vean este video y disfrútenlo. No sé qué tipo de música tiene el video porque siempre los pongo en mudo por la horrible electrónica que suelen colocar; como recomendación, escúchenlo con See You In Hell de Grim Reaper. De nada.

¿Vieron el video? Es una demostración de que este sujeto era un anormal, una anomalía en el mundo del fútbol, y que marcaba un contraste con el resto de los jugadores de su época, pero sobre todo a los de la actualidad. Contemplamos a los jugadores de hoy en día y todos son súper atletas con físicos cuidados y que viven como millonarios con las mejores ropas y autos; este hombre parecía el típico borracho charlatán que te conseguías en un bar inglés y que nunca ganó lo suficiente en The Dell para vivir con lujos… pero era mejor que la mayoría. Tenía el talento de un dios y la humildad de un sin techo; incluso en sus celebraciones no era ostentoso, en dura dualidad con su habilidad. ¿Goles olímpicos? ¿De volea? ¿A larga distancia? ¿Driblando y pasando rivales? ¿Picándola por encima del arquero? ¿Tiros libres memorables? ¿Asistencias de una genialidad indiscutida? Le Tissier podía hacerlo todo. Pocos jugadores he visto, sea en video o en vivo, que realmente me inspiren esa sensación de que podía cambiar todo a su antojo. Y no estamos hablando de un jugador encumbrado en lo más alto de su carrera; estamos hablando de un futbolista que pasó toda su vida futbolística protegiendo a su amado club de toda la vida del descenso y sirviendo como ese símbolo, ese bastión inexorable, del cual todos los Saints podían ser sentirse orgullosos. Un jugador que Xavi Hernández definió como uno de sus ídolos.


Le Tissier es uno de los más grandes genios de la historia del fútbol mundial; un jugador olvidado por el mundo mainstream del fútbol que hacía lo imposible y nos levantaba el espíritu con su juego. El incomparable final de su carrera con el Southampton es solo un mero pasaje de lo que hizo por esa camisa; pudo haber hecho esos goles en Old Trafford o en el Santiago Bernabéu, pero se mantuvo leal a los colores de unos hinchas que amaron y apreciaron cada jugada o gol suyo como si fuera un título –hizo feliz a todos aquellos hinchas del club que hayan tenido el placer de haberlo visto jugar en vivo. Hoy en día sería uno de estos dos casos: un jugador que valdría 120 millones de libras o un jugador que nunca pudo adaptarse a las exigencias del fútbol moderno. Pero más allá del futbolista y sus grandes jugadas, me quedo con la idea de un individuo que simplemente no era parte de la gran máquina de marketing y mercadotecnia que era el deporte y simplemente jugaba por diversión y para el divertimento del público; era un rara avis en su máxima expresión.

No hay mejor momento que aquel instante de gloria en tu vida cuando estabas en lo más bajo. El mago del puerto de Southampton nos regaló muchos momentos así en The Dell.

martes, 20 de octubre de 2015

Historias de Interés: Jamie Vardy, el hooligan que nunca se rindió.



Todos somos una historia; todos somos una narrativa inmersa en incontables anécdotas que encarnan las vivencias que hemos experimentado en toda nuestra existencia. Podría sentarme aquí y contarles mil historias acerca de Messi, Cristiano, Bale, Neymar, Zlatan, etc… pero me he decantado por una sección titulada Historias de Interés para hablar acerca de esas anécdotas de individuos que son un pequeño retazo de la enorme conglomeración de elementos que es este hermoso deporte. Como abreboca, les presento el debut de la sección con la historia del inglés Jamie Vardy: un delantero que comenzó su sueño de ser futbolista desde lo más bajo y fue ascendiendo con incontables traspiés hasta convertirse en parte del seleccionado de Roy Hogson. Fiestero, peleador, de carácter recio, torpe y siendo incómodamente parecido, Vardy ya ha logrado mucho de qué presumir. Y no es para menos.

El partido había terminado y tenía que volver pronto a su hogar. A pesar de que su equipo ganó y él hizo un gol, sentía una carga que no podía sacudirse –era entendible; era la tobillera de la cárcel lo que le obligaba a regresar al radio establecido por su libertad condicional. Así fue la vida del actual máximo goleador de la Premier League en esta temporada, Jamie Vardy del Leicester City, en sus comienzos como futbolista en la liga no profesional. El inglés es uno de esos casos de dedicación y trabajo que las tuvo que pasar bien feo para poder llegar a donde está y es importante que nos tomemos un tiempo para hablar de un jugador que tal vez nunca entre en la historia del deporte, pero que es una inspiración para todos. Tanto se ha banalizado y comercializado este deporte que al escuchar una historia de este talante uno no puede hacer más que sentirse reconfortado; es imperativo que comprendamos el valor del trabajo duro y de la dedicación para poder cumplir nuestros sueños y metas.


La historia de Vardy nos retrotrae a sus comienzos en el 2.002 en las inferiores del Sheffield Wednesday, un equipo pequeño de las divisiones más bajas de Inglaterra, donde sobresalía como atacante y por las bandas, pero donde le acabarían rescindiendo el contrato. Muy bajito para jugar al fútbol, decían. Jamie estaba totalmente abatido por esto y dejaría el fútbol por todo un año que giró en torno a la bebida, meterse en peleas en bares y uno que otro problema con la ley –todo a la tierna edad de los 16 años. El fútbol le seguía atrayendo y hallaba en el mismo un enfoque positivo por lo que decidió retornar al deporte jugando para un equipo de la división no profesional del balompié inglés, el Stocksbridge Park Steels. El chairman del club por ese entonces, Allan Bethel, comentó recientemente que aunque Vardy dejaba entrever en más de una ocasión su personalidad tan propensa a la rebeldía y a meterse en problemas, el chico siempre fue un ejemplo en lo que concernía a todo lo deportivo –siempre era el primero en llegar al entrenamiento y el último en irse. Sobresalía en la cancha anotando goles desde los tres puestos de ataque, pero luego salía las noches de sábado y acababa inmerso en pleitos con diferentes personas –sin mencionar una pelea en un pub que lo obligó a permanecer en libertad condicional. Por más que suene a un concepto hollywoodense, Vardy jugaba sus partidos y tenía que regresarse a su casa enseguida para no romper la normativa de libertad que se le había impuesto.

A pesar de los percances y de las vicisitudes, Vardy continuó hablando en la cancha y haría más de sesenta goles en poco más de cien partidos con el Stocksbridge en la octava división inglesa para irse en la temporada 2.010/11 al Halifax de la séptima división. Uno de los primeros contactos que tuvo con sus compañeros fue un tanto vergonzoso porque el muchacho en cuestión no contaba con las botas adecuadas para el entrenamiento y tuvo que ir a ejercitarse con zapatos regulares; cosa que, naturalmente, desconcertó a sus compañeros. El entrenador, Neil Aspin, había negociado todo el verano por su contratación y Jamie, batallador como él solo, no lo decepcionó jugando en un nivel más alto –ésa sería la normativa durante toda su trayectoria como profesional. Haciendo casi treinta goles en un poco más de cuarenta partidos, Vardy fue votado como el jugador más valioso del club e incluso estaría cerca de anotar tres hat-tricks seguidos, pero fallaría en el último partido quedando en un doblete. En la siguiente temporada jugaría cuatro partidos con el club y anotaría tres goles antes de ser vendido al Fleetwood Town de la quinta división.


En el Halifax había encontrado un mentor en Aspin y éste reconocía que la personalidad del de Sheffield era de armas tomar, pero siempre apostó por él y, aún más importante, logró que se enfocara en el balón para que no se metiera en más problemáticas. Interesantemente, su traspaso al Fleetwood estuvo rodeado por controversia por el monto voluminoso del mismo (150.000 libras esterlinas) y muchos clubes de la quinta división cuestionaban el juicio de un equipo dispuesto a pagar un monto tan alto en la liga no profesional; pero Vardy dio la cara y se despachó un gran total de 31 goles en 36 partidos para su nuevo equipo. Una anécdota muy jocosa es que en uno de sus primeros partidos, el chairman del club lo invitó a su padre y a él a un hotel para que cenaran y así el jugador se relajara un poco de la presión de su nuevo entorno. Su padre, hombre muy sincero por lo que entiendo, preguntó si era verdad eso de que no iban a tener que pagar nada por la comida y el chairman le dijo que eso era verdad; entonces el señor Vardy dirigió su mirada a su hijo y le dijo “Maldita sea, Jamie, ¡debiste haber hecho algo muy bueno”. Volvió a ser el jugador más valioso de la temporada y lideró al Fleetwood Town a su primer ascenso a la cuarta división, la Football League.

Una de las pruebas de fuego más duras iba a venir en camino para el chico malo de las divisiones inferiores: el Leicester City, equipo del Championship, iba a pagar un poco más de un millón de libras para hacerse con sus servicios –cifra record por un jugador no profesional. De la quinta división, Vardy ascendía a probablemente a la segunda división más desafiante de toda Europa. Su primera temporada, la 2.012/13, estuvo rebosante de altibajos por una más que entendible etapa de adaptación a un rango mucho más exigente; pero sería en la siguiente donde haría 16 goles y sería uno de los estandartes del equipo para ganar el campeonato y ascender a la tan anhelada Premier League. Por todo lo que había trabajado, finalmente estaba ahí enfrente de él: la posibilidad de jugar en la liga más competitiva del mundo y enfrentarse a algunos de los mejores en su profesión. De tener que tener un trabajo a tiempo completo y alternarlo con el fútbol a jugar contra Wayne Rooney, Eden Hazard o Sergio Agüero; de comer en estaciones de camión a hospedarse en los mejores hoteles de las islas. Para un hombre de clase trabajadora, con antecedentes penales y con un mal genio, todo esto no era más que un loco sueño. Pero aún faltaba mucho.


En sus primeros partidos de la temporada no pudo jugar mucho por molestias. En su primer partido de titular, en el estadio del Leicester contra el Manchester United de Di María, Rooney, Van Persie, Mata y Falcao, Jamie Vardy cuajó la mejor actuación de toda su carrera. El equipo logró una remontada de un 1-3 que acabaría en un 5-3 donde Vardy hizo un gol, dos asistencias y le hicieron dos penales. Vardy estuvo por todos lados y fue un terror para el equipo de Louis Van Gaal en una de las actuaciones individuales que más me han sorprendido en mi vida y que me hizo prestarle atención durante el remanente de la temporada. Posteriormente, el Leicester se embarcaría en una cruzada memorable para no descender y Vardy -aunque tan solo hizo cuatro goles esa temporada- fue uno de los jugadores más importantes del equipo para realizar una gesta histórica en una de los mayores rescates de la memoria reciente de la Premier League. Y fue recompensado: Roy Hogson, seleccionador nacional de Inglaterra, lo convocó a un partido amistoso de la selección y entraría como substituto en el partido por el mismísimo Wayne Rooney.


Esta temporada, Jamie Richard Vardy es el máximo goleador de la Premier League hasta el momento mientras guía a un sorprendente y efusivo Leicester de Ranieri a los primeros puestos de la tabla. Probablemente a sus 28 años de edad ya se encuentra en el mejor momento de su carrera y aunque nunca llegue a ser un delantero de clase mundial, es uno de esos casos que demuestra que entre tanta megalomanía en este deporte aún hay lugar para los humildes –la base del deporte en su incepción, después de todo. Ésta no es una historia de alguien que vaya a quedarse con los titulares o que vaya a trascender más allá de ser una buena anécdota, pero este hombre puede ser tú o puede ser yo; es el triunfo de un hombre al que no se le regaló nada y que incluso pueda llegar a ser parte del equipo inglés en la próxima Eurocopa. De tener libertad condicional a jugar con Rooney en Wembley… nada mal, nada mal.