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jueves, 25 de agosto de 2016

Así lo veo, Ken: El Bayer Leverkusen, ¿el caballo negro de la Bundesliga?



“Caminando al lado de la muerte, el diablo se burla de cada uno de sus pasos.”
-          Led Zeppelin, No Quarter.

He de decir que desde que puedo recordar me han encantado las historias de aquellos que han sufrido bastante, que suelen llevarse las peores partes de lo que puede ofrecer la vida y quienes en muchas ocasiones deben probar amargas lágrimas de decepción. Los llamados “perdedores”. No sé por qué; tal vez me identifico; tal vez porque encuentro una cierta belleza y apreciación hacia aquellos que sufren derrota tras derrota y siguen ahí, exitosos o no, triunfantes o abatidos, dando guerra. En el fútbol me suele pasar eso y cuando estoy viendo partidos donde no juega mi equipo suelo abogar por aquellos que tienen esa etiqueta de underdog y que representan ese cuadro pardo, tal vez un poco desdichado, y que está ahí para quizás solamente hacer las cosas interesantes. Para generar un poco de caos en un orden que, siendo sinceros, nos aburre. Son esos equipos los que le dan ese toque de distinción y adrenalina a los torneos; son ellos, tan caóticos y tan peculiares en sus corazones de obvia naturaleza autodestructiva, los que rompen los paradigmas para entregarnos esos meses y hasta años de disfrute (y de frustraciones) que se graban en nuestras mentes.


Bueno, luego de todo lo expuesto, estoy seguro que ya les hice pensar a cada uno de ustedes en un equipo en específico y en este caso nos toca hablar de uno que engloba todas esas idiosincrasias: el Bayer Leverkusen. Aunque recientemente han ascendido un poco en los escalones del fútbol germano y, por qué no, el europeo, las “Aspirinas” son un elenco que siempre ha sido batallador, que ha tenido largos pasajes pasándola mal en los diferentes niveles del balompié germano y que conoce muy bien las sensaciones de quedarse corto en los momentos importantes, como su triple sub-campeonato -segundo en la Bundelisga y sub-campeón de la Pokkal y la Champions- del 2002 lo demuestra. A pesar de esa supuesta nuble negra que siempre ha defenestrado el devenir del club, los detractores de las fortunas del equipo que ha hecho que los apoden como “Bayer Neverkusen” o el simple y mundano hecho de que no han conseguido títulos en los últimos tiempo, este equipo de rojo y negro ha entablado, gracias a ser fieles a un proyecto serio y trabajado, el mejor plantel desde aquel del 2002 que perdería contra el Madrid y la vólea de Zidane –aquel cuadro mágico con Lucio, Ballack, Berbatov o Zé Roberto, dejándome a varios en el tintero. Este Bayer tiene el potencial para emular a esos héroes caídos en desgracia futbolística y dar esa máxima alegría a través de su juego exuberante, agresivo y lleno de adrenalina; un elenco que dispone de talento imberbe y experiencia vigente. ¿Puede el Bayer Leverkusen ser el cabello negro de la Bundesliga y destronar al binomio Dortmund/Bayern?

El club alemán fue uno de los equipos más interesantes y entretenidos que se podían ver en la Bundesliga el año pasado; el estilo de juego electrizante y, por momentos, embriagador de los de Schmidt les hizo ganar popularidad y voltear miradas durante la campaña previa donde, después de un comienzo tambaleante en el que una defensa irregular y las lesiones no les daban respiro, supieron ganarse la tercera plaza detrás de los titanes del Bayern y el Dortmund y garantizar un pase directo a la UEFA Champions League, traduciéndose, por supuesto, en más ingresos para las arcas crecientes del club. Para dimensionar esto último, se los pondré así: en la jornada 25 estaban de 8vos y a partir de ahí fueron el segundo equipo que más puntos hizo detrás de los de Múnich (y éstos solo hicieron un punto más) desde esa jornada. Jugadores como Javier Hernández, Julian Brandt, Kalim Bellarabi, Bernd Leno o Jonathan Tah fueron algunas de las estrellas de la liga el año pasado y supieron impresionar a propios y a extraños debido a un juego de contragolpe que guarda fuertes reminiscencias con el Borussia Dortmund de Jürgen Klopp antes de su abrupto final. Con muchos equipos de la naturaleza de estos germanos sucede que luego de una campaña de este nivel, sus mejores futbolistas son vendidos a clubes de gran poder económico; en este caso no fue así y los del Bay Arena, dejando de lado la marcha del eficiente mediocampista Christoph Kramer –a quien tal vez recuerden por haber perdido la consciencia tras un choque con Manuel Neuer en la final de la Copa del Mundo en Brasil-, el plantel se mantiene con sus mejores intérpretes y con un par de incorporaciones que pueden significar esa mejoría sustancial para batallar por el título.


Si nos enfocamos en el plantel que ostenta el club, hay que partir de su portería: Bernd Leno es uno de los arqueros en ascenso del fútbol mundial y si no fuera por Neuer, probablemente ya sería el titular de la selección alemana. Es, en cierta forma, quizás el mejor jugador de la plantilla y un bastión de seguridad para el equipo. La defensa, el Talón de Aquiles del Leverkusen desde la llegada de Schmidt, está constituida por dos centrales fuertes y de buen pie como son Omer Toprak y Jonathan Tah –además de contar en la banca con el experimentado Kyriakos Papadopoulos, con quien muchas veces alternan la titularidad-, un lateral izquierdo de carácter ofensivo como el brasileño Wendell –tal vez algunos madridistas lo conozcan porque en su momento sonó fuertemente para el club blanco- y el puesto del lateral derecho estará disputado por un individuo muy proclive a lesiones como Roberto Hilbert y el imberbe Tin Jedvaj. Ésta es sin dudas el área que más problemas le ha generado al equipo en las últimas dos campañas y no hay que menoscabar las posibles consecuencias que pueden padecer en esta temporada por lo mismo; el club alemán es capaz de anotar tres o cuatro goles en un partido, pero está igualmente capacitado para conceder la misma cantidad como daño colateral de su juego beligerante y abrasivo. Individualmente, todos ellos son baluartes de una calidad poco cuestionable; pero sus movimientos colectivos (como defensa) no han sido los mejores y si el equipo no se adapta mejor en el área defensiva, tal vez sacrificando un poco de verticalidad y aceleración en su ataque en pro del bien mayor (la victoria), entonces sus posibilidades en los puestos altos se pueden ver ultrajadas.


Pasando de su área más débil, pasamos a la más fuerte: el mediocampo. Tal vez la sección de su plantilla donde el Bayer despliega una exageración de talento y que sólo han sabido mejorar con el pasar de las campañas bajo la tutela de Schmidt. Kramer era un jugador con sus virtudes, nunca lo voy a discutir, pero no terminó de asentarse en el equipo de Leverkusen, a mi criterio, y su reemplazo en el centro del campo, el otrora capitán del Mainz, el austríaco Julian Baumgartlinger –sí, tuve que copiar y pegar ese apellido, ¿y qué? ¿Quiénes son ustedes para juzgarme?-, supone una mejoría en el equipo con su estilo de juego físico y agresivo que permitirá balancear al resto de sus compañeros de mediocampo y ataque puesto que se basan en la movilidad y Baumgartlinger, con sus idiosincrasias más defensivas y robustas de juego, apodado “Tarzán” por su físico y larga melena ensortijada, proporcionará un contraste importante en el mediocampo del club.


Otra opción que se maneja en la posición del mediocampista defensivo es el chileno Charles Arangüiz, campeón de las dos últimas Copas América con su país, recuperado de una lesión que lo tuvo ausente casi todo el año pasado y que es, siendo sinceros, una debilidad personal de un servidor. El exjugador del Internacional de Porto Alegre aportaría más juego y precisión en los pases que Baumgartlinger –en la Copa América Centenario tuvo uno de los porcentajes de pases completados más altos de la competición-; pero su juego radica más en ser un box to box: un volante mixto que realiza idas y venidas de un área a otra y su potencial se vería desperdiciado jugando en el puesto más defensivo del medio (además de que aunque puede hacer un trabajo ahí, no siente tanto la posición). En las posiciones más adelantadas se tiene a Kevin Kampl, quien ha subido bastante su nivel desde su llegada al club; Lars Bender, capitán del club y que retorna al mismo tras una buena actuación con Alemania en los Olímpicos de Río este verano; y, por último, a Hakan Calhanoglu, el famosísimo cobrador de tiros libres, quien ya ha pasado su etapa de promesa y es un jugador hecho y derecho. Es un centro del campo que se vislumbra variado, sólido y capaz de adaptarse a diferentes situaciones en un partido; si Schmidt utiliza a este sequito de mediocentros a sus anchas, permitiéndose alternar entre sus ya clásicos 4-2-3-1/4-4-1-1 y tal vez optando en algunos pasajes de la temporada por un 4-3-3 –un trivote Baumgartlinger/Arangüiz/Kampl puede llegar a ser un prospecto interesante- para mantener la posesión del balón, puede generarle muchos dividendos en un año tan extenso y donde deben jugar tres competiciones con (relativa) responsabilidad a rendir.


En lo que concierne a los mediocampistas ofensivos y a los extremos, presenciamos una vez más una abundancia de recursos que raya en lo genial, si consideramos que el Leverkusen no es un equipo grande de Europa y que, gracias a un programa de scouting fenomenal, ha sabido agenciarse una plétora de talento joven que cualquier equipo quisiera tener. Julian Brandt, el precoz extremo alemán, se está erigiendo como uno de los prospectos jóvenes más excitantes del Viejo Continente y este año debería significar otra consolidación para su estrella ascendente; Bellarabi ha hecho suya una de las bandas del Bay Arena, es una de las principales fuentes de generación ofensiva del club y debería ser uno de los pocos jugadores que podremos ver con seguridad en el once titular este fin de semana en el debut liguero; Mehmedi también es un activo importante del equipo y, junto a la posible inclusión de Hakan Calhanoglu, quien puede jugar un poco más adelantado como una suerte de enganche, no deberían tener problemas de creación de juego –reitero, éste es un plantel altamente completo.


Finalmente, hemos arribado a la zona de los delanteros. Aunque la primera campaña de Javier Hernández en la Bundesliga fue bastante buena y debería poder replicar su forma si el club mantiene su línea estilística –hay que recordar que el juego del mexicano se basa en el movimiento sin balón y en el servicio que le provean-, Rudi Vöeller, legenda del fútbol alemán y director deportivo del Bayer, no escatimó en gastos para hacerse, por 20 millones de Euros, con los servicios de Kevin Volland, el joven delantero estrella del Hoffenheim. Aunque tal vez sea desconocido para la gran mayoría del público, Volland ha sido uno de los mayores talentos que han surgido de la Bundesliga en los últimos años y deberá tomar este traspaso como su momento para dar a conocer al mundo su velocidad, explosividad y capacidad individual; puede significar una carta de triunfo para el Leverkusen. Si estos dos jugadores pueden entenderse en la cancha, grandes cosas pueden pasar en el Bay Arena. Aunado a ellos dos, el experimentado ícono de la institución, el inoxidable Stefan Kiessling, a sus 32 años de edad ya no es lo que era y aunque ha sido un pozo casi inagotable de goles desde su arribo en el 2006, no dispondrá de muchos minutos en esta campaña; es en estos momentos donde su experiencia, su sapiencia en la cancha y su interminable sacrificio servirán para servir de ejemplo y líder entre un cúmulo de jugadores que, en su mayoría, son bastante jóvenes.

Y hay que hacer énfasis en la juventud: el Bayer Leverkusen cuenta con uno de los planteles más jóvenes de la Bundesliga –cosa que no es fácil- y que ya lleva un par de campañas asentándose puesto que el núcleo se ha mantenido y se han ido agregando piezas que han mejorado lo que ya se tenía. Roger Schmidt, uno de los entrenadores más infravalorados del espectro europeo, ha instaurado en el equipo una mentalidad de juego agresivo, de ritmo acelerado y que se basa en la recuperación de la pelota para, posteriormente, proceder a realizar una transición rápido a un toque para golpear al contrario con un contraataque feroz. El Bayer Leverkusen se basa en atosigar al rival cuando éstos ostentan la pelota, obligándolo a cometer errores mediante una presión asfixiante y comenzando la misma desde el área de la oposición; esto demanda un gran esfuerzo físico por parte de los jugadores y cada año ha supuesto una mejora sustantiva en relación con el anterior; se puede teorizar que esta campaña supondrá la consolidación de la idea de Schmidt y sabremos si la misma le alcanza para la cima.


Ciertamente, leo lo que he escrito y el Leverkusen parece la segunda venida del Milan de Sacchi, ¿verdad? Pues ellos también tienen sus defectos: el tema de la defensa ya lo he abordado y es el punto débil de un equipo que se basa en su potencial ofensivo (que no es poco, lo reconozco) y que muchas veces peca de inocente por no saber cerrar los partidos; son capaces de realizar un partidazo contra el Bayern Múnich y luego tener que remontar un tres a cero contra el Ausburg, así que muchas veces uno no sabe con cuál Leverkusen uno se va a encontrar el día del partido. Es un tema de consistencia y de confianza; como mencioné al comienzo del artículo, el Bayer y su naturaleza autodestructiva en momentos de alta presión es casi legendaria en este punto; es un aspecto que, créanlo o no, será su mayor obstáculo para convertir el binomio Dortmund/Bayern en un trinomio. Aquí ya no se trata, quizás, de un tópico futbolístico –ahí creo que el Leverkusen no deberle temerle a nadie en la Bundesliga, si saben usar sus cartas-; es un tópico psicológico y donde las mentes, siempre tan proclives a quebrarse cuando la cosa se pone difícil, deberán mantenerse estables. Es por un elemento muchas ninguneado como éste que equipos como el Bayern, Real Madrid, Barcelona e incluso el PSG en Francia ganan antes de siquiera entrar en la cancha. Es por esto que el Leverkusen puede o no puede ganar la Bundesliga.

¿Les alcanzará? ¿Podrán romper la tiranía bávara y, por qué no, sus propios demonios internos para establecerse como el tercer poder de la liga alemana? Bueno, por algo estoy escribiendo este artículo, ¿no? El Bayer Leverkusen cuenta con un plantel establecido, con un cierto bagaje de experiencia juntos, con una riqueza de talento que no le envidia nada a nadie y con un entrenador que ha aplicado una idea de juego que recientemente ha dado sus frutos en Alemania (Klopp en el Dortmund; Heynckes en el Bayern; Löw con Alemania). Como he dicho antes, siempre abogo por las sorpresas y pienso que aquí, en el Bay Arena, se ha estado fraguando algo muy especial y que no debe ser ignorado por nadie. Así que solo les diré: volteen la mirada a la ciudad de Leverkusen… ahí les espera un caballo negro.

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jueves, 26 de noviembre de 2015

Nos volveremos a ver: Raúl, el ángel eterno del madridismo.



El segundo máximo goleador histórico del Real Madrid, el segundo máximo goleador histórico de la selección española, el jugador con más partido en la historias del equipo blanco y el tercer máximo goleador histórico de la UEFA Champions League. Ganador de tres Champions, seis ligas españolas y muchos otros títulos en los clubes que ha jugado. Nada de eso importa. Hay jugadores que trascienden más allá de los números y los títulos; hay mitos y místicas que no pueden ser cuantificadas porque la gloria, la clase y el señorío son elementos necesarios en esta vida, pero que muy pocos pueden ostentar. No hay cursos ni entrenamientos ni fórmulas mágicas que te hagan representar a toda una estirpe o a una forma de ser; es algo que se logra a través de toda una carrera y con la honestidad de quien sabe que el trabajo es el único sendero viable. Y este mes, un trabajador, un batallador, un ángel, ha decidido que el fin ha llegado, pero para la eternidad quedarán momentos sempiternos para quienes amamos este deporte. Se retira Raúl, el jugador más grande de la época moderna del Real Madrid. Y aquí, en La Soledad del Nueve, no buscamos más que agradecer a un hombre que encarnó tantas buenas costumbres y que deben ser recordadas.


Raúl –llamarlo por su apellido o su nombre entero hoy en día parece una blasfemia- es, a mis ojos, el más grande jugador de la historia del Real Madrid. Siendo forjado en las inferiores del club blanco luego de sus comienzos en las juveniles del Atlético –lo que hubiera sido verlo de rojiblanco en una realidad alterna-, el legendario ‘7’ blanco fue poco a poco pavimentando su trayecto como el jugador por antonomasia del club, en dura pugna con Alfredo Di Stefano, Juanito, Iker Casillas y Fernando Hierro. Si hacemos una revisión a su carrera con los merengues, podemos verlo anotando en algunas de las estancias más importantes a nivel club de la historia del fútbol y siendo vital para los éxitos de su equipo; pero lo que más sorprende de Raúl no eran sus números como goleador, que ya de por sí eran brillantes, sino por su variedad de recursos. Para los más jóvenes, busquen un compilado de los goles del ‘7’ legendario del Madrid; conseguirán un amplio abanico de anotaciones hechas de todas las maneras posibles. Compañeros como Fernando Morientes o Luis Figo siempre señalaban la versatilidad en definición de Raúl como un componente que lo hacía un jugador único; Sir Alex Ferguson siempre fue un aficionado de su trabajo y en las ocasiones en las que se enfrentaron recalcaba la calidad de desmarque, definición y variabilidad del español. En lo futbolístico, era un crack en toda la norma y de los mejores delanteros del deporte. Pero como dije, no son los números ni la calidad futbolística lo que más importa. Lo que más importa es el sentimiento de propiedad y de identidad que Raúl tenía con el madridismo.



Éste era un jugador que vivió diferentes épocas del club blanco y siempre fue el héroe que surgía de lo inesperado para salvarlos. Era, como su apodo lo señalaba, el ángel guardián del equipo. Los 90s fueron sus años de formación y donde se fue desarrollando como uno de los mejores jugadores del mundo hasta conseguir su cenit futbolístico en la famosísima generación de los Galácticos. Y en un equipo con la vertiginosidad de Figo, la potencia de Ronaldo o la clase sin parangón de Zidane, él hacía ver fácil la misión de buscar una apertura para anotar, leer los movimientos de los rivales como un cazador empedernido por la sangre de su presa y se volvía ese héroe de las finales –ese guerrero blanco que aparecía para salvarlos a todos. Él nunca fue un personaje estridente, de declaraciones polémicas o de frases para el recuerdo; él era un jugador de fútbol forjado en el respeto y en hablar en la cancha. Su función era hacer bien su trabajo en el campo y luego tomar sus botas e irse a casa. Y más nada.


Existen incontables rivalidades en el mundo del fútbol e incluso algunas que rayan en la enemistad. Pero Raúl, siendo el símbolo del Madrid en la época reciente, nunca tuvo la odio del Barcelona o de sus seguidores; al contrario, era altamente respetado por sus contrincantes. Era un bastión inexorable de los merengues y por más que nunca he sentido ningún tipo de afecto o cariño por la camiseta por la que estaba dispuesto a morir, Raúl representaba algo más grande que eso: representaba y pregonaba con su clase una especie de futbolistas señoriales, leales y que tenían las costumbres del respeto bien aprendidas. En un mundo lleno de deportistas que se creen raperos y que lo tienen todo a los 24 años -incluyendo ser alabados como dioses por tres jugadas buenas en 15 partidos- cómo se necesitan señores como Maldini, Zanetti, Giggs, su homologo culé Puyol o el propio Raúl: jugadores que más allá de su calidad y trayectoria trabajaban, se fajaban en la cancha, lo daban el todo por el todo y mantenían el respeto antes que todo. Jugadores como eso se necesitan hoy.

Y este mes ha decidido dejar el fútbol, después de dos temporadas también excelsas en el Schalke 04 –donde ayudó al equipo allegar a semifinales de Champions en el 2.011-, en el Al Sadd de Qatar y luego en el resucitado New York Cosmos donde se ha retirado como campeón de la segunda división de Estados Unidos. Ahí quedan en el recuerdo todos sus logros y todos y cada uno de ellos merecen ser valorados por quienes amamos este deporte. ¿Por qué? Porque desde sus primeros días hizo goles importantes, como aquel que hizo en el derby contra el Atlético que fue su primer gol en el club blanco. Porque hizo goles importantísimos en las finales de la Champions, como aquella corrida memorable contra el Valencia en París o aquel tanto de goleador de raza contra el Leverkusen en Glasgow. Porque siempre fue el primero en dar la cara por el equipo. Porque batalló hasta el final en esa cardiaca liga de Capello del ’07 donde el Madrid le puso un corazón más grande que el Bernabéu mismo para ganarlo y lo dio todo junto a un Van Nistelrooy descomunal. Y porque al año entrante, cuando el rival eterno tuvo que hacerles el ahora tan famoso “pasillo”, los saludó y le dio la mano a los del Barcelona con el sumo respeto que un colega de profesión se merece. Y ésas son cosas que uno, como hombre de bien, no olvida. Esas cosas que solo los verdaderos ídolos hacen.


Ahora se retira a lo grande, como el campeón y el predestinado a la grandeza que siempre fue, y marcha sin premura a ese Valhalla particular de los Dioses del Fútbol donde ya le tienen reservada una silla. Y ese puesto, esa silla, se lo ha ganado en su campo de batalla particular que es la cancha de fútbol y el Santiago Bernabéu como el reino al que siempre perteneció. Porque es el eterno ángel de Madrid y el imborrable símbolo de incontables generaciones. Y aquí, como un humilde aficionado a este deporte, le agradezco por todo lo que nos dio.

Raúl, ha sido un honor verte jugar.

Este artículo está dedicado a mi hermano mayor, Charby Tanza, quien está de cumpleaños hoy. Siendo un madridista hasta la médula, espero haya disfrutado con este pequeño tributo a una leyenda como el ‘7’.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Historias de Interés: Giovanni Trapattoni y la mejor rueda de prensa de la historia



“¡Un entrenador no es un idiota! Un entrenador puede observar lo que pasa en la cancha. En este partido hubieron dos, tres o cuatro jugadores que fueron débiles como una botella vacía”

Era un maestro del dogma italiano. Había sido un campeón durante toda su carrera y ahora deseaba un reto en tierras lejanas donde no estuviera en su zona de comodidad y atisbara una gloria que aún no había probado. Pero más allá de cualquier victoria o las siempre tentadoras lisonjas de adulación barata –algo tan común hoy en día porque todos queremos estar en el bando ganador y no entendemos que la derrota conlleva al aprendizaje-, era demostrar el punto de que no puedes poner precio a la integridad que uno ostenta como individuo e incluso como profesional. Giovanni Trapattoni es la definición de un ganador; un hombre que ha triunfado a donde ha ido y alguien que siempre pregonó valores, además de resultados. Uno de los mejores entrenadores de la historia del fútbol italiano en su apogeo como la NBA del balompié –algunos incluso dicen que es el mejor de la historia de ese país- y alguien que siempre se atrevió a ir a otras ligas para demostrar su valía con retos variopintos, siendo su estadía en Bavaria con el Bayern Múnich el más interesante de todos. Aunque dejó títulos y progreso en un club que no estuvo tan bien en los años 90s como suele estarlo en Alemania, el maese italiano sí dejó para el recuerdo una de las más grandes escenas de la historia del fútbol con una rueda de prensa corta, incluso ínfima, en duración pero con un mensaje en un alemán roto que cualquiera en este planeta puede comprender, indiferentemente de los idiomas que manejen. Porque ese día en el ’98, “Trap”, como se le conoce popularmente, no solo se dirigía al público y a sus jugadores; se dirigía a todo un sistema que necesitaba que le dijeran sus verdades y éste lo hizo con estilo.

Pero como todas las historias, hay que comenzar desde el principio para entender el tan importante contexto. En 1.994, el club de Múnich pasaba por una época de ambivalencia futbolística con resultados variados y con la salida de su entonces entrenador interino, la leyenda Franz Beckenbauer, el gigante bávaro necesitaba de una figura de nivel para tomar el mando de un equipo que debía de volver a la gloria. La primera opción que se barajó fue el joven entrenador del AS Mónaco, Arsene Wenger, pero éste le dijo al presidente del club alemán, Uli Hoeness, que prefería acabar su contrato con la institución del principado –cosa muy irónica porque acabaría siendo despedido dentro de seis meses y la carrera de ambas partes hubiera sido diferente de haber aceptado la oferta. Lothar Mathaus, uno de los mejores jugadores del fútbol mundial por esos años y un ex futbolista de Trapattoni en Italia por su paso en el Inter, decidió contactar a su una vez entrenador para tantear la posibilidad de que se despachara una aventura a Bavaria. Trapattoni lo discutió con su familia y como la misma no estaba muy interesada en vivir en Múnich, “Il Tedesco” (apodo que le dieron en Italia que significa “El alemán” por su amor a la disciplina) firmó por un solo año para ver qué iba a pasar en dicho periplo germano. El Bayern es un club arrogante y grandilocuente por naturaleza; el italiano es una personalidad que se crece con la magnitud de los retos y que posee una actitud ganadora remarcable –como muchas uniones, parecían destinados a funcionar. Pero si tal fuera el caso, no existirían los divorcios y las órdenes de restricción.

“¿Vieron lo que pasó el miércoles? ¿Qué equipo ha jugado el miércoles? ¿¡Jugó Mehmet; jugó Basler; o jugó Trapattoni!? ¡Estos jugadores se quejan más de lo que juegan!”

Como dije en la introducción, la Serie A era la liga más poderosa y con los mejores jugadores, por lo que el arribo de un entrenador que había triunfado con la Juventus y el Inter en múltiples ocasiones era una señal de que una revolución táctica iba a llevarse a cabo. El principal problema yació en la barrera del idioma porque en esa temporada 94/95 “Trap” no sabía lo más mínimo de alemán y tenía que disponer de un traductor para transmitir sus mensajes e ideas, cosa que conllevó a una seguidilla de malos resultados acentuada por una plétora de lesiones que padecieron a principio de la campaña. Terminarían de sextos en la temporada; un resultado extraordinariamente malo para los estándares del Bayern y cuyo aspecto más resaltante de la primera etapa de Trapattoni en Múnich fue su violación de la norma que se tenía entonces en Alemania que pregonaba que solo podían jugar tres jugadores amateurs en la cancha al mismo tiempo –el italiano agregó a la cancha a Dietmar Hamann durante una victoria 2-5 en Franfurt, suiendo el número a cuatro. El partido no valió y perdieron 3-0 por default. El experimentado entrenador, siempre reconocido por su categoría, reconoció su falla por lo sucedido mientras que el club y su persona decidieron no renovar su contrato al final del año. Regresaría a su Italia natal para dirigir al Cagliari en la temporada 95/95; pero un mero año después se efectuaba su retorno para una segunda intentona en Bavaria. Y esta vez iba a ser memorable.


Las cosas no comenzaron para nada mal en su primero año: el italiano demostró un mayor compromiso al tomar un curso intensivo de alemán durante dos meses y ensambló un equipo que ganó el título liguero y que dentro de unos años sería la base para conquistar la Champions. Pero era un equipo donde imperaban los egos y la grandilocuencia; era un club apodado FC Hollywood por esos años por los diferentes problemas de vestuario y los múltiples dramas que afloraban en la institución por un cúmulo de jugadores indisciplinados y/o faltos de carácter… pero ahora se habían topado con el disciplinario por excelencia. Entrando al segundo año, el curso 97/98, el club estaba plagado por problemáticas internas que dificultaron el progreso del equipo hasta el punto de que perdieron la liga contra un sorprendente recién ascendido, el Kaiserlautern. Y había un incidente que calaría en lo profundo de nuestro corazón y que causaría uno de los momentos más brillantes de la historia del fútbol.

“Estoy cansado de actuar como un padre para estos jugadores; eh… siempre defiendo a estos jugadores; yo siempre tengo la culpa de estos jugadores. Uno es Mario, otro es Mehmet. Strunz no cuenta; ¡solo ha jugado al 25% en este partido!”

Iban a jugar un partido muy importante contra el Schalke 04 en su lucha por el título de liga; en ese partido decide prescindir de Mario Basler y Mehmet Scholl en la alineación titular en favor de un Thomas Strunz que no había jugado mucho hasta ese punto de la temporada por muchos problemas de lesión. El equipo perdió 1-0, pero la actitud de los jugadores acotadas fue aún más pobre que la actuación futbolística del Bayern: Basler y Scholl criticaron abiertamente la decisión del entrenador de no colocarlos en el once inicial mientras que Strunz no aceptó ser sustituido durante el partido. Así que Trapattoni, totalmente cansado después de un año rebosante de niñerías y problemáticas por parte de sus pupilos, decidió soltar toda la frustración y decepción que sentía en una memorable rueda de prensa que no llega a los cuatro minutos de duración.

Fue un discurso breve, apasionado y donde se hizo historia que aún resuena en el fútbol germano y mundial. Sus palabras fueron pronunciadas en un alemán defectuoso, pero que es totalmente impactante (y un poco gracioso, hay que decirlo) sin importar si manejas el idioma o no. Fue un momento totalmente suicida porque, naturalmente, iba a perder el vestuario tras una rueda de prensa donde abiertamente mencionó y criticó a varios jugadores acerca de sus fallas como profesionales. Sí, terminó perdiendo a sus jugadores… pero se ganó el respeto de todo el resto del mundo. La grandeza de las palabras de Trapattoni ese día no reside en lo que dijo como tal, sino en la pasión y la sinceridad de su enunciación; estaba expresando una genuina frustración y cansancio hacia un grupo de jugadores que estaban siendo malcriados, consentidos y berrinchudos. Demostró el otro lado de la moneda que no siempre se analiza: que tal vez el primer culpable no es siempre el entrenador y que los jugadores son igualmente (o incluso más) culpables de los fracasos de los equipos. Un hombre que fue y ha sido políticamente correcto toda su carrera, pero que en ese día dejó de lado su atuendo de hombre de fútbol y se engalanó sus vestimentas de hombre íntegro; dejó entrever que no iba a defender más a ese grupo de jugadores cuando a él nunca lo defendieron. Pueden ver la rueda de prensa aquí. Ahora que saben el contexto, pueden apreciarla en toda su expresión.



El discurso se ha convertido en un hito en Alemania. Jugadores como Strunz han sido conocidos más por ser mencionados en esa rueda de prensa que por sus carreras; su frase final, que traducida textualmente a español sería “Estoy terminado”, se ha convertido en una expresión del folklore germano e incluso un partido político utilizó esa expresión, Ich habe fertig”, como su slogan para una campaña. Y a pesar de lo mucho que afectó a sus jugadores, es probablemente el técnico extranjero que más huella ha dejado en la Bundesliga y la afición del Bayern lo tiene en una estima muy alta por haber tenido el coraje de decir lo que muchos pensaban, representando más que nunca a los hinchas. Algunos jugadores de esa época incluso reconocen que merecían escuchar esas palabras y que en lo futbolístico fue el entrenador del que más aprendieron. Más allá de cualquier logro deportivo, demostró sinceridad y principios. Y es por eso mismo que el maese del dogma italiano hizo la mejor rueda de prensa de la historia del fútbol.

“Yo estoy terminado”