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miércoles, 15 de marzo de 2017

Así lo veo, Ken: Wenger, Alexis y la tierra baldía del Arsenal.


“Bienvenido a la Tierra Baldía, en un mundo que se mueve más rápido y donde estoy solo por un rato.”
- Blind Guardian – Somewhere Far Beyond.

Contrario a estas líneas de la canción de Blind Guardian, el tiempo no parece moverse más rápido para los hinchas del Arsenal. Las eliminaciones en octavos de final de Champions League se han convertido en algo rutinario y las humillaciones contra los superpoderes de Europa (Barcelona y Bayern Múnich se han tomado turnos para eliminarlos), por lo que el futuro es muy incierto para los Gunners. La prensa y los hinchas no se han tardado en decapitar mediáticamente a Arsene Wenger tras la última capitulación contra el Bayern; un marcador agregado de 10-2 es una de las mayores palizas del fútbol moderno y es un reflejo de un modelo de gestión caducado que más bien parece y que muestra todas las señales de un fin de ciclo: mal ambiente en el vestuario, malos resultados y unas actuaciones que en este punto resultan parodias del club y sus valores.


Y si bien un servidor ha sido uno de los críticos de Wenger en los últimos años (en mi artículo sobre Henry y su paso por la Juventus pueden leer un poco al respecto) y aún sostengo cada palabra: pienso que Arsene es un entrenador que ya no tiene nada más que hacer o decir en el club londinense y no sabido mover hacia adelante un proyecto que, ciertamente, se ha quedado estancado. Ahora bien, culpar al Arsenal meramente por lo que puede hacer el entrenador me parece algo de lo más risible y simplista; las capitulaciones de este club dejaron de ser causadas por un mero tema táctico o por el hecho de que Arsene no pudiera motivarlos al máximo de su capacidad. La realidad cruda y dura es que hay muchos jugadores cómodos en este equipo.

La pregunta del milenio siempre ha sido ésta con respecto al club londinense: ¿Qué le pasa al Arsenal? ¿En qué momento se convirtieron en un equipo de fútbol que está más asociado con las humillaciones, los incontables memes acerca de su cuarto lugar y el hecho de que sus temporadas parecen la película Día de la Marmota, repitiéndose una y otra vez hasta caer en la locura?


La verdad es que el punto de quiebre puede haber sido aquella noche en París en el 2006, en la que perdieron la final de Champions contra el Barcelona de Ronaldinho y compañía; desde entonces el club parece estancado en una rutina e incluso algunos dicen que Wenger nunca dejó París al 100% (aunque eso puede pecar de amarillismo). Ese fue el último gran golpe de la generación dorada Gunner que tantas alegrías le dio al club: los Henry, Bergkamp, Campbell, Pires, Ashley Cole, Ljungberg y un par de grandes promesas jóvenes que luego serían la columna vertebral del equipo (Kolo Touré, Robin Van Persie y Cesc Fabregas). Pero el Barcelona ganó esa final y una vez que esa temporada acabó, Wenger comenzó a renovar el plantel con generaciones más jóvenes para tratar de dar pelear por títulos mientras que el club estrenaba un nuevo estadio y entraba un periodo de austeridad económica que perduró hasta el 2013, donde le demostraron al mundo que estaban dispuestos a gastar con el fichaje de Mesut Özil (más acerca del germano más adelante).


La era Emirates del Arsenal ha sido, como he dicho antes, un ciclo interminable de clasificaciones a Champions y quedarse corto en la Premier y en la máxima competición europea. Indiferentemente de los jugadores que tengan, el resultado parece ser el mismo y en esos casos entiendo la postura de los detractores de Wenger porque desde un punto de vista motivacional, no ha sabido inspirar a diferentes generaciones de futbolistas para los momentos claves. Solamente hay que ver cómo le fue a los jugadores de generación perdida del club post-París 2006: Abou Diaby, Philippe Senderos, Denilson, Fran Mérida, Lord Bendtner, Frimpong, el propio Francisc Coquelin y un par son la prueba viviente de un grupo de jugadores que nunca encontraron consistencia ni tampoco pudieron completar su potencial y podemos argumentar que eso es culpa de Wenger pero, ¿qué tanta responsabilidad puede tener en estos casos? Tal vez en ficharlos, por supuesto, pero en el momento de la verdad estos jugadores nunca dieron la talla.

¿Qué tienen que ver las derrotas de hace casi diez años con las del presente, preguntan? Bueno, que todo está relacionado: en esos años de austeridad –aunque jugando muy buen fútbol con Cesc y Van Persie a la cabeza- el Arsenal no supo capitalizar para ganar trofeos y sostener una cultura ganadora en el club. Si analizamos el plantel de hoy en día nos encontramos con un grupo de futbolistas que no tiene una mentalidad ganadora, pero no por falta de ambición, sino por falta de experiencias ganadoras. Aunque es cierto que un gran palmarés no te hace un gran futbolista, hay que ver que la mayoría de los jugadores importantes del Arsenal no tienen esa experiencia para definir partidos claves y eso se nota en Koscielny, Oxlade-Chamberlain, Mustafi, Bellerín (que ha perdido mucho nivel esta temporada), Monreal, etc.


La mayoría de los jugadores del Arsenal solo están asociados con las derrotas y las pequeñas victorias que hoy en día saben a poco como las clasificaciones a Champions; jugadores como Walcott, por ejemplo, solo han conocido esto durante toda su carrera y eso no fomenta una mentalidad ganadora, sino todo lo contrario. Eso es definitivamente culpa de Wenger, pero también es un reflejo de la incapacidad de estos futbolistas que en teoría han demostrado ser muy buenos, pero que les falta en el plano psicológico. Lo que nos deja enfocarnos en los jugadores más importantes de toda la plantilla: Mesut Özil y Alexis Sánchez.


El caso del alemán es algo que ya todos sabíamos cuando jugaba en el Real Madrid: un futbolista con todas las características de un crack de talla mundial, con una visión y talento indiscutibles, pero que es muy propenso a caer en lagunas en su juego durante varios partidos. No era muy raro verlo jugar tres partidos muy bien en el club español y luego cinco en los que vagaba por las canchas como un fantasma de ojos saltones. Bueno, casi cuatro años en el Arsenal y me atrevería a decir que Özil ha empeorado en esta situación; si bien es cierto que el equipo no ayuda mucho en comparación con su antiguo club, la realidad es que ser la figura o que jugaran para él no le ha sentado nada bien y en cualquier caso lo ha hecho más propenso a esas lagunas que ahora se extienden por meses. Sus pasajes de buena forma han derivado en los mejores momentos del club londinense en los últimos años y eso es lo que hace a Özil un jugador tan interesante, pero comprometes a tu equipo a caer en ciclos de inconsistencia que este equipo, en este momento de su historia, no se puede costear. Y con Özil esto va a seguir pasando hasta que él decida cambiar eso, sea dirigido por Mourinho, Wenger o quien sea.


El caso de Alexis es uno de los más curiosos que he visto, desde un punto de vista mediático. Si cualquiera de ustedes toma las noticias de la prensa, especialmente la sudamericana, leerán artículos acerca de cómo Alexis es el gran guerrero solitario que tiene que defender, atacar, recuperar balones, hacer paradas y salvar a la humanidad del Emirates de un ataque nuclear por Lex Luthor y todo esto al mismo tiempo. Que está solo y que él debe hacerlo todo porque sus compañeros, simplemente, no están a su altura. Ahora, no soy nadie para decir que el chileno no es el mejor jugador del Arsenal –lo es y con diferencia-, pero el problema yace en algo que ni Wenger tiene la culpa de ello: Alexis también se cree que es el jugador más importante. Y es que la mejor forma de “cargarse el equipo al hombro”, como va el dicho, es a través de tomar las decisiones correctas: saber cuándo pasar y cuándo disparar; cuándo toca asociarse con los compañeros y cuándo resolver solo. Hay una razón por la cual vendieron a Alexis del Barcelona: nunca sabía jugar en equipo al 100% y en un club donde él no era la figura, eso no se puede permitir. Y si estás en un equipo donde dependen de ti, no puedes dejar que tu ego te controle y jugar para ti, montar escenas en pleno campo de juego recriminando a tus compañeros –por más mal que estén jugando, hay códigos y eso se debe respetar- y riéndote en la banca cuando tu equipo tiene un global en contra de 2-10 en su propio estadio.

Y como dato curioso de Alexis, diré lo siguiente: esta temporada solamente hizo un gol contra los otros equipos del Top 6 y Olivier Giroud, con todas sus virtudes y defectos, ha hecho más goles que han dado más puntos que el propio Sánchez. Entonces antes de señalar a otros con el dedo, Alexis debería verse en un espejo.


Lo que estoy tratando de decir con esto es que el Arsenal se ha convertido en una suerte de tierra baldía del fútbol donde los jugadores parecen estancarse –como ha sido el caso de Mustafi que ha entrado en una regresión y Granit Xhaka que se ha convertido en un Roy Keane sin la calidad- y donde el entrenador ya no parece dar más de sí mismo. Yo pienso firmemente que Wenger debe irse del Arsenal, pero también pienso que eso solamente es parte de la solución; el club, al igual que el Manchester United en su momento, está diseñado en torno a la figura de Arsene y eso puede dificultarle todo al que venga, sea Max Allegri, Eddie Howe, Thomas Thüchel o cualquier otro. Es difícil tomar el equipo después de un predecesor que es, probablemente, la mayor figura de la historia del Arsenal y que ayudó a revolucionar el fútbol inglés (cosa que a veces se olvida cuando se habla de Wenger).

Aunado a eso, en esta tierra baldía del fútbol, los jugadores deben asumir responsabilidades y un servidor está 100% seguro de que varios de estos futbolistas se han escudado detrás de la figura siempre criticada de Wenger para poder hacer estos partidos de pena; ningún entrenador te puede instruir tan mal en un planteamiento para que pierdas 5-1 dos veces seguidas contra el Bayern Múnich, considerando los jugadores de los que dispone el Arsenal y todas las veces que se han enfrentado en los últimos tiempos. Algunos jugadores están infectando al club con su conformismo y mediocridad y la única manera de progresar es recuperar la mentalidad ganadora verdadera que antes ostentaba el club y así poder retomar el sendero que se perdió hace más de una década.

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martes, 28 de febrero de 2017

Así lo veo, Ken: La Vinotinto sub-20 y El Principio Venezolano.

“Renunciar es para los primer ministros y a los que atrapan con sus pantalones en el piso, no para mí.”
- Brian Clough.

Hay algo que escuchamos mucho en el fútbol como si fuera el sonar de unos tambores en una jungla salvaje: las maneras importan. Hay quienes dicen que esto se refiere al estilo de juego; a la forma en que los equipos consiguen los resultados de acuerdo a su estatus en el deporte o a sus recursos. Una opinión válida y que tiene su lógica, por supuesto, pero yo les doblo la apuesta y les digo que las maneras importan porque son un reflejo de lo que somos. El sentido de representación en el fútbol se ha diluido con el paso del tiempo y, aunque hoy en día es algo paradójico ver cómo nos desgarramos apasionadamente por equipos llenos de millonarios que juegan entre sí, eso aún se mantiene; por eso podemos hallar belleza en un equipo como el Leicester ganando la Premier League, por ejemplo. Y las maneras todavía siguen siendo representativas en los seleccionados nacionales más que en cualquier otro lado porque son un reflejo de sus sociedades y de sus idearios de vida. Es muy difícil desligar el comportamiento de una selección del de su sociedad, creando así lo que llamo El Principio Venezolano.

El Principio Venezolano no es más que la naturaleza misma del ciudadano criollo: somos, en mayor o menor medida, una definición bastante clara de las mejores y peores virtudes del ser humano. No hay término medio con nosotros; somos capaces de arrastrarnos por el barro como los cerdos más inmundos de la granja más desahuciada y somos capaces de hacer los logros más alocados, como si el concepto de las limitantes fuera una motivación para superarlos. Y si soy sincero, somos más propensos a lo primero (a la derrota, a la humillación y a la falta de honor y orgullo en las dificultades) por una sola razón: es más sencillo. Así que no puedo evitar realizar estas parrafadas semi-filosóficas (y profundamente ínfimas para definir al venezolano) cuando veo en el deporte que me apasiona a una generación de jugadores venezolanos que supieron recibir golpes en la quijada, patadas en las costillas y escupitajos en la cara como pocos en este Sudamericano Sub-20 en Ecuador y aun así llevarse el premio por el que viajaron: ir al Mundial de la categoría en Corea del sur.


Enfocándonos en lo que nos interesa, debo decir que Venezuela llegó a Ecuador sin generar mucha expectativa entre los venezolanos: la selección mayor con Dudamel no había generado muchos resultados en una eliminatoria que ya se ve perdida –aunque un servidor no culpa al exarquero vinotinto de eso ya que tomó un barco que se estaba hundiendo-, esta generación no se veía muy prometedora en cuanto a los nombres y el llegar a un país donde la altura juega un rol importante y que puede causar estragos en las actuaciones de los futbolistas dificultaba aún más esta cruzada futbolística. Dudamel y su cuerpo técnico tomaron cartas en el asunto e hicieron una suerte de mini-pretemporada en Ecuador para que los muchachos se aclimataran a la altura, entrenando en las montañas donde se siente más. El resultado fue palpable y un servidor piensa que marcó una gran diferencia: el rendimiento físico de la Vinotinto-Sub 20 fue notable en todo momento del Sudamericano y nunca aquejaron fatiga, a pesar de haber jugado un partido cada dos días en la fase de grupos.

El rendimiento en cuestión fue creciendo a medida que pasaban los partidos; desde el primer encuentro contra Uruguay la selección se mostró sólida en el aspecto defensivo y capacitada para hacerle un partido a los charrúas, pero la creación de juego en ataque, siempre el talón de Aquiles de todos los combinados nacionales, había dejado que desear. Fue con el paso de los partidos que se comenzó a notar la mano de Dudamel, mucho mejor entrenador cuando tiene al grupo disponible por largos periodos de tiempo (como cualquiera, ¿no?), y el equipo comenzó a fluir mejor y el juego se tornó mucho más efectivo, a pesar de la falta de gol de algunos de sus atacantes como Ronaldo Peña (más acerca de él más adelante).


Plantándose con una defensa sólida, la selección Sub-20 solo recibió un gol durante la fase de grupos, aunque solamente hizo uno también, lo que significó que pasaron con cuatro empates y sin lucir mucho en el proceso. Hasta ese momento, las señales no eran muy prometedoras, pero se había clasificado con sufrimiento y pasando dificultades como expulsiones de jugadores importantes como Yangel Herrera (nuevo jugador del Manchester City y cedido al New York City de la MLS) o Eduin Quero (tal vez el elegido para acabar con la Maldición del Lateral Izquierdo Venezolano); un rasgo característico de los mejores equipos nacionales. Y teniendo como rivales en el Hexagonal a Colombia, Ecuador, Brasil, Uruguay y Argentina en ese orden, con cuatro como posibles clasificados, era bastante lógico asumir que Venezuela no tendría oportunidad; pero ahí es donde se crecieron estos muchachos y dieron cara a la adversidad con sendas goleadas a los dos equipos más fuertes de la competición, Uruguay y Ecuador, y dejando en el camino al Mundial a países como Colombia y Brasil, además de dejar a Argentina mordiéndose las uñas hasta el último minuto para ver si irían a Corea del Sur.


Cada clasificación a un Mundial, sea de divisiones inferiores, de fútbol femenino o masculino, se celebra sobremanera en este país porque es una de esas pequeñas victorias que no siempre nos podemos permitir y que demuestran que siempre hay algo de optimismo incluso en los momentos de mayor penumbra. Esta generación de los Soteldo, Peña, Herrera, Fariñez, Velazquez o Hernández han sabido aguantar muchos golpes injustos en este Sudamericano –como las dos expulsiones por reclamos en el Hexagonal contra Brasil, sin mencionar las suspensiones al cuerpo técnico- y seguir adelante para cumplir el objetivo. Esa capacidad de resistencia, de aceptar el sufrimiento y seguir adelante está dentro de todos los seres humanos en sus mejores momentos, pero en especial dentro de los venezolanos porque estamos hechos de otra cosa; somos capaces de dar pena y de sorprender a propios y extraños.

Si hablamos área por área, debemos decir que la defensa dejó muy buenas sensaciones durante todo el torneo, demostrando una solidez que rara vez se ve en los combinados nacionales de Venezuela y siendo muy difícil de penetrar, exceptuando esos minutos de descalabro contra Argentina en el último partido en el Hexagonal donde concedieron dos goles en los minutos de descuento del primer tiempo. Wuilker Fariñez está ya llamado a ser arquero de la selección mayor en los próximos procesos debido a su amplia experiencia en primera división con el Caracas, en la Copa Libertadores y en haberse curtido con el seleccionado mayor en diferentes convocatorias, además del enorme rendimiento que demostró en el torneo y siempre transmitiendo seguridad y confianza en el arco a pesar de su corta edad.


Aunado a eso, los cuatro en el fondo conformados por los laterales Quero y Hernández y la dupla de centrales Mejía y Velázquez, fueron un seguro de vida durante casi todo el torneo y se merecen un vasto reconocimiento por los éxitos de esta clasificación. Ronald Hernández ha sido una buena sorpresa como lateral derecho con sus buenas subidas al ataque y siendo dúctil en defensa, mientras que Quero no fue espectacular en ningún momento del torneo, pero no logró ningún error y eso se aprecia como defensor (lastimosamente, por ese reclamo contra Brasil en la antepenúltima jornada no pudo jugar los dos partidos restantes). Lo de Joshua Mejía y William Velazquez ha sido uno de los puntos más altos del combinado nacional; el primero mostró una muy buena salida como central (una rareza en nuestros defensores) y cualidades de tiempista, como dicen, y el segundo, que ya se ha ganado su fichaje por el Watford de la Premier, fue uno de los mejores jugadores del torneo siendo sobrio, constante en su alto rendimiento y siempre haciendo intercepciones claves. Venezuela no puede presumir de haber producido grandes zagas defensivas, por lo que una selección juvenil tenga estos posibles baluartes es de lo mejor que nos pudo haber pasado y un servidor espera que ellos crezcan en su carrera y no se pierdan.

El mediocampo fue un poco irregular en la competición, en parte por las suspensiones y en parte por la falta de consistencia. Yangel Herrera, con todo y sanciones, fue una de las sensaciones del torneo por su gran nivel como un mediocampista mixto y su liderazgo, mientras que Ruiz, su compañero en el doble pivote, tuvo una labor más en las sombras y cautelosa; Ronaldo Lucena, de la dinastía Lucena que tantos jugadores ha producido para el país, fue el sustituto natural de Herrera durante el torneo y tuvo un rendimiento algo opaco, sin pena ni gloria. Sergio Cordova era, a priori, una de las principales armas ofensivas del seleccionado Vinotinto; el extremo del Caracas es rápido y potente, pero debe mejorar en su recepción del balón y ser más incisivo. De todos los jugadores del once inicial, siento que es el que más se quedó a deber, a pesar de ese gran gol que le marcó a Ecuador en la goleada 4-2 en el Hexagonal.


Párrafo aparte se merece el que, para mí, fue el mejor jugador del torneo: el nuevo futbolista de Huachipato de Chile, Yeferson Soteldo. El ahora exjugador del Zamora fue un deleite durante toda la competición con sus desbordes endemoniados, su portentosa velocidad y el hecho de que supo enfocar todo eso en goles y asistencias para el equipo en los momentos más importantes, sin mencionar la frialdad con la que manejó los penales claves contra Ecuador y Uruguay para poder definir los partidos. Es entendible el gran rendimiento de Soteldo en el Sudamericano si analizamos que ya ha ganado títulos con Zamora siendo el mejor jugador de la liga venezolana, jugó competiciones internacionales a gran nivel y que ha debutado en la selección mayor sin desentonar. Estaba por encima de los demás de la categoría y demostró con galones que tenía con qué. Y desde aquí le aconsejo a Soteldo que siga trabajando de la forma en la que lo ha hecho porque tiene potencial para ser de los mejores jugadores que ha dado Venezuela.

No todo ha sido una maravilla en el conjunto venezolano y eso se notó con las opciones que se manejaban en la delantera y los resultados que proveyeron. Ronaldo Chacón hizo un par de goles, pero su juego con los mediocampistas y su sacrificio no fue el mejor; por el otro lado, Antonio Romero fue un delantero cuyo mejor aporte fue una expulsión que todavía no entendemos ante Uruguay en la que no se involucró en ninguna falta o en cualquier tipo de jugada –en serio, no estoy exagerando-, pero que también se le notó muy aislado del resto del equipo en varios partidos.


Lo que nos deja con el último jugador, el último delantero y el último Ronaldo (sí, hay muchos Ronaldos en este equipo): Ronaldo Peña. Siendo delantero del equipo B de Las Palmas de España, Peña era visto como una de las principales figuras de este seleccionado nacional y se esperaba que contribuyera con goles que al final nunca llegaron durante todo el torneo, siendo el principal blanco de las críticas de los venezolanos. Aquí yo quiero defender a Peña porque si bien no hizo goles y eso hay que criticárselo a cualquier delantero centro de oficio, el de Acarigua nunca fue ocioso ni se dejó consumir por la sequía goleadora: siempre estuvo dispuesto a arrastrar marcas, a bajar a defender, a presionar para el equipo e incluso a jugar de extremo en tareas defensivas (contra Argentina en la fase grupos jugó incluso de carrilero derecho). No hay muchos delanteros de 19 o 20 años que tengan esta disposición y este sacrificio, entendiendo que se trata más del equipo que de uno mismo y estar dispuesto a contribuir de cualquier otra forma si no puede anotar. Sí, me hubiera encantado que Peña hiciera más goles, pero nadie puede negar que el chico le puso cojones al asunto.

En líneas generales, Venezuela fue uno de los mejores equipos de la competición y uno de los más constantes, perdiendo solamente un partido muy polémico contra Brasil y otro contra Argentina donde estaba prácticamente clasificado el elenco Vinotinto (ambos en el Hexagonal). La labor no fue sencilla y el equipo aún no está al máximo de su capacidad; Peña deberá comenzar a anotar y el mediocampo deberá ser más consistente si desean hacer ruido del bueno en Corea del Sur en mayo. Pero lo más importante es la mentalidad: hubo momentos en esta competición donde otras selecciones, ante el rostro inmundo de la injusticia y la adversidad, hubieran capitulado y se hubieran rendido, pero estos muchachos mostraron la mejor de las disposiciones y supieron imponerse ante rivales de mayor envergadura y con mejor preparación, comparando la situación de sus países con la del nuestro.


Al final del día, los venezolanos no deben sentirse orgullosos de esta selección Sub-20 por la clasificación al Mundial, sino por el hecho mismo de que lo hicieron de la manera más venezolana posible: sufriendo, padeciendo injusticias, complicándose en algunos momentos donde todo parecía sencillo, victorias imperiales cuando nadie las esperaba y el recibir todo lo malo en la cara pero siguiendo hacia el objetivo con una fuerza de voluntad incontenible. Lo hicieron a la manera de los venezolanos y lo hicieron demostrando un gran nivel de juego, sin esconderse ante rivales como Argentina, Brasil, Uruguay o la talentosa generación local de Ecuador; lo hicieron con garra y con corazón.

Los venezolanos no tenemos muchas cosas de qué alegrarnos estos días, pero las formas nunca deben olvidarse y estos muchachos deben ser felicitados por haber glorificado El Principio Venezolano.

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viernes, 16 de diciembre de 2016

Así lo veo, Ken: Análisis de los 8vos de Champions

“Pero la verdad de todas las predicciones siempre está en tus manos.”
-          Iron Maiden, Die With Your Boots On.

Los octavos de la UEFA Champions League ya han sido sorteados y un servidor los espera de manera casi religiosa, como todos los años. A pesar de que el torneo internacional, a mi criterio, ha perdido suspenso y emoción por el hecho de que casi todos los años vemos a la trinidad Bayern-Madrid-Barcelona en las semifinales, con ellos repartiéndose el título desde el 2013, aún me emociono al ver estos partidos. La UEFA Champions League es, probablemente, el torneo más competitivo de este deporte y ver a una infinidad de cracks enfrentándose, por más predecible que puedan ser los resultados, todavía ostenta un cierto grado de encanto. O tal vez simplemente me he acostumbrado, ¿verdad? Preguntas, preguntas.

Así que en esta ocasión, para celebrar mi regreso a la actividad blogger, he decidido ofrecer un análisis conciso de todos los partidos y opinar sobre cuáles equipos veo mejor preparados para pasar. ¿Empezamos? Empezamos.

Manchester City – Mónaco:

Leí por Twitter a algunos hinchas del Manchester City sintiéndose bastante felices por tener a los monegascos como sus rivales, pero la realidad es que la confianza puede ser algo muy malo para los ingleses. Protagonistas en una ocasión en nuestro blog, los galos han sabido erigirse en esta campaña como el equipo más goleador en las grandes ligas europeas con más de cincuenta (sí, leyeron bien) goles en poco más de una quincena de partidos ligueros, promediando tres anotaciones por partido. Muchas personas hablan de Radamel Falcao como su principal figura –más que todo por su ascendencia internacional, creo yo- y por su retorno de forma, pero, si yo fuera hincha del City –y créanme que no busco ese martirio-, me preocuparía de un atacante vertiginoso como Lemar, un mediocentro bestial como Bakayoko, un central con mucho liderazgo como el polaco Glik y un Fabinho que se ha convertido en uno de los mejores mediocentros defensivos del negocio en esta campaña. En fin, me estoy repitiendo a mí mismo; pueden revisar el artículo y verán una opinión mucho más profundizada de mi parte con este equipo.

Por el otro lado, el City está pasando, en el día de hoy, por un proceso de transición por parte de sus jugadores y de su entrenador, Pep Guardiola. El club de Manchester tuvo un gran inicio de campaña pero, así como los rivales se adaptaron a jugar contra ellos, el equipo no ha mostrado una capacidad para imponerse de manera consistente desde entonces. Guardiola se ha topado con el mayor reto de su carrera hasta el momento y se halla en una situación desconocida para él: descubrir que el camino no es recto y que elementos como su preparación en lo defensivo, el abuso de salir jugando o la falta de cambio de ritmo, deben ser trabajados con mayor detenimiento. El City cuenta con un mayor abanico de opciones que los monegascos para sobreponerse a su rival pero Leonardo Jardim es un entrenador muy capaz, que ya tiene experiencia eliminando equipos ingleses –recuerden el partidazo de su Mónaco en el Emirates contra el Arsenal en el 2015- y ha sabido añadir un gran poder ofensivo a una defensa sólida.

Ganador: Mónaco.

Barcelona – PSG:

Se han enfrentado tantas veces que ha perdido la gracia, si les soy sincero. De todas maneras, este partido los halla actualmente a ambos en una situación poco familiar: la de la absoluta irregularidad. Tanto el Barcelona como el Paris Saint Germain no han terminado de encontrar la ansiada consistencia esta temporada y eso ha hecho estragos en sus resultados en la liga, por lo que hoy en día están peleando desde atrás por dicho campeonato cuando normalmente suelen estar de primeros en estas fechas.

De todas maneras, pienso que la calidad de los jugadores del club catalán es superior a la de los parisinos y que la experiencia de los Messi, Iniesta, Mascherano o Piqué, más la impronta de un Suárez, Neymar o Arda, se va a imponer sobre un PSG de Emery en el que sus fichajes no han cuajado, sus tácticas no terminan de funcionar y donde se han fraguado muchos problemas de vestuario que, a la larga, nunca terminan bien.

Ganador: Barcelona.

Leicester City – Sevilla:

Posiblemente, la gran sorpresa del fútbol mundial contra una de las nuevas sorpresas del fútbol español. El Leicester y el Sevilla se enfrentan en uno de los mejores partidos de los 8vos, a mi parecer, con dos estilos de juego muy contradictorios –más de eso en otro partido- y con la ilusión de trascender más allá de sus propios sueños. Para estos dos clubes no hay límites.

El Leicester ha hecho una campaña soberbia de Champions y todos debemos reconocer eso; han sabido adaptarse a la competición y obtener los resultados, dejando de lado ese último partido que perdieron 5-0 contra el Porto cuando ya estaban clasificados y jugaban con la reserva. Pero también es cierto que en un grupo con un Porto venido a menos, un Copenhague y un Brujas, el cuadro inglés no tenía rivales de gran envergadura. Por el otro lado, el club de Nervión se las vio con la Juventus y el Lyon en la fase de grupos y Jorge Sampaoli ha sabido liderar un equipo que ha pasado por otro periodo de transición en el mercado y donde jugadores como Nasri, N’Zonzi, Vazquez y Ben Yedder se han mostrado como nuevos estandartes del club y han logrado conseguir resultados a base de buen juego y, en muchas otras ocasiones, sacando victorias a base de enjundia y corazón.

En su esencia más básica, dejando de lado que uno juega de manera más preciosista (Sevilla) y que otro prefiere el contragolpe (Leicester), estos dos equipos se asemejan mucho en su actitud imperecedera y en dejarlo todo en la cancha. Y mi mente me pide que diga Sevilla por disponer de una mejor plantilla y de un entrenador vanguardista que tiene varios trucos bajo su manga, pero el Leicester me ha callado la boca muchas veces este último año, como último ejemplo esa masacre al Manchester City. Tienen el talento de un equipo de tercera división y el corazón de unos campeones.

Ganador: Leicester City.

Porto – Juventus:

El Porto se ha convertido en la definición misma de “época de vacas flacas”. La entidad portuguesa actual dista mucho de aquel gran equipo de Jesualdo Ferreira del 2006 con Quaresma, Lucho González, Pepe, Lisandro López, etc., o el equipo de Lopetegui con Casemiro, Alex Sandro, Jackson Martínez o Bruno Martins Indi, ahora disponiendo de jugadores de menor envergadura y sin el mismo ímpetu o lustro. Por el otro lado, la Juventus se ha cansado de tanto ganar en la Serie A y, todavía herida en el orgullo por la final en Berlín en el 2015, ha decidido poner todos los huevos en la canasta de la “Orejona”. Y así han llegado los Higuaín, Pjanic y Dani Alves (este último lesionado) para otorgarle al campeón italiano el suficiente peso para lograr su tan deseada tercera Champions.

Siendo honesto, éste me parece el partido más desigual de todos los 8vos: la Juventus simplemente tiene mejor equipo, más tiempo de trabajo con Allegri y cuenta con la siempre magnifica habilidad de obtener resultados jugando mal, tal como hemos podido atestiguar esta temporada donde no han necesitado brillar para estar de líderes en la Serie A y en su grupo de Champions.

Ganador: Juventus.

Real Madrid – Napoli:

El Napoli es un equipo que, en un buen día, me encanta ver jugar: su fútbol es artístico, agresivo y con el suficiente vértigo para mantenerte en el borde de tu asiento. Mi admiración por Hamsik está más que registrada y jugadores como Mertens, Callejón o Insigne, apoyados por jóvenes como Zielinski o Diawara en la contención, son capaces de decidir partidos. Aunado a eso, Sarri es uno de los entrenadores más en boga en el fútbol italiano actualmente y no me sorprendería que en el futuro pase a un equipo más grande e incluso dirija a la selección nacional. Entonces, ¿por qué sé que perderán por la mínima, sin pena ni gloria?

El Madrid de Zidane puede ser y ha sido calificado de muchas cosas, pero yo lo veo como un equipo donde se ha descartado el buen juego en pro de conseguir los resultados (que se han conseguido) y en cuanto éstos se pierdan, poco más quedará. Es un equipo que gana, así sea por la mínima con un gol en el último minuto o en un partido aburridísimo contra un rival de menor nivel, y que no tiene escrúpulos en el cómo. El crédito de Zidane radica en haberles inyectado a sus jugadores esa fe de que pueden jugar pobremente y aun así ganar. Eso tiene mérito, por supuesto: Di Matteo ganó una Champions así. Y el francés sigue en la línea del italiano en ese sentido.

Honestamente puedo ver al Napoli haciendo dos muy buenos partidos y perder ambos dos a cero por las individualidades del Madrid. De todas maneras, un duelo de mediocentros como el de Hamsik contra Modric es algo que se ve muy pocas veces en el mundo del fútbol y ésas cosas hay que disfrutarlas.

Ganador: Real Madrid.

Arsenal – Bayern Múnich:

Vaya, al Arsenal no se le da, ¿eh? Los londinenses, indiferentemente de su posición, siempre encuentran la manera de toparse con los rivales más complicados en sus 8vos de Champions. Creo que el Emirates fue construido encima de un cementerio indio o algo así. Es la única explicación lógica.

De todas maneras, hablar de la situación actual del Arsenal es repetir los mismos patrones de los últimos años: se les ha visto jugando bien, obteniendo resultados prometedores y disponiendo de grandes futbolistas, haciéndonos pensar que éste va a ser su año. Pero todos sabemos que no va a ser así, sea por un tema de juego, mental, o lo que sea. El Bayern ha padecido una transición un poco forzada al pasar de un entrenador tan obsesivo en los detalles como Guardiola a uno más simplista en sus ideas como Carletto; aunque los alemanes han recuperado un poco el rumbo en las últimas semanas, no auguran el mismo estigma indestructible y soberbio de la era Guardiola y con el italiano se han mostrado un poco más humanos, por así decirlo. No sé si les baste eso para ganar la Bundesliga contra el Leipzig o la misma Champions, pero creo que todos sabemos que les sobrará para eliminar a un Arsenal que se halla estancado en una rutina y que necesita ser sacudido para salir de la misma.

Ganador: Bayern Múnich.

Benfica – Borussia Dortmund:

Tiempo de una confesión: no he visto lo suficiente al Benfica para hacer un análisis concreto de su situación actual, así que todo lo que voy a decir está basado más en investigaciones y en opiniones de terceros, ¿está bien? ¿No lo está? Bueno, ¿entonces qué hacen aquí? Hey, ¿por qué tomas tu abrigo? ¡Vuelve que no me has pagado! ¡HEY!

Como iba diciendo, el cuadro portugués está de primero en su liga y en los últimos años ha producido una amplia gama de jugadores jóvenes en su cantera que les han servido bastante bien, siendo el último de sus ventas uno de los más llamativo, Renato Sanches. Es un equipo que gusta del buen juego y que trata de tratar bien al balón. Y ya conocemos el juego del equipo de Tüchel: han evolucionado de la máquina avasalladora y metalera de Klopp a un estilo más de posesión y progresista donde la tenencia de la pelota se ha vuelto el ideario principal del club. Este año Tüchel se ha reforzado con varios jugadores jóvenes como Démbelé, Emre Mor o Guerreiro, además del retorno de Götze y experimentados (aunque todavía jóvenes) como Schürrle y Bartra.

Ganador: Dortmund (por mi falta de conocimiento del Benfica).

Atlético – Leverkusen:

El otro gran choque de estilos de esta tanda de 8vos: las murallas defensivas del Atlético contra el imberbe ataque del Leverkusen. Y aunque la eliminatoria del 2015 fue cerrada y casi imposible de observar como espectador, un servidor augura dos partidos con muchos más goles y emociones. Tómenme la palabra en esto.

Aunque sea un poco pronto para hablar y las cosas pueden cambiar rápidamente, el Atlético podría estar entrando en los últimos meses de su ciclo con Simeone y el crepúsculo de esta era, gloriosa y llena de emociones (y decepciones), ha sido cuanto menos triste para quienes han sentido un poco de identificación con este proyecto. Los críticos más duros dicen que el entrenador argentino se ha quedado mentalmente en Milán y que ya no tiene la energía de otrora para impulsar a su equipo tras las dos finales de Champions perdidas; hay quienes dicen que se ha perdido la identidad del cuatrivote, la pelota parada y la solidez defensiva; y hay quienes, menos radicales en su discurso, dicen que a todo ciclo le llega su fin y no suele ser bonito. Y yo concuerdo con este último; pocos se acuerdan que el último año de Guardiola en el Barcelona consistió en solamente ganar una Copa del Rey y dejando un deterioro importante en el juego del Barcelona. Creo que el Atlético pasa por un momento similar donde las ideas como la motivación se han ido desgastando hasta su invariable final: Simeone dejando el Atlético al final de esta temporada.

Y en cuanto al Leverkusen, creo que debo reconocer que se han quedado lejos de mis predicciones al comienzo de la campaña. Los alemanes no han sabido arreglar sus deficiencias defensivas de temporadas pasadas y su juego se ha visto afectado por esos episodios de inconsistencia que les ha hecho perder partidos completos. Incluso contando con uno de los mayores caudales de talento joven en toda Europa, no han sabido entablar un rendimiento estable. Me atrevería a decir que pasaron la fase de grupos porque fueron menos inconsistentes que el Tottenham (y eso es mucho decir).

Puedo ver al Atlético sacando la casta de equipo veterano en estas competiciones y ganando sudando sangre.

Ganador: Atlético de Madrid.

Si concuerdan, no concuerdan o simplemente desean opinar acerca de cualquier detalle, los espero en la sección de comentarios.

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sábado, 24 de septiembre de 2016

Así lo veo, Ken: El Mónaco y el arte de sobrevivir.



“Podemos derrumbarnos y alzarnos como imperios.”
-          Rush, Force Ten.

Un estigma del fútbol moderno es la búsqueda constante del resultado inmediato. Seamos sinceros: hoy en día, en el fútbol de alto nivel, no hay lugar para los proyectos a largo plazo. O al menos se han convertido en una rareza. En fin, en una sociedad futbolística donde cada vez más imperan en las altas esferas del deporte el cortoplacismo, la impaciencia y la inversión multimillonaria para conseguir resultados, la planificación con miras al futuro y la dedicación para con las bases juveniles se ha convertido en un concepto de segundo y hasta tercer plano. Los grandes no tienen tiempo para eso; lo importante es el ahora y el futuro se antoja muy distante, ¿no es así? ¡Hay que ganarlo todo ahora o estamos jodidos!

En esa línea ideológica, es entendible que cuando un magnate ruso como Dmitry Rybolovlev adquirió al AS Mónaco en 2011, éste decidiera invertir en el equipo. Luego de un par de años en la segunda división, el equipo del principado invirtió a lo grande en su regreso a la Ligue 1 en el 2013. Jugadores como Radamel Falcao, James Rodríguez, Ricardo Carvalho, Jeremy Toulalan, Dimitar Berbatov o Joao Moutinho se engalanaron con el blanco y rojo del Mónaco, congregando a la afición con un equipo que prometía, a priori, hacer tambalear la oligarquía del Paris Saint Germain. Pero el sueño duró un mero año. Debido a las regulaciones del Fair Play Financiero, el binomio colombiano de James y Falcao dejaron el club para irse al Real Madrid y Manchester United, respectivamente, obligando al club a adoptar otra filosofía donde la inversión en talento joven era la norma. El concepto de grandes contrataciones implementado por los dueños árabes en el PSG no tuvo la misma efectividad en Mónaco por motivo de los altos impuestos que debe pagar el club en esa área; simplemente no era un modelo sostenible.


Claudio Ranieri fue destituido en el 2014 y entró Leonardo Jardim, que venía del Sporting de Lisboa en Portugal y que su mayor logro como entrenador había sido un título de liga en Grecia con el Olympiacos. Realmente, muy pocos apostaban por el entrenador lusitano de origen venezolano en la susodicha época de “vacas flacas” del club monegasco, pero la institución supo rehacerse de sus cenizas a través de un modelo de gestión diametralmente opuesto a lo que se habían planteado con la contratación de grandes estrellas. En lugar de desembolsar cantidades millonarias en figuras asentadas, decidieron abogar por las contrataciones y desarrollo del talento joven, resultando en un equipo imberbe, contragolpeador e interesante como el que ganó en el estadio del Arsenal en 8vos de la UEFA Champions League, dando a conocer a jugadores como Fabinho (aún en el club), Kurzawa (ahora en el PSG), Martial (Manchester United), Kondogbia (Inter) o Carrasco (Atlético de Madrid). Este equipo supo mantenerse competitivo en su liga y en los torneos internacionales en la campaña 14/15, pero la alegría sería corta por las marchas de los jugadores acotados en el mercado de verano posterior. ¿A dónde podía ir el Mónaco ahora? Su siguiente temporada, la del año pasada, probó ser un periodo de transición para la plantilla y el entrenador, consiguiendo resultados agridulces, pero atisbando el Santo Grial para cualquier equipo que no se llame Paris Saint Germain en Francia: la UEFA Champions League.

Los del Mónaco eliminaron al Villarreal en la fase previa de la máxima competición europea y entraron en la fase de grupos con un equipo bastante prometedor de jugadores que ya han comenzado con el pie derecho en esta campaña; el día de hoy han recuperado el liderato momentáneo de las manos del Niza –otro club de excelente gestión del cual espero hablar próximamente-, derrotando dos a uno al Angers. Entre sus mejores partidos en esta temporada naciente podemos resaltar el baile táctico que le dieron al PSG con una contundente victoria tres a uno en el principado y un golpe en la mesa contra el Tottenham Hotspurs en la Champions, jugando en el mismísimo Wembley, por dos a uno. Haciendo un mercado con fichajes poco rutilantes, pero efectivos (Glik, De Sanctis, Sidibé y el retorno de Falcao) y manteniendo una base de jóvenes prometedores (Bakayoko, Lemar, Adama Traoré, Gabriel Boschilia) y jugadores ya asentados en el club (Germain, Dirar, Carrillo, Moutinho, Fabinho y Subasic), el Mónaco ahora ostenta una plantilla engranada, con un entrenador que está en su tercer término con el club y con los suficientes recursos para enfrentar a cualquiera y complicarlo. El Mónaco no es el Dream Team de Cruyff, pero ninguno rival, por más fuerte que sea, deberá tomarlos a la ligera porque ellos se crecen en estos escenarios.


Si vamos área por área, he de decir que la portería está más que bien cubierta con tal vez el mejor portero de la Ligue 1 como Danijel Subasic, quien es un seguro de vida bajo los tres palos, siguiendo los clichés del fútbol. Su suplente, Morgan De Sanctis, quien vino como agente libre tras su paso por la Roma, cuenta con un amplio bagaje de experiencia y está a la altura de las circunstancias si se le necesita. La defensa podría referirse como su zona más débil, pero aún así destaca la contratación del defensor polaco Kamil Glik del Torino por unos meros 11 millones de Euros –una nimiedad hoy en día en este mercado-, quien fue uno de los mejores centrales de la Serie A y que ya ejerce su estilo abrasivo, agresivo y contundente como líder de la zaga monegasca, apagando incendios cuando el equipo debe mantener sus ventajas (y también cuando no, por supuesto. El brasileño Jemerson, fichado también este año, a su corta edad, ya ha probado ser un buen compañero para el gladiador polaco. Los laterales destacan primero que nada por la transición de una de sus figuras, el brasileño Fabinho, al centro del campo, dando lugar al italiano Raggi –que lleva en el club desde sus tiempos en segunda- por la derecha mientras Sidibé, traído del Lille y que casi ficha por el Arsenal, hace las veces de lateral izquierdo. Los equipos de Jardim han mostrado siempre solidez defensiva, pero esta temporada han tenido que pulir ciertos aspectos en sus automatismos en esa área, como se comprobó en su derrota cuatro a cero contra el Niza de Balotelli.


El mediocampo es un sector donde el equipo no cuenta con muchos recursos, pero se han mostrado solidos gracias al balance que otorgan sus mediocampistas. La transición de Fabinho del lateral al centro ha concedido más libertades a Joao Moutinho para conducir al equipo con libertad, convirtiéndose en el motor y corazón del equipo, además del más experimentado entre casi toda la plantilla. El parisino Tiemoué Bakayoko es un mediocentro portentoso y contundente en la línea de Patrick Vieira, Paul Pogba o Yaya Touré; un futbolista industrial, con una potencia física indiscutible y con un buen manejo del balón, pero que debe mejorar su distribución –después de todo, sólo tiene 22 años. El enganche per sé del club sería el talentoso Bernardo Silva, quien ya es codiciado por muchos grandes y dispone de una clase y una visión de juego que ya lo plantea como un distinto para el club. Y arriba, en la delantera, se cuentan con las variantes de un Radamel Falcao que debe demostrar, de una vez por todas, que ha superado sus problemas de lesión, un jugadorazo como Thomas Lemar –muy en las líneas de Anthony Martial-, un gran delantero centro como Valere Germain y Nabil Dirar, quien es uno de los que más tiempo lleva en el club, además de Guido Carrillo, que ha quedado en una suerte de segundo plano.

El conjunto del entrenador portugués se basa en el contragolpe y en la alta presión, guardando reminiscencias con lo hecho por el Atlético de Madrid de Simeone en los últimos tiempos. En campañas pasadas habían pasado problemáticas contra los rivales más pequeños por no saber adaptarse a otros estilos, pero ha sabido transmutar a una vertiente más ofensiva en esta campaña cuando deben ser el protagonista del partido. Además de eso, han sabido mantener la viveza táctica para superar a equipos más fuertes como el Tottenham o el PSG. Eso no cambia el hecho de que no supieron reaccionar contra el Niza, donde todas sus falencias defensivas se vieron expuestas en toda su gloria.

El inicio de temporada ha sido promisorio para el Mónaco, tomando en consideración la irregularidad del Lyon bajo Genesio y el hecho del que PSG con Emery aún no termina de carburar. Lo más probable es que ambos equipos obtengan algo de regularidad y puedan recuperar las primeras posiciones, pero por el momento, el cielo es el límite para los de blanco y rojo. Leonardo Jardim y la directiva merecen reconocimiento por haberse desprendido de tanto estrellas como de sus mejores promesas, haber obtenido una ganancia monetaria importante y estructurar un equipo altamente competitivo con un entendimiento táctico que no tiene mucho que envidiarle a los grandes. Les recomiendo que vean a este equipo y presten atención a sus baluartes que aquí hay calidad y futuro –escucharemos muchas cosas buenas de estos muchachos en los próximos meses.

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